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2. No Importa el tipo de violencia que sea.
¿QUÉ ES VIOLENCIA?
Hay
muchos tipos de violencia contra la mujer: mutilación genital, violencia
domestica, violación, explotación sexual como forma de Trata de Personas,
entre muchas otras.
“Cualquier
acción o conducta, basada en su género, que cause muerte, daño, sufrimiento
físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como
privado”.
Art.2. Se
entenderá que violencia contra la mujer incluye V. física, sexual y
psicológica:
-
Que tenga
lugar dentro de la familia o unidad doméstica o en cualquier otra
relación interpersonal, ya sea que el agresor comparta o haya
compartido el mismo domicilio que la mujer, y que comprende, entre otros,
violación, maltrato y abuso sexual;
-
Que tenga
lugar en la comunidad y sea perpetrada por cualquier persona y que
comprende, entre otros, violación, abuso sexual, tortura, trata de
personas, prostitución forzada, secuestro y acoso sexual en el lugar
de trabajo, así como en instituciones educativas, establecimientos de
salud o cualquier otro lugar.
-
Que sea
perpetrada o tolerada (acción u omisión) por el Estado o sus agentes,
donde quiera que ocurra. (Responsabilidad del Estado).
Violencia física:
“una forma de agresión producida por la aplicación de la fuerza física no
accidental, caracterizada por lesiones variables sobre el cuerpo de la
persona agredida, con consecuencias leves o graves, incluso la muerte, pero
que siempre tienen efectos traumáticos de orden psicológico o emocional ya
que es generada con una intencionalidad específica”.
Violencia simbólica:
Denominada también como violencia invisible o psicológica, hace referencia a
las discriminaciones, descalificaciones, ya sean en la manera de
sentir,
pensar o actuar, ejercidas contra una persona por su género.
Violencia
sexual:
Cualquier acto que “atenta contra la
dignidad
y la libertad
de una persona mediante el uso de fuerza física, psíquica o moral, con el
propósito
de
imponer una conducta sexual en contra de su voluntad.

Al
menos
una mujer de
cada tres
ha sido apaleada, u obligada a tener relaciones sexuales bajo coacción, o
maltratada de otra manera a lo largo de su vida. Con gran frecuencia, quien
perpetra esos ataques es un
miembro de su
propia familia.
La
violencia contra niñas y mujeres en todo el mundo causa en las mujeres del
grupo de edades de 15 a 44 años más casos de defunción y discapacidad que el
cáncer, el paludismo, los accidentes de tránsito y la guerra, según el Banco
Mundial.
Cada año,
2 millones de
niñas y mujeres
corren riesgo
de
mutilación genital.
La
violencia y la discriminación contra la mujer aumentan el riesgo que ésta
corre de contagiarse con el virus del VIH. En 2001, 1,8 millón de mujeres
se contagiaron con el
VIHo SIDA;
en todo el mundo hay
16,4 millones
de mujeres
de entre 15 y
49 años de edad que viven con el
VIH o SIDA.
El temor a la violencia puede impedir que las mujeres negocien el uso de
condones con sus esposos y novios.
La discriminación,
en forma de preferencia por el hijo varón, puede redundar en abandono activo
y pasivo de las hijas, e incluso en aborto en función del sexo del feto, a
punto tal que el número de personas de sexo femenino en la población es
inferior al que ocurriría naturalmente.
Entre el
10% y el 50%
de las mujeres
del mundo admiten haber sido objeto de abusos físicos por su pareja al menos
una vez en la vida y ello suele ir acompañado de violencia sexual. La
violencia doméstica es una de las principales causas de las lesiones que
sufren las mujeres de la práctica totalidad de los países del mundo.
Entre el
20% y el 48%,
indicó que su primera relación sexual había sido forzada.

La pobreza
puede llevar a las mujeres a tomar medidas desesperadas, como soportar
relaciones abusivas o mantener relaciones sexuales sin protección a cambio
de dinero, vivienda, comida o educación.
Asimismo la violencia se convierte en un obstáculo para el desarrollo y la
búsqueda de nuevas oportunidades.

La infección
se transmite con mucha mayor frecuencia de hombre a mujer que de mujer a
hombre. Se ha demostrado que las mujeres tienen el doble de probabilidades
que los hombres de contraer el VIH.
El estigma y
la discriminación asociados con el SIDA pueden tener un efecto devastador en
las mujeres y en sus familias. Cuando las mujeres son rechazadas por su
familia por vivir con el VIH, o quedan viudas a causa del SIDA, corren el
riesgo de perder todos los derechos respecto de los bienes de la familia.
Las mujeres y
las niñas son una población particularmente vulnerable frente a la epidemia
del VIH. Hasta hace unos años la relación hombre – cada mujer que vivía con
el virus era 3 a 1; ahora, en algunas regiones del país esta es de 1 a 1.

Las niñas
suponen el 57% de los aproximadamente 104 millones de niños en edad escolar
que no asisten a la escuela. Las niñas también tienen más probabilidades que
los niños de abandonar la escuela prematuramente por motivos de matrimonio
precoz, embarazos, dificultades económicas u obligaciones familiares.
Se ha
demostrado en varios estudios que menos mujeres que varones de edades
comprendidas entre los 15 y los 19 años poseen conocimientos básicos sobre
la manera de protegerse del VIH y el SIDA, y en las zonas con un acceso
limitado a la información fidedigna abundan las ideas equivocadas, los mitos
y los imaginarios al respecto.
Hacen falta
mayores inversiones estratégicas y políticas de prevención a todos los
niveles para garantizar que las niñas y las mujeres reciban la educación y
la protección necesarias que les permitan llevar una vida más segura,
productiva y sana.

La principal
población en el mundo afectada por la Trata de Personas son las mujeres.
Según la OIM, los principales tipos de Trata de Personas en mujeres se dan
en la explotación sexual, la explotación en el servicio domestico y los
matrimonios serviles, entre los muchos otros tipos de explotación a los que
se ven sometidos.
Después del
tráfico de drogas y del tráfico de armas, la Trata de Personas es el tercer
negocio ilícito más productivo en el mundo. Los cálculos de las Naciones
Unidas indican que este delito genera de 7.000 a 10.000 millones de dólares
anuales para los tratantes.
Miles de
mujeres en todo el mundo son anualmente trasladadas, explotadas anualmente y
su libertad se ve coartada por las acciones de los explotadores. En Colombia
la Trata se da no solamente a países receptores como España, Italia, Japón,
Alemania entre muchos otros sino también de una región a otra de Colombia.
Siendo así el Eje Cafetero la primera región del país con número de casos
seguida por el Valle del Cauca y Antioquia.
La Trata de
Personas es una de las peores formas de violencia contra la mujer pues se
les priva de todos sus beneficios y libertadas, además de que son alejadas
de su entorno (ciudad, barrio, familia, amigos) y son maltratadas con las
peores formas conocidas de explotación.
La Trata de Personas genera deterioro físico y muerte. Se desconoce el
número de hombres, mujeres, niños y niñas que mueren cuando son enviados al
exterior por el “Tratante” o cuando son asesinados por negarse a ser
sometidos. Tampoco hay registro de quienes pierden la vida al tratar de
escapar. Algunas víctimas de Trata padecen enfermedades de transmisión
sexual e infecciosas y enfermedades generadas por la deficiente
alimentación, los abortos inducidos y por las precarias condiciones de
higiene y seguridad a la que están expuestas, etc.
La mayoría de las víctimas requieren tratamiento sicológico ante el trauma
que sufren por ser sometidas a altos niveles de presión, por la coerción,
por los actos que se ven obligados a hacer y por la depresión que padecen,
entre otros.
La Trata causa la desintegración del pilar básico de la sociedad: la
familia, ante la pérdida del entorno social, ya que las víctimas terminan
alejadas de su hogar y cuando pueden regresar a él no lo hacen por temor a
ser rechazadas o estigmatizadas. Paradójicamente, entre menos cuenten con el
apoyo familiar más vulnerables son.
En muchos casos las víctimas, muchas de estas, mujeres son tratadas como
delincuentes, es decir son encarceladas, deportadas, se les niega el
ejercicio de sus propios derechos y se les restringe el derecho a regresar a
los países de los que han sido expulsadas.

En
todo el mundo, las mujeres son las principales encargadas de las tareas
domésticas y del cuidado de los miembros de la familia. A veces se utiliza
la expresión “economía de los cuidados” para hacer referencia a la multitud
de tareas desempeñadas principalmente por mujeres y niñas en el hogar como
cocinar, limpiar, abastecer de agua y leña y cuidar de los miembros de la
familia. Raramente se reconoce o se tiene en cuenta el valor del tiempo, la
energía y los recursos que se necesitan para ejercer esta labor no
remunerada, pese a que su contribución a las economías nacionales y a la
sociedad en general es decisiva.
Las mujeres y
las niñas pagan un alto precio en forma de oportunidades perdidas cuando se
ocupan del cuidado no remunerado de los miembros de la familia y otras
personas con enfermedades vinculadas al VIH o al SIDA, ya que ello les
impide invertir su tiempo en otras actividades destinadas a generar
ingresos, mejorar su educación o impartir conocimientos.

El Estado
colombiano ha ratificado la mayoría de instrumentos internacionales sobre
los derechos de la mujer. Por eso mismo ha adoptado una política dirigida a
eliminar la discriminación contra la mujer en loa ámbitos publico y privado
ya fomentar su participación en los espacios políticos a través de la ley de
cuotas. Con ello debe garantizar la igualdad en el acceso a cargos públicos
y sancionar y erradicar la violencia contra la mujer.
Igualmente debe tomar las
medidas necesarias para prevenir, sancionar y erradicar cualquier tipo de
violencia contra la mujer.
Para eso mismo el Estado
colombiano ha adoptado unas herramientas para lograr este fin:
Ley 823 de 2003
destinada a promover la adopción de políticas de género que permitan obtener
una igualdad de oportunidades para las mujeres en los ámbitos públicos y
privados.
Ley 731 de 2002 por
la cual se dictan normas para favorecer a las mujeres rurales.
Ley 581 de 2000 por
la cual se reglamenta la adecuada participación de la mujer en los niveles
decisorios de las diferentes ramas y órganos del poder público.

NO
A LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES: NI POR ACCIÓN NI POR OMISIÓN
I. Violencia intrafamiliar y sexual
En Colombia, la violencia doméstica hacia la mujer va en aumento:
Desde 1996 a 2001, el porcentaje de violencia intrafamiliar aumentó en 35.4%
y el de mujeres maltratadas en 26.7%; esto es, que mientras que en 1996 se
reportaron 42.210 casos de mujeres maltratadas, en el año 2001 lo fueron
53.238 mujeres.
En 2002, el número de casos de violencia intrafamiliar contra las mujeres se
redujo en 2.528 víctimas. A pesar de este descenso, 4.437 mujeres
denunciaron mensualmente ser víctimas de violencia en el ámbito familiar y
el promedio diario de mujeres maltratadas ese año fue de 148.
Desde 1998 hasta 2001, cada hora, seis mujeres fueron víctimas de violencia
intrafamiliar.
Para el 2002 hubo un descenso de 4.7% respecto de la violencia doméstica
contra la mujer; sin embargo, más de 91% de las víctimas de maltrato
conyugal son mujeres, alrededor de 53% del maltrato infantil se realiza
sobre niñas, y un porcentaje cercano a 60% del maltrato entre familiares
recae en las mujeres.
En Colombia, los delitos sexuales y la violencia intrafamiliar han aumentado
en los últimos años en 200% en promedio. De 12.736 casos reportado en 1994
se pasó a 36.149 en el 2002 según daros de la DIJIN. El principal método de
agresión es la violencia física (36,7%), seguida de la violencia verbal
(26%), económica (18%) y psicológica (12,6%).
En el año 2002, el Instituto de Medicina Legal realizó 64.979 dictámenes de
lesiones personales a causa de denuncia instaurada a nivel judicial. De
estos casos, 62% correspondían a maltrato conyugal.
Según estadísticas de la Fiscalía, la violencia intrafamiliar está dentro de
las diez conductas delictivas más denunciadas en Bogotá, con 3.418 querellas
recibidas durante los primeros cinco meses del año.
La violencia intrafamiliar afecta principalmente a menores de edad y mujeres
adultas. En los casos de maltrato conyugal, 91% corresponde a mujeres. Es
decir, por cada 11 mujeres maltratadas, sólo hay un hombre víctima de
violencia conyugal.
De acuerdo con una encuesta de violencia doméstica realizada por el CEDE en
el 2003 en tres ciudades del país, 60% de los hogares sufren actualmente de
violencia psicológica ocasional contra las mujeres y 46% de los hogares
presentan violencia psicológica severa. Se encontró que 20% de las mujeres
son maltratadas por su pareja físicamente, 16% de forma ocasional y 4%
frecuentemente en el mismo período; de éstas, 6% ha sido forzada sexualmente
por sus parejas.
En Medellín, si bien durante el año 2004 se presentó una disminución general
de los homicidios, los femicidios no disminuyen en forma tan representativa,
lo cual lleva a concluir que las muertes de mujeres aumentan
proporcionalmente con respecto al número de hombres. Así, entre 2003 y 2004,
los homicidios en el caso de los hombres disminuyeron en 37,5% mientras que
para el caso de las mujeres sólo disminuyeron en 23,8%. Como le registra el
periódico El Tiempo, en el mes de marzo de 2003, de 100% de los homicidios,
9% estaba representado por mujeres, mientras que este año, es representado
por 11% del total de las muertes.
II. Violencia Sexual
Con
respecto a la violencia sexual, en el año 2002 se practicaron 14.421
dictámenes sexológicos, 1.069 (8%) más que en el 2001 (13.352). De estos,
solo en uno de cada tres presuntos delitos hay evidencia física, y la
proporción es de 6 mujeres por un hombre agredido. El promedio de edad de
las víctimas fue de 14 años para las mujeres, mientras que para los hombres
fue de 12 años. Así, 74% de los casos corresponde a menores de edad, y 6% de
las menores de 17 años agredidas resulta en estado de embarazo.
III. El Conflicto armado
Según el Observatorio de los Derechos Humanos de las Mujeres en Colombia
(2002), en el periodo comprendido entre julio de 2001 y julio de 2002, 445
mujeres perdieron la vida como consecuencia de ejecuciones extrajudiciales y
homicidios políticos, desaparición forzada, homicidios contra personas
socialmente marginadas y muertes en combate.
Del total de
víctimas, 415 murieron fuera de combates, 367 por homicidio político o
ejecución extrajudicial, 27 por desaparición forzada y 22 por homicidios
contra personas socialmente marginadas.
Sobre las violaciones a los derechos humanos y al Derecho Internacional
Humanitario, en las cuales se conoce el autor genérico, 53,97% de las
muertes de mujeres se atribuyó a agentes estatales: por perpetración
directa, 4,37% (11 víctimas); por omisión, tolerancia, aquiescencia o apoyo
a las violaciones cometidas por grupos paramilitares, 49,60% (125 víctimas).
A las guerrillas se les atribuyó la presunta autoría de 46,03% de los casos
(116 víctimas).
Sólo entre 2000-2001 y 2001 –2002, aumentó en 114% el número de mujeres
muertas en combate y en 20% el de víctimas de homicidios fuera de él.
Entre enero y septiembre de 2003, una mujer murió diariamente por causa de
ejecuciones extrajudiciales y homicidios políticos; cada 15 días más de una
mujer fue víctima de desaparición forzada; cada mes una mujer fue víctima de
homicidios contra personas socialmente marginadas, y cada 5 días una mujer
murió en combate.
IV. Mujeres en situación de desplazamiento
De
acuerdo con el Registro Único de Población Desplazada por la Violencia, con
información del año 2004 de la Red de Solidaridad Social, las mujeres
representan 50,2% del total de la población desplazada. De este porcentaje,
40,9% son niñas. Sin embargo, la cifra total de mujeres podría ser muy
superior según los registros de Codhes, que reporta un total de 3.100.000
personas desplazadas entre 1996 y 2004. Codhes también estima que 47% de la
población desplazada está constituida por mujeres, y casi mitad de ellas (el
44% son menores de edad.
El
desplazamiento, con la tensión y los cambios de roles que lo acompañan,
tiende a incrementar el riesgo de que las mujeres sean víctimas de violencia
intrafamiliar. El 52,3% de las mujeres desplazadas han sido víctimas de ese
tipo de agresión, frente a un 41.1% entre las mujeres no desplazadas.
Según la Red de Solidaridad Social, cuatro de cada diez familias en
situación de desplazamiento tienen jefatura femenina. De estas, 54% tiene
como jefe a una mujer y 46% a un hombre. Este porcentaje supera
ampliamente el porcentaje de jefatura de hogar femenina nacional, el cual
alcanzaba 28,1% para el primer semestre de 2003.
Los cambios de roles que genera el desplazamiento están fundamentalmente
asociados a la necesidad de garantizar la solución de las necesidades
básicas de las familias y a las oportunidades que encuentran para lograrlo:
para el año 2000, las mujeres desplazadas, jefes de hogar, reconocieron que
antes del desplazamiento 9,02% no tenía una ocupación específica, después
del desplazamiento, este porcentaje se incrementó a 22,56%; 1,50% eran
vendedoras ambulantes posteriormente al desplazamiento esta cifra se duplicó
a 3,76%; 5,26% de las mujeres desplazadas trabajaban en el servicio
doméstico antes de ser desplazadas, 13,53% trabajan como empleadas
domésticas después del desplazamiento. La imposibilidad de acceder al
mercado laboral o la incorporación a actividades económicas que reproducen
roles tradicionales o que no requieren de mayores habilidades siguen siendo
los mayores obstáculos para que las mujeres desplazadas superen su condición
y la discriminación
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