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Quincuagésimo noveno período de sesiones
Temas 45 y 55 del programa
Aplicación y seguimiento integrados y coordinados de los resultados de las
grandes conferencias y cumbres de las Naciones Unidas en las esferas
económica y social y esferas conexas
Seguimiento de los resultados de la Cumbre del Milenio
Un concepto más amplio de
la libertad: desarrollo, seguridad y derechos humanos para todos
Informe del Secretario General
Índice
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Párrafos |
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I. Introducción: : 2005, una
oportunidad histórica
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1–24 |
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A.Los desafíos de un mundo en evolución.............................
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6–11 |
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B. Un concepto más amplio de la libertad: desarrollo, seguridad y
derechos humanos.....................................................
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12–17 |
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C. Elimperativo de la acción colectiva.................................
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18–22 |
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D.
La hora de decidir..............................................
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23–24 |
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II. Libertad para vivir sin
miseria.........................................
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25–73 |
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A.
Una visión común del desarrollo...................................
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28–32 |
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B.
Estrategias nacionales...........................................
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33–46 |
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C.Consecución del objetivo 8: comercio y financiación para el desarrollo.......
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47–56 |
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D.Garantía de sostenibilidad ambiental................................
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57–61 |
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E.Otrasactividades prioritarias a nivel mundial..........................
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62–71 |
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F.
El desafío de la ejecución........................................
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72–73 |
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III. Libertad para vivir sin
temor..........................................
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74–126 |
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A.Una manera de enfocar laseguridadcolectiva.........................
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76–86 |
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B.Prevención del terrorismocatastrófico...............................
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87–96 |
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C.Armas nucleares, biológicas yquímicas..............................
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97–105 |
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D.Reducción del riesgo y la prevalencia de la guerra......................
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106–121 |
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E.
Uso de la fuerza...............................................
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122–126 |
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IV. Libertad para vivir en
dignidad........................................
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127–152 |
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A.
Estado de derecho.............................................
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133–139 |
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B.
Derechos humanos.............................................
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140–147 |
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C.
Democracia...................................................
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148–152 |
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V.Fortalecimiento de las
Naciones Unidas..................................
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153–219 |
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A.
Asamblea General..............................................
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158–164 |
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B. Los Consejos.................................................
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165–183 |
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C.
La Secretaría..................................................
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184–192 |
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D.
Coherencia del sistema..........................................
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193–212 |
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E.
Organizaciones regionales........................................
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213–215 |
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F. Actualización de la Carta de las Naciones
Unidas..................................
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216–219 |
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VI. Conclusión: una oportunidad
y un desafío................................
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220–222 |
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Anexo |
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Decisiones propuestas a los Jefes de Estado
y de Gobierno............................
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I. Introducción: 2005, una
oportunidad histórica
1.
Cuando hace ya cinco años que entramos en el
nuevo milenio, tenemos en nuestras manos la posibilidad de transmitir a
nuestros hijos un legado más esperanzador que el que haya heredado cualquier
generación anterior. En los próximos 10 años podemos reducir a la mitad la
pobreza en el mundo y frenar la difusión de las principales enfermedades
conocidas. Podemos reducir la prevalencia de los conflictos violentos y del
terrorismo. Podemos prorrogar el respeto de la dignidad humana en todos los
países. Y podemos construir una serie de instituciones internacionales
puestas al día para ayudar a la humanidad a alcanzar esos nobles objetivos.
Actuando con audacia —y actuando juntos— podemos hacer que en todas partes
los seres humanos estén más seguros, sean más prósperos y tengan mejores
posibilidades de gozar de sus derechos humanos fundamentales.
2.
Ya existen todas las condiciones necesarias
para que lo hagamos. En una era de interdependencia mundial, el interés
común bien entendido es un aglutinante que debería unir a todos los Estados
en torno a esta causa, al igual que deberían hacerlo los impulsos de nuestra
humanidad común. En una era de abundancia mundial, nuestro mundo posee los
recursos que pueden reducir espectacularmente la enorme brecha que persiste
entre los ricos y los pobres, siempre que esos recursos se empleen al
servicio de todos los pueblos. Después de un período de dificultades en los
asuntos internacionales, con la perspectiva de nuevas amenazas y de las
nuevas formas que adoptan amenazas ya conocidas, existe en muchos círculos
el deseo de un nuevo consenso en que pueda basarse la acción colectiva.
Existe también el deseo de aplicar las reformas más trascendentales de la
historia de las Naciones Unidas a fin de dotar a la Organización de los
medios y los recursos que la ayuden a promover este programa de trabajo para
el siglo XXI.
3.
El año 2005 nos brinda la oportunidad de
avanzar decisivamente en esa dirección. En septiembre, los dirigentes
mundiales se reunirán en Nueva York para examinar los progresos realizados
desde que se proclamó la Declaración del Milenio de las Naciones Unidas1,
aprobada por todos los Estados Miembros en el año 2000. Como preparación
para esa cumbre, los Estados Miembros me han pedido que presente un informe
exhaustivo sobre la aplicación de la Declaración del Milenio. Hoy presento
respetuosamente ese informe, y le adjunto un proyecto de programa que pueda
ser examinado en la cumbre, con miras a la adopción de medidas.
4.
Para elaborar este informe me he basado en mi
experiencia de ocho años como Secretario General, en mi propia conciencia y
en mis convicciones, y en mi forma de entender la Carta de las Naciones
Unidas, cuyos propósitos y principios tengo el deber de promover. También me
he inspirado en dos estudios amplios sobre los desafíos a que nos
enfrentamos en el mundo: uno elaborado por el Grupo de Alto Nivel sobre las
amenazas, los desafíos y el cambio, integrado por 16 miembros a quienes pedí
que formularan propuestas para fortalecer nuestro sistema de seguridad
colectiva (véase A/59/565); el otro elaborado por los 250 expertos que
emprendieron el Proyecto del Milenio, cuyo mandato consistía en producir un
plan de acción para alcanzar en 2015 los objetivos de desarrollo del
Milenio.
5.
En el presente informe he resistido la
tentación de incluir todos los aspectos en que es importante o conveniente
hacer progresos. Me he limitado a las cuestiones respecto de las cuales creo
que es vital y posible actuar en los próximos meses. Se trata de reformas
que están a nuestro alcance: reformas que pueden aplicarse si conseguimos
movilizar la voluntad política necesaria. Con escasisímas excepciones, este
es un programa de prioridades máximas para el mes de septiembre. Muchas
otras cuestiones deberán plantearse en otros foros y en otras ocasiones. Y,
por supuesto, ninguna de las propuestas que se presentan soslaya la
necesidad de que en el
año en curso se adopten medidas urgentes para avanzar en la resolución de
conflictos de larga data que ponen en peligro la
estabilidad regional y mundial.
A. Los desafíos de un mundo en evolución
6.
En la Declaración del Milenio, los dirigentes
mundiales confiaban en que en los años siguientes la humanidad podría
avanzar de manera apreciable por el camino de la paz, la seguridad, el
desarme, los derechos humanos, la democracia y la buena gobernanza.
Exhortaron a establecer una alianza mundial para el desarrollo a fin de
lograr para 2015 unos objetivos convenidos. Se comprometieron a proteger a
los vulnerables y a atender las necesidades especiales de África. Y
acordaron que las Naciones Unidas no debían reducir, sino aumentar su
participación activa en la configuración de nuestro futuro común.
7.
Cinco años después, me temo que un informe
detallado sobre la aplicación de la Declaración del Milenio pasaría por alto
la cuestión más general, a saber, que las nuevas circunstancias nos exigen
que revitalicemos el consenso sobre los desafíos y las prioridades
fundamentales y que convirtamos ese consenso en acción colectiva.
8.
Mucho ha sucedido desde la aprobación de la
Declaración del Milenio que nos obliga a adoptar este enfoque. Desde los
horrendos atentados del 11 de septiembre de 2001, pequeñas redes de agentes
no estatales —terroristas— han hecho que incluso los Estados más poderosos
se sientan vulnerables. Al mismo tiempo, muchos Estados han empezado a darse
cuenta de que el desequilibrio de poder que hay en el mundo es por sí mismo
una fuente de inestabilidad. Las divisiones entre las grandes Potencias
respecto de cuestiones decisivas han puesto de manifiesto una falta de
consenso acerca de los objetivos y los métodos. Mientras tanto, más de 40
países han sufrido los
efectos de conflictos violentos. El número de personas desplazadas en el
interior de los países se cifra hoy en aproximadamente 25 millones —de los
cuales casi un tercio están fuera del alcance de la asistencia de las
Naciones Unidas— que se suman a la población mundial
de 11 a 12 millones de refugiados y que en algunos casos han sido víctimas
de crímenes de guerra y de crímenes de lesa humanidad.
9.
Muchos países han quedado desgarrados y
extenuados por otra clase de violencia. El VIH/SIDA, que es la plaga del
mundo moderno, ha matado a más de
20 millones de hombres, mujeres
y niños, mientras que el número de personas infectadas se ha disparado a más
de 40 millones. Para muchos, la promesa de los objetivos
de desarrollo del Milenio sigue estando distante. Más de 1.000 millones de
personas todavía viven por debajo del umbral de la pobreza extrema de 1
dólar al día y 20.000 perecen todos los días a causa de la pobreza. En
general, la riqueza mundial ha aumentado, pero cada vez está peor
distribuida, en el interior de los países y de las regiones y en todo el
mundo. Si bien en algunos países se han hecho progresos reales hacia el
logro de algunos de los objetivos, son demasiado pocos los gobiernos —tanto
del mundo desarrollado como del mundo en desarrollo— que han adoptado
medidas suficientes para alcanzar los objetivos para el año 2015. Y si bien
se ha hecho una labor importante en cuestiones tan diversas como la
migración y el cambio climático, la escala de esos desafíos de largo plazo
supera con mucho la intensidad de la acción colectiva que hemos emprendido
hasta la fecha para hacerles frente.
10.
Los acontecimientos de años recientes también
han provocado una disminución de la confianza pública en la propia
institución de las Naciones Unidas, aunque sea por motivos contradictorios.
En el debate sobre la guerra del Iraq, por ejemplo, ambas partes se sienten
defraudadas por la Organización: tal como lo entendía una de ellas, por no
haber hecho cumplir sus propias resoluciones; o, según la otra, por no haber
podido prevenir una guerra prematura o innecesaria. No obstante, la mayoría
de personas que critican a las Naciones Unidas lo hacen precisamente porque
piensan que la Organización tiene una importancia crucial para nuestro
mundo. La reducción de la confianza en la institución se ve compensada por
una fe creciente en la importancia de un multilateralismo eficaz.
11.
No quiero dar a entender que no haya habido
buenas noticias en los últimos cinco años. Al contrario, podemos destacar
muchos casos que demuestran que la acción colectiva puede producir
resultados efectivos, desde la impresionante unidad que demostró el mundo
después del 11 de septiembre de 2001 hasta la resolución de varios
conflictos civiles, y desde el apreciable incremento de los recursos para el
desarrollo hasta el firme progreso alcanzado en el establecimiento de la paz
y la democracia en algunas tierras asoladas por la guerra. No debemos
desesperar. Nuestros problemas no sobrepasan nuestra capacidad para
resolverlos. Pero no podemos contentarnos con éxitos incompletos, y no
podemos limitarnos a ir respondiendo poco a poco a las deficiencias que se
han puesto de manifiesto. Por el contrario, debemos cooperar para producir
un cambio trascendental.
B. Un concepto más amplio de la libertad:
desarrollo, seguridad
y derechos humanos
12.
Debemos guiarnos por las necesidades y las
esperanzas de los pueblos de todo
el mundo. En mi informe sobre el Milenio, que llevaba por título “Nosotros
los pueblos” (A/54/2000), recurrí a las palabras iniciales de la Carta de
las Naciones Unidas para poner de relieve que las Naciones Unidas, al tiempo
que son una Organización de Estados soberanos, encuentran en esas
necesidades su razón de existir, y tienen en
definitiva la obligación de atenderlas. Para ello, tal como dije cuando fui
elegido por primera vez hace ocho años, debemos tratar de “perfeccionar el
triángulo del desarrollo, la libertad y la paz”.
13.
Los artífices de la Carta lo vieron con toda
claridad. Al proponerse preservar a las generaciones venideras del flagelo
de la guerra, entendieron que esta empresa no tendría éxito si se abordara
con estrechez de miras. Por ello decidieron crear una organización dedicada
a velar por el respeto de los derechos humanos fundamentales, a establecer
condiciones en que pudieran mantenerse la justicia y el imperio de la ley y
a “promover el progreso social y elevar el nivel de vida dentro de un
concepto más amplio de la libertad”.
14.
He puesto a este informe el título “Un
concepto más amplio de la libertad” para hacer hincapié en la pertinencia
actual de la Carta de las Naciones Unidas y para destacar que es necesario
promover sus propósitos en la vida de cada hombre y de cada mujer. La
interpretación más amplia de la libertad también incluye la idea de que el
desarrollo, la seguridad y los derechos humanos van de la mano.
15.
Aunque pueda votar para elegir a sus
dirigentes, un joven con SIDA que no sabe leer ni escribir y cuya vida está
amenazada por el hambre no es verdaderamente libre. Del mismo modo, aunque
gane suficiente para vivir, una mujer que vive bajo el peligro de la
violencia cotidiana y que no tiene voz sobre la forma en que se gobierna su
país no es verdaderamente libre. El concepto más amplio de la libertad
supone que en todas las partes del mundo los hombres y las mujeres tienen
derecho a ser gobernados por su propio consentimiento, al amparo de la ley,
en una sociedad en que todas las personas, sin temor a la discriminación ni
a las represalias, gocen de libertad de opinión, de culto y de asociación.
También deben verse libres de la miseria, de manera que se levanten para
ellas las sentencias de muerte que imponen la pobreza extrema y las
enfermedades infecciosas, y libres del temor, de manera que la violencia y
la guerra no destruyan su existencia y sus medios de vida. Ciertamente,
todos los seres humanos tienen derecho a la seguridad y el desarrollo.
16.
El desarrollo, la seguridad y los derechos
humanos no sólo son indispensables sino que también se fortalecen
recíprocamente. Esta relación no ha hecho más que reforzarse en nuestra era
de rápidos progresos tecnológicos, de aumento de la interdependencia
económica, de globalización y de espectaculares transformaciones
geopolíticas. Si bien no puede decirse que la pobreza y la negación de los
derechos humanos sean la “causa” de la guerra civil, el terrorismo y la
delincuencia organizada, todos ellos incrementan considerablemente el
peligro de la inestabilidad y la violencia. Análogamente, la guerra y las
atrocidades no son ni mucho menos las únicas razones que explican que los
países estén atrapados en la pobreza, pero es indudable que son un
impedimento para el desarrollo. Asimismo, un acto catastrófico de terrorismo
en una parte del mundo, por ejemplo un atentado contra un importante centro
financiero de un país rico, podría afectar las perspectivas de desarrollo de
millones de personas al otro lado del mundo al provocar graves trastornos
económicos y sumir en la pobreza a millones de personas. Por otra parte, los
países bien gobernados y que respetan los derechos humanos de sus ciudadanos
están en mejor situación para evitar los horrores del conflicto y para
superar los obstáculos al desarrollo.
17.
Así pues, no tendremos desarrollo sin
seguridad, no tendremos seguridad sin desarrollo y no tendremos ninguna de
las dos cosas si no se respetan los derechos humanos. A menos que se
promuevan todas esas causas, ninguna de ellas podrá triunfar. En este nuevo
milenio, la labor de las Naciones Unidas debe poner al mundo más cerca del
día en que todas las personas sean libres para elegir el tipo de vida que
quieren vivir, puedan acceder a los recursos que harán que esas opciones
tengan sentido y tengan la seguridad que les permita disfrutarlas en paz.
C. El imperativo de la acción colectiva
18.
En un mundo de amenazas y desafíos
interconectados, interesa a todos los países dar una respuesta eficaz a
todos ellos. Por eso la causa de una libertad más amplia sólo puede
promoverse mediante una cooperación extensa, profunda y sostenida a nivel
mundial entre los Estados. La cooperación es posible si las políticas de
cada país tienen en cuenta no sólo las necesidades de los propios ciudadanos
sino también las necesidades de los demás. Además de promover los intereses
de todos, esta clase de cooperación es también un reconocimiento de nuestra
humanidad común.
19.
Las propuestas que figuran en el presente
informe tienen por objeto fortalecer los Estados y permitirles prestar un
mejor servicio a sus pueblos trabajando juntos sobre la base de principios y
prioridades compartidos: después de todo, esta es precisamente la razón de
la existencia de las Naciones Unidas. Los Estados soberanos son los
componentes básicos e indispensables del sistema internacional. A ellos les
corresponde garantizar los derechos de sus ciudadanos, protegerlos de la
delincuencia, la violencia y la agresión y crear el marco de libertad al
amparo de la ley que permita a las personas prosperar y a las sociedades
desarrollarse. Si los Estados son frágiles, los pueblos del mundo no gozarán
de la seguridad, el desarrollo y la justicia a que tienen derecho. Por
tanto, uno de los grandes desafíos del nuevo milenio es asegurar que todos
los Estados sean bastante fuertes para responder a los numerosos desafíos a
que se enfrentan.
20.
Sin embargo, esta tarea no pueden hacerla sólo
los Estados. Necesitamos una sociedad civil activa y un sector privado
dinámico. Ambos ocupan una porción cada vez más amplia e importante del
espacio que antes era coto exclusivo de los Estados, y es obvio que los
objetivos que aquí se describen no podrán conseguirse sin su total
participación.
21.
También necesitamos, a nivel regional y
mundial, unas instituciones intergubernamentales ágiles y eficaces que
puedan movilizar y coordinar la acción colectiva. Las Naciones Unidas, por
ser el único órgano universal del mundo dedicado a atender cuestiones de
seguridad, desarrollo y derechos humanos, tienen una responsabilidad
especial. A medida que la globalización reduce las distancias en todo el
mundo y se crea una interconexión cada vez mayor entre esas cuestiones se
van poniendo más de manifiesto las ventajas comparativas de las Naciones
Unidas. Sin embargo, también aparecen algunas de sus deficiencias
innegables. Mediante el mejoramiento de las prácticas básicas de gestión,
mediante la construcción de un sistema de las Naciones Unidas más
transparente, eficiente y eficaz, y mediante la renovación de nuestras
principales instituciones intergubernamentales de manera que reflejen el
mundo de hoy y promuevan las prioridades expuestas en el presente informe,
debemos reformar la Organización en formas que hasta ahora eran
inimaginables, y con una audacia y una rapidez que no se han puesto de
manifiesto hasta ahora.
22.
En nuestro intento de fortalecer las
contribuciones de los Estados, la sociedad civil, el sector privado y las
instituciones internacionales para promover un concepto más amplio de la
libertad, debemos asegurar que todos los interesados asuman su respectiva
responsabilidad de traducir las buenas palabras en hechos positivos. Por
consiguiente, necesitamos nuevos mecanismos que garanticen la rendición de
cuentas: la rendición de cuentas de los Estados ante sus ciudadanos, de los
Estados entre sí, de las instituciones internacionales ante sus miembros y
de la presente generación ante las generaciones futuras. Donde exista esa
rendición de cuentas habrá progresos; donde no la haya no cumpliremos
nuestros objetivos. Corresponderá a la cumbre que debe celebrarse en
septiembre asegurar que, a partir de ahora, las promesas que se hagan se
vayan a cumplir.
D. La hora de decidir
23.
En este momento definitorio de la historia
debemos mostrarnos ambiciosos. Nuestra acción debe ser tan urgente como lo
es la necesidad, y debe producirse a la misma escala. Debemos hacer frente
inmediatamente a las amenazas inmediatas.
Debemos aprovechar que existe un
consenso sin precedentes sobre la forma de fomentar
el desarrollo económico y social del mundo, y debemos forjar un nuevo
consenso sobre la forma de hacer frente a las nuevas amenazas. Sólo si
actuamos con decisión ahora podremos afrontar los acuciantes desafíos de
seguridad y ganar una victoria decisiva en la batalla mundial contra la
pobreza para 2015.
24.
En el mundo de hoy no hay ningún Estado, por
poderoso que sea, que pueda protegerse independientemente. Análogamente,
ningún país, tanto si es fuerte como si es débil, puede conseguir la
prosperidad en un vacío. Podemos y debemos actuar juntos. Nos lo debemos los
unos a los otros, y nos debemos los unos a los otros una explicación de la
forma en que lo hagamos. Si estamos a la altura de esos compromisos mutuos
podremos hacer que el nuevo milenio sea digno de su nombre.
II. Libertad para vivir sin
miseria
25.
En los últimos 25 años se ha contemplado la
reducción más espectacular de la pobreza extrema que jamás haya
experimentado el mundo. Con China y la India a la vanguardia de estos
progresos, son literalmente cientos de millones los hombres, mujeres y niños
de todo el mundo que han podido escapar de las penalidades de la pobreza
extrema y han empezado a gozar de un mejor acceso a los alimentos, la
atención de la salud, la educación y la vivienda.
26.
Pero al mismo tiempo docenas de países se han
empobrecido, crisis económicas devastadoras han sumido en la pobreza a
millones de familias y el aumento de la desigualdad en muchas partes del
mundo demuestra que los beneficios del crecimiento económico no se han
distribuido por igual. Hoy, más de 1.000 millones de personas —uno de cada
seis seres humanos— todavía viven con menos de 1 dólar al día y carecen de
los medios para sobrevivir frente al hambre crónica, la enfermedad y los
riesgos ambientales. Dicho de otro modo, ésta es una pobreza letal. Una sola
picadura de un mosquito portador del paludismo basta para poner fin a la
vida de un niño que no tiene un mosquitero sobre su cama o no tiene acceso a
un tratamiento que cuesta 1 dólar. Una sequía o una plaga que destruye una
cosecha son lo que separa la subsistencia del hambre. Un mundo en que todos
los años 11 millones de niños mueren antes de cumplir los 5 años y en que 3
millones de personas mueren a causa del SIDA no es un mundo más libre.
27.
Durante siglos este tipo de pobreza se ha
considerado un aspecto lamentable, pero inevitable, de la condición humana.
Hoy en día esta opinión es intelectualmente y moralmente indefendible. La
magnitud y la amplitud de los progresos hechos por países de todas las
regiones del mundo han demostrado que, en un período muy breve, la pobreza y
la mortalidad de las madres y los niños pueden reducirse drásticamente, al
tiempo que se avanza espectacularmente en la educación, la igualdad entre
los géneros y otros aspectos del desarrollo. La combinación sin precedentes
de recursos y tecnología de que disponemos hoy supone que ésta es realmente
la primera generación que cuenta con los instrumentos, los conocimientos y
los recursos necesarios para cumplir el compromiso formulado por todos los
Estados en la Declaración del Milenio de “hacer realidad para todos ellos el
derecho al desarrollo y poner a toda la especie humana al abrigo de la
necesidad”.
A. Una visión común del desarrollo
28.
El desafío múltiple del desarrollo abarca una
gran variedad de cuestiones interrelacionadas, que van desde la igualdad
entre los géneros, pasando por la salud y la educación, hasta el medio
ambiente. Las históricas conferencias y cumbres de las Naciones Unidas que
se celebraron durante el decenio de 1990 contribuyeron a construir un marco
normativo global en torno a esas vinculaciones, definiendo por primera vez
una amplia visión de prioridades comunes de desarrollo. Así se sentaron las
bases para que en la Cumbre del Milenio se fijaran una serie de objetivos
con plazos concretos en todos esos ámbitos, desde reducir a la mitad la
pobreza extrema hasta lograr que todos los niños acudan a la escuela
primaria —todo ello antes del año 2015— que más tarde cristalizaron en los
objetivos de desarrollo del Milenio. (véase el recuadro 1).
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Recuadro 1
Los objetivos de desarrollo del Milenio |
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Objetivo 1
Erradicar la pobreza extrema y el hambre |
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Meta 1 |
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Reducir a la mitad, entre 1990 y 2015, el porcentaje de
personas cuyos ingresos
sean inferiores a 1 dólar por día |
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Meta 2 |
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Reducir a la mitad, entre
1990 y 2015, el porcentaje de personas que padezcan hambre |
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Objetivo 2
Lograr la enseñanza primaria universal |
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Meta 3 |
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Velar por que, para el año 2015, los niños y niñas de
todo el mundo puedan terminar un ciclo completo de enseñanza primaria
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Objetivo 3
Promover la igualdad entre los sexos y la autonomía de la mujer |
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Meta 4 |
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Eliminar las desigualdades entre los géneros en la
enseñanza primaria y secundaria, preferiblemente para el año 2005, y en
todos los niveles de la enseñanza antes del fin del año 2015 |
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Objetivo 4
Reducir la mortalidad infantil |
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Meta 5 |
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Reducir en dos terceras partes, entre 1990 y 2015, la
mortalidad de los niños menores de 5 años |
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Objetivo 5
Mejorar la salud materna |
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Meta 6 |
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Reducir, entre 1990 y 2015, la mortalidad materna en
tres cuartas partes |
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Objetivo 6
Combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades |
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Meta 7 |
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Haber detenido y comenzado a reducir, para el año 2015,
la propagación del VIH/SIDA |
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Meta 8 |
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Haber detenido y comenzado a reducir, para el año 2015,
la incidencia del paludismo y otras enfermedades graves |
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Objetivo 7
Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente |
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Meta 9 |
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Incorporar los principios del desarrollo sostenible en
las políticas y los programas nacionales e invertir la pérdida de
recursos del medio ambiente |
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Meta 10 |
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Reducir a la mitad, para el año 2015, el porcentaje de
personas que carezcan de acceso sostenible a agua potable y servicios de
saneamiento básicos |
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Meta 11 |
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Haber mejorado considerablemente, para el año 2020, la
vida de por lo menos 100 millones de habitantes de tugurios |
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Objetivo 8
Fomentar una asociación mundial para el desarrollo |
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Meta 12 |
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|
Desarrollar aún más un sistema comercial y financiero
abierto, basado en normas, previsible y no discriminatorio (se incluye
el compromiso de lograr una buena gestión de los asuntos públicos, el
desarrollo y la reducción de la pobreza, en cada país y en el plano
internacional) |
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Meta 13 |
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|
|
Atender las necesidades especiales de los países menos
adelantados (se incluye el acceso libre de aranceles y cupos de las
exportaciones de los países menos adelantados; el programa mejorado de
alivio de la deuda de los países pobres muy endeudados y la cancelación
de la deuda bilateral oficial, y la concesión de una asistencia para el
desarrollo más generosa a los países que hayan expresado su
determinación de reducir la pobreza) |
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Meta 14 |
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|
Atender las necesidades especiales de los países sin
litoral y de los pequeños Estados insulares en desarrollo (mediante el
Programa de Acción para el desarrollo sostenible de los pequeños Estados
insulares en desarrollo y los resultados del vigésimo segundo período
extraordinario de sesiones de la Asamblea General) |
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Meta 15 |
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Encarar de manera general los problemas de la deuda de
los países en desarrollo con medidas nacionales e internacionales a fin
de hacer la deuda sostenible a largo plazo |
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Meta 16 |
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En cooperación con los países en desarrollo, elaborar y
aplicar estrategias que proporcionen a los jóvenes un trabajo digno y
productivo |
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Meta 17 |
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En cooperación con las empresas farmacéuticas,
proporcionar acceso a los medicamentos esenciales en los países en
desarrollo |
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Meta 18 |
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|
|
En colaboración con el sector privado, velar por que se
puedan aprovechar los beneficios de las nuevas tecnologías, en
particular de las tecnologías de la información y de las comunicaciones |
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29.
Los objetivos de desarrollo del Milenio han
galvanizado iniciativas sin precedentes para atender las necesidades de los
sectores de población más pobres del mundo y se han convertido en criterios
mundialmente aceptados de progreso general, adoptados por igual por los
donantes, los países en desarrollo, la sociedad civil y las principales
instituciones dedicadas a tareas de desarrollo. Reflejan, por tanto, un
conjunto de prioridades urgentes y universalmente compartidas y respaldadas
que deberemos abordar en la cumbre de septiembre de 2005. Gracias a la labor
realizada por los participantes en el Proyecto del Milenio, cuyo informe
titulado Invertir en el Desarrollo: un plan práctico para alcanzar los
objetivos de desarrollo del Milenio2 se me presentó en enero
de 2005, ahora existe un plan de acción para alcanzar esos objetivos.
También hay signos alentadores de que se está generando voluntad política
que es el ingrediente decisivo. Esto se pondrá realmente a prueba cuando se
sepa si las medidas amplias que adopten los países desarrollados y los
países en desarrollo para acometer este programa reciben apoyo mediante la
duplicación, o más, de la asistencia oficial para el desarrollo en los
próximos años, porque esto es lo que se requerirá para ayudar a alcanzar los
objetivos.
30.
Al mismo tiempo, debemos contemplar los
objetivos de desarrollo del Milenio como parte de un programa de desarrollo
aún más amplio. A pesar de que han sido objeto de numerosísimas actividades
de seguimiento tanto dentro como fuera de las Naciones Unidas, es obvio que
los objetivos no representan por sí mismos un programa de desarrollo
completo. No abarcan directamente algunas de las cuestiones más generales de
que trataron las conferencias del decenio de 1990, ni abordan las
necesidades particulares de los países en desarrollo de ingresos medios ni
las cuestiones de la desigualdad creciente o de las dimensiones más amplias
del desarrollo humano y la buena gobernanza, que requieren en conjunto la
aplicación efectiva de lo decidido en las conferencias.
31.
No obstante, no puede exagerarse la urgencia
de lograr los objetivos de desarrollo del Milenio. Pese a los progresos que
se han hecho en muchos ámbitos, en general el mundo no está a la altura de
lo que se requiere, especialmente en los países más pobres (véase el
recuadro 2). Como pone claramente de manifiesto el informe del Proyecto del
Milenio, nuestro programa todavía puede hacerse efectivo tanto a nivel
mundial como en la mayoría de países, o incluso en todos ellos, pero sólo si
rompemos con la rutina y aceleramos e intensificamos espectacularmente
nuestra actividad hasta 2015, empezando en los próximos 12 meses. La
condición del éxito es una acción sostenida a lo largo de todo el decenio
que queda entre el momento actual y el cumplimiento del plazo. Esto se debe
a que en materia de desarrollo los éxitos no se producen de la noche a la
mañana y a que muchos países sufren importantes limitaciones de capacidad.
Se necesita tiempo para capacitar a los maestros, los enfermeros y los
ingenieros, para construir las carreteras, las escuelas y los hospitales, y
para crear las pequeñas y grandes empresas capaces de generar los empleos y
los ingresos necesarios.
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Recuadro 2
Progresos en el logro de los objetivos de desarrollo del Milenio |
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Los progresos en el logro de los objetivos de
desarrollo del Milenio no han sido uniformes en todo el mundo, ni mucho
menos. Los principales mejoramientos se han producido en Asia oriental y
meridional, donde más de 200 millones de personas han salido de la
pobreza tan sólo desde 1990. Sin embargo, todavía hay en Asia casi 700
millones de personas que viven con menos de 1 dólar al día —casi dos
tercios de las personas más pobres del mundo— mientras que incluso en
algunos de los países donde el crecimiento es más rápido no se están
cumpliendo los objetivos no relacionados con los ingresos, como la
protección del medio ambiente y la reducción de la mortalidad materna.
El África subsahariana se encuentra en el epicentro de la crisis y dista
mucho de alcanzar la mayoría de objetivos, con una persistente
inseguridad alimentaria, unas tasas de mortalidad maternoinfantil
perturbadoramente elevadas y un aumento del número de personas que viven
en tugurios, además de un aumento general de la pobreza extrema pese a
ciertos progresos importantes en países concretos. América Latina, las
economías en transición y el Oriente Medio y África del Norte, que a
menudo sufren los efectos del aumento de la desigualdad, han obtenido
resultados más dispares y los progresos presentan variaciones
significativas, aunque las tendencias generales no están a la altura de
lo que se requiere para cumplir el plazo de 2015. |
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Los progresos también han sido distintos en
cuanto al logro de los diversos objetivos. Aunque el África subsahariana
y Oceanía quedan atrás en prácticamente todos los ámbitos, en otros
lugares se están haciendo progresos importantes en la reducción del
hambre, el mejoramiento del acceso al agua potable y la ampliación del
número de niños que acuden a la escuela primaria. En general también han
disminuido las tasas de mortalidad infantil, pero los progresos se han
frenado en muchas regiones e incluso se han invertido en partes de Asia
central. Mientras tanto, a pesar de los progresos espectaculares de
algunos países, no se están cumpliendo las previsiones en cuanto al
acceso global al saneamiento, particularmente en África y Asia, donde el
número de habitantes de tugurios también aumenta con rapidez. La
mortalidad materna permanece a niveles inaceptablemente altos en todo el
mundo en desarrollo, al igual que la incidencia y la prevalencia del
VIH/SIDA, la tuberculosis y el paludismo. Sigue sin cumplirse el
objetivo de la igualdad de género, y el objetivo de la paridad en la
educación para 2005 se ha incumplido en muchos países. La degradación
del medio ambiente es una preocupación muy especial en todas las
regiones en desarrollo. |
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32.
En 2005, la creación de una asociación mundial
entre los países ricos y pobres —que constituye en sí misma el octavo
objetivo de desarrollo del Milenio, reafirmado y desarrollado hace tres años
en la Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo,
celebrada en Monterrey (México), y la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo
Sostenible, celebrada en Johannesburgo (Sudáfrica)— debe hacerse realidad.
Corresponde a cada país en desarrollo la responsabilidad primordial por
su propio desarrollo: fortaleciendo la buena gobernanza, luchando contra la
corrupción e instaurando las políticas e inversiones que permitan un
crecimiento impulsado por el sector privado y aumenten al máximo la
disponibilidad de recursos internos para financiar estrategias nacionales de
desarrollo. Por su parte, los países desarrollados se comprometen a
que los países en desarrollo que adopten estrategias de desarrollo
transparentes, fidedignas y adecuadamente valoradas recibirán todo el apoyo
que necesitan, en forma de más asistencia para el desarrollo, un sistema de
comercio más orientado al desarrollo y la ampliación e intensificación del
alivio de la deuda. Todo esto se ha prometido, pero no se ha cumplido.
Ese incumplimiento se plasma en la nómina de muertes, en la cual todos los
años se inscriben millones de nombres nuevos.
B. Estrategias nacionales
33.
La pobreza extrema tiene muchas causas, desde
condiciones geográficas adversas, o una gobernanza deficiente o corrupta
(incluso el olvido de las comunidades marginadas), hasta la devastación
causada por los conflictos y sus secuelas. Los casos más terribles son los
de los países más pobres que quedan atrapados en un círculo vicioso de
indigencia aun cuando tengan gobiernos rectos y dedicados. Carentes de
infraestructura básica, capital humano y administración pública y bajo la
carga de las enfermedades, la degradación ambiental y la escasez de recursos
naturales, estos países no pueden hacer las inversiones básicas necesarias
para iniciar la marcha hacia la prosperidad, a menos que reciban del
exterior asistencia sostenida y orientada a fines concretos.
34.
Como primera medida para abordar estos
problemas, los países deben adoptar marcos normativos audaces, con objetivos
definidos, para los próximos 10 años, con miras a aumentar las inversiones
para alcanzar por lo menos las metas cuantitativas de los objetivos de
desarrollo del Milenio. Para tal fin, cada país en desarrollo víctima de
una pobreza extrema debería adoptar y empezar a ejecutar para el año 2006
una estrategia nacional de desarrollo lo bastante atrevida para alcanzar los
objetivos de desarrollo del Milenio para el año 2015. Esta estrategia
debería descansar en el aumento, en la práctica, de las inversiones
públicas, la creación de capacidad, la movilización de los recursos internos
y, en caso necesario, la asistencia oficial para el desarrollo. Quizá esta
recomendación no parezca revolucionaria, pero vinculando directamente las
medidas a las necesidades derivadas de objetivos ambiciosos y susceptibles
de seguimiento, su aplicación señalaría un avance fundamental hacia una
mayor osadía y responsabilidad en la lucha contra la pobreza.
35.
Es importante subrayar que esto no exige la
creación de ningún instrumento nuevo. Todo lo que hace falta es un enfoque
distinto de su concepción y aplicación. Los países que ya cuentan con
documentos de estrategia de lucha contra la pobreza —marcos trienales de
inversiones de propiedad nacional y convenidos con el Banco Mundial y otros
asociados internacionales para el desarrollo— deberían armonizarlos con un
marco decenal de políticas e inversiones compatible con la consecución de
los objetivos de desarrollo del Milenio. En los países de ingresos medianos
y otros donde los objetivos ya se encuentran a su alcance, los gobiernos
deberían adoptar una estrategia con metas más ambiciosas denominada
“Objetivos de Desarrollo del Milenio – y más”.
Marco para la acción
36.
Por muy bien que parezcan en teoría, las
estrategias de inversión para alcanzar los objetivos de desarrollo del
Milenio no resultarán en la práctica a menos que los Estados las apoyen con
sistemas de gobernanza transparentes y sujetos a la rendición de cuentas,
basados en el imperio de la ley, que abarquen no sólo los derechos civiles y
políticos sino también los económicos y sociales y tengan por cimiento una
administración pública eficiente y obligada a rendir cuentas. Muchos de los
países más pobres necesitarán grandes inversiones en creación de capacidad a
fin de levantar y mantener la infraestructura necesaria y de capacitar y
emplear a personal calificado. Pero sin una buena gobernanza, instituciones
sólidas y una clara determinación de extirpar la corrupción y la mala
administración dondequiera se encuentre, no será fácil hacer mayores
progresos.
37.
De modo análogo, sin políticas económicas
dinámicas, orientadas hacia el crecimiento, que apuntalen un sector privado
sano y capaz de generar empleos, renta e ingresos tributarios a largo plazo,
no se alcanzará un crecimiento económico sostenible. Ello exige inversiones
considerablemente mayores en capital humano y en una infraestructura
orientada hacia el desarrollo, con hincapié en la energía, el transporte y
las comunicaciones. Además, las empresas pequeñas y medianas necesitan un
entorno jurídico y reglamentario favorable, incluida una legislación
comercial eficaz que defina y proteja los contratos y los derechos de
propiedad, una administración pública racional que limite y combata la
corrupción y un acceso ampliado al capital financiero, incluida la
microfinanciación. Como me informaron el año pasado dos importantes
comisiones —la Comisión Mundial sobre la Dimensión Social de la
Globalización3 y la Comisión sobre el Sector Privado y el
Desarrollo4 ésta es la clave de la creación de buenos empleos
que, a la vez que proporcionan ingresos, dan poder a los pobres,
especialmente a las mujeres y los jóvenes.
38.
Las organizaciones de la sociedad civil tienen
un papel decisivo que desempeñar en la tarea de dar impulso a este proceso
para hacer la pobreza algo del pasado. No sólo es la sociedad civil una
colaboradora indispensable para prestar servicios a los pobres en la medida
que mandan los objetivos de desarrollo del Milenio, sino que también
cataliza la acción dentro de los países promoviendo los intereses del
desarrollo, movilizando campañas de base amplia y creando presión popular
para que los dirigentes cumplan sus promesas. A nivel internacional, algunas
organizaciones de la sociedad civil pueden ayudar a crear o galvanizar
asociaciones mundiales para ocuparse de cuestiones concretas o llamar la
atención sobre la suerte de los pueblos indígenas y otros grupos marginados,
en tanto que otras pueden colaborar para difundir las prácticas más idóneas
a través de las fronteras mediante intercambios comunitarios y la prestación
de apoyo y asesoramiento técnicos a los gobiernos.
Prioridades de las inversiones y
políticas nacionales
39.
Toda estrategia nacional debe tener en cuenta
los siete grupos temáticos amplios de las inversiones y políticas públicas
que guardan una relación directa con los objetivos de desarrollo del Milenio
y constituyen la base del crecimiento impulsado por el sector privado. Como
se dice en el Proyecto del Milenio, todos ellos son esenciales para alcanzar
los objetivos y para atender a otras necesidades de desarrollo más amplias.
Igualdad entre los géneros:
superación de los persistentes
prejuicios basados en el género
40.
La potenciación de la mujer puede ser uno de
los motores más eficaces del desarrollo. Entre las intervenciones directas
para promover la igualdad entre los géneros cabe mencionar el aumento del
número de niñas que terminan la enseñanza primaria y que reciben instrucción
secundaria, la protección de los derechos de propiedad de la mujer, la
garantía del acceso a servicios de salud reproductiva y sexual, la promoción
del acceso igual a los mercados laborales, el ofrecimiento de oportunidades
para una representación más amplia en los órganos normativos del gobierno y
la protección de la mujer contra la violencia.
Medio ambiente: inversión en una
ordenación mejor de los recursos
41.
Los países deberían fijarse objetivos
ambientales con plazos, sobre todo para establecer prioridades, por ejemplo,
en la esfera de la repoblación forestal, la ordenación integrada de los
recursos hídricos, la preservación de los ecosistemas y la reducción de la
contaminación. Para lograr estos objetivos, las mayores inversiones en
ordenación ambiental deberán ir acompañadas de amplias reformas normativas.
El progreso depende también de las estrategias sectoriales, incluidas las
relativas a la agricultura, la infraestructura, la silvicultura, la pesca,
la energía y el transporte, que exigen, sin excepción, salvaguardias
ambientales. Además, el mejoramiento del acceso a los servicios modernos de
suministro de energía es de importancia crítica tanto para reducir la
pobreza como para proteger el medio ambiente. También es preciso asegurarse
de que el mejoramiento del acceso al agua potable y al saneamiento forme
parte de las estrategias de desarrollo.
Desarrollo rural: aumento de la
producción de alimentos y de los ingresos
42.
Los pequeños agricultores y otros trabajadores
de zonas rurales empobrecidas necesitan nutrientes, mejores variedades
vegetales, una mejor ordenación de los recursos hídricos y capacitación en
prácticas agrícolas modernas y ambientalmente sostenibles, además de acceso
a medios de transporte, al agua, al saneamiento y a servicios modernos de
suministro de energía. En el África subsahariana deben
combinarse estos elementos para
que la revolución verde de África del siglo XXI
empiece en 2005.
Desarrollo urbano: creación de
empleos, mejoramiento de los barrios
de tugurios y búsqueda de alternativas a la formación de nuevos
barrios de tugurios
43.
Para el gran número, cada vez mayor, de
habitantes pobres de las zonas urbanas, es preciso ofrecer servicios básicos
de infraestructura como suministro de energía, transporte, lucha contra la
contaminación y eliminación de desechos junto con una mayor seguridad de la
ocupación e iniciativas con centro en la comunidad para construir viviendas
aceptables y prestar apoyo a la planificación urbana. Para tal fin, las
autoridades locales deben ser fortalecidas y colaborar estrechamente con las
organizaciones que asisten a los pobres urbanos.
Sistemas de salud: garantía de
acceso universal a servicios esenciales
44.
Hacen falta sistemas de salud sólidos para
asegurar el acceso universal a servicios básicos de la salud, incluidos los
destinados a promover la salud de los niños y las madres, fomentar la salud
reproductiva y combatir enfermedades mortales como el SIDA, la tuberculosis
y el paludismo (véase el recuadro 3). Para ello hacen falta inversiones
suficientes, un gran número de trabajadores sanitarios motivados y
razonablemente remunerados, un refuerzo de la infraestructura y de los
suministros, sistemas de gestión sólidos y la eliminación de las tarifas
pagadas por los usuarios.
Educación: garantía de la
enseñanza primaria universal y ampliación de la enseñanza secundaria y
superior
45.
A fin de fomentar la educación en todos los
niveles, los padres y las comunidades deben estar en condiciones de pedir
cuentas a las escuelas, en tanto que los gobiernos deben mejorar los planes
de estudios, la calidad de la enseñanza y la forma de hacerla llegar al
alumno; crear capacidad de recursos humanos y de infraestructura allí donde
se necesitan y ofrecer incentivos para permitir que asistan a la escuela los
niños vulnerables, incluida la eliminación de las tarifas pagadas por los
usuarios.
Ciencia, tecnología e
innovación: creación de capacidad nacional
46.
Si se quiere aumentar la capacidad autóctona
de los países para la ciencia y la tecnología, incluidas las tecnologías de
la información y las comunicaciones, los gobiernos deberían establecer
órganos de asesoramiento científico, promover la infraestructura como
oportunidad para el aprendizaje tecnológico, ampliar las facultades de
ciencias e ingeniería e insistir en las aplicaciones comerciales y al
desarrollo en los planes de estudios de ciencias y tecnología.
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Recuadro 3
La tragedia del VIH/SIDA |
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La pandemia del VIH/SIDA mata actualmente a
más de 3 millones de personas por año y presenta una amenaza sin
precedentes al desarrollo y la seguridad humanos. La enfermedad ha
ocasionado la ruina de millones de familias y ha creado decenas de
millones de huérfanos. Más que una simple crisis de salud pública, el
SIDA socava la estabilidad económica y social, haciendo estragos en los
sistemas sanitario, de educación, agrícola y de bienestar social. Al
tiempo que impone una enorme carga al crecimiento económico, debilita
también las estructuras de la gobernanza y la seguridad, creando una
amenaza más. |
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La epidemia exige una respuesta excepcional.
A falta de una cura, sólo la movilización masiva de todos los sectores
de la sociedad —algo inaudito hasta la fecha en la historia de la salud
pública— podrá hacer retroceder el SIDA. Ello exige programas amplios de
prevención, educación, tratamiento y mitigación de las consecuencias, lo
cual, a su vez, no tendrá éxito sin el compromiso personal de los Jefes
de Estado y de Gobierno de fomentar y dirigir respuestas auténticamente
multisectoriales al SIDA. |
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Desde el año 2000, el mundo ha empezado a
tener algunos éxitos en la lucha contra el SIDA. Actualmente son más los
gobiernos que le dan prioridad estratégica y que han creado estructuras
administrativas integradas para dirigir y coordinar la lucha. El Fondo
Mundial de Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria, que pedí
en 2001, actualmente desempeña un papel rector en la campaña mundial al
tiempo que centra la atención en la lucha contra otras pandemias
mortales. En total, en diciembre de 2004, unas 700.000 personas del
mundo en desarrollo recibían tratamiento antirretroviral, lo cual
representa un aumento de casi el 60% en sólo cinco meses. Esto refleja
la prioridad que la comunidad internacional actualmente otorga a la
rápida expansión del tratamiento y demuestra que es posible obtener
resultados tangibles en muy poco tiempo. |
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Sin embargo, queda mucho por hacer si hemos
de abrigar una esperanza realista de reducir la incidencia del VIH y
proporcionar un tratamiento antirretroviral adecuado a todos los que lo
necesitan en la próxima década. Muchos gobiernos no han abordado todavía
públicamente el problema y su estigma o no han asumido un compromiso lo
bastante firme para emprender el examen franco y la acción necesarios
respecto de la igualdad de los géneros. En particular, los recursos
destinados al SIDA siguen siendo muy inferiores a lo que se necesita
para emprender una campaña plenamente inclusiva. Los gobiernos
nacionales así como los donantes multilaterales y bilaterales deben
ahora tomar medidas para sufragar los gastos. |
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Hace cuatro años insté a la comunidad
internacional a que proporcionara de 7.000 a 10.000 millones de dólares
por año para atender las necesidades proyectadas de la lucha contra el
VIH/SIDA en el mundo en desarrollo. Este objetivo no se ha alcanzado
plenamente. Entretanto, la enfermedad sigue propagándose. Como resultado
de ello, cada vez es mayor la disparidad entre lo que se necesita y lo
que se ofrece. Esto no puede seguir así. Necesitamos una estrategia más
ambiciosa y equilibrada de prevención y tratamiento. Por
consiguiente, exhorto a la comunidad internacional a que proporcione
urgentemente los recursos necesarios para una respuesta más amplia y
completa al VIH/SIDA, según lo indicado por el Programa conjunto de las
Naciones Unidas sobre el virus de la inmunodeficiencia humana y el
síndrome de inmunodeficiencia adquirida (ONUSIDA) y sus asociados, y a
que financien plenamente el Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA, la
Tuberculosis y la Malaria. |
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C. Consecución del objetivo 8: comercio y
financiación para el desarrollo
47.
En el caso de muchos países de ingresos
medianos y otros más pobres, la mayor parte de los recursos necesarios para
financiar estas estrategias pueden y deben movilizarse internamente a partir
de una redistribución de los ingresos públicos, las contribuciones de los
hogares y las inversiones del sector privado, complementados con préstamos.
Pero en la mayoría de los países de bajos ingresos y en casi todos los menos
adelantados, el máximo que pueda recaudarse mediante estos esfuerzos será
muy inferior a lo que se necesita para alcanzar los objetivos de desarrollo
del Milenio. De acuerdo con el Proyecto del Milenio, los gastos de inversión
nada más que para alcanzar los objetivos en un país típico de bajos ingresos
serán, aproximadamente, de 75 dólares per cápita en 2006, y pasarán a unos
140 dólares en 2015 (en dólares constantes). Estas modestas sumas, que
equivalen a una tercera parte o
hasta la mitad de sus ingresos
per cápita anuales, exceden con mucho los recursos de la mayoría de los
países de bajos ingresos. Si se quiere crear condiciones favorables para una
mayor inversión privada y tener una estrategia de escape de la ayuda a largo
plazo en estos países, hará falta un fuerte impulso a la asistencia para el
desarrollo.
Asistencia
48.
Uno de los acontecimientos más alentadores de
los últimos años ha sido el aumento de la asistencia oficial para el
desarrollo (AOD) después de diez años de disminución constante en la década
de 1990. Expresada como porcentaje del ingreso nacional bruto de los países
desarrollados, la AOD mundial representa actualmente el 0,25%, cifra
inferior todavía al 0,33% alcanzado en las postrimerías de la década de
1980, por no mencionar el objetivo de larga data del 0,7%, que se reafirmó
en el Consenso de Monterrey de 20025.
Teniendo en cuenta los compromisos recientes contraídos por varios donantes
de efectuar nuevos aumentos en el futuro, la corriente
anual de AOD tendría que aumentar ahora en aproximadamente 100.000 millones
de dólares para 2010, o sea casi el doble de su nivel en la época de
Monterrey. Pero buena parte de esta diferencia refleja cancelaciones de la
deuda y la depreciación del dólar más que un aumento neto de la financiación
a largo plazo y, en todo caso, el total sería todavía 50 mil millones de
dólares inferior a la cifra de la AOD que se necesitaría, según cálculos del
Proyecto del Milenio, para simplemente alcanzar los objetivos de desarrollo
del Milenio, pero no metas de desarrollo más amplias.
49.
Afortunadamente, hay señales de nuevos
progresos. Ha aparecido un nuevo grupo de donantes, incluidos nuevos
miembros de la Unión Europea y algunos de los países en desarrollo más
ricos, como el Brasil, China y la India, todos los cuales ofrecen cada vez
en mayor medida los servicios de expertos a otros países en desarrollo
mediante la cooperación técnica. Hay cinco países donantes que ya han
alcanzado el objetivo del 0,7%, y otros seis han fijado plazos para
lograrlo. Los países desarrollados que todavía no lo hayan hecho deberían
establecer plazos para alcanzar el objetivo del 0,7% del ingreso nacional
bruto para la asistencia oficial para el desarrollo a más tardar en 2015, y
comenzar a hacer aumentos apreciables a más tardar en 2006, con la cifra del
0,5% como meta para 2009.
50.
Si bien es muy cierto que en muchos países en
desarrollo la capacidad es limitada, debemos velar por que aquellos países
que ya están listos reciban un aumento inmediato de la asistencia. A
partir de 2005, los países en desarrollo que formulen estrategias nacionales
racionales, transparentes y responsables y que necesiten mayor asistencia
para el desarrollo, deberían recibir asistencia en la cantidad, la calidad y
con la rapidez suficientes para permitirles alcanzar los objetivos de
desarrollo del Milenio.
51.
La forma más directa de aumentar los volúmenes
de la AOD consiste en asignar proporciones cada vez más grandes de los
presupuestos nacionales de los países donantes a esa asistencia. Sin
embargo, puesto que la consecución de los objetivos de desarrollo del
Milenio exigirá un aumento considerable de los gastos generales en AOD
durante los próximos años, vale la pena explorar nuevas formas de financiar
un marcado aumento a corto y mediano plazo. Se han propuesto varias ideas
originales para encontrar fuentes de financiación a más largo plazo que
complementen la AOD, y actualmente hay una importante iniciativa propuesta
por Alemania, el Brasil, Chile, España y Francia por la cual se están
explorando algunas de esas posibilidades. Con todo, lo que se necesita ahora
es un mecanismo para asegurar el aumento inmediato de la financiación. El
mecanismo internacional de financiación propuesto podría llegar a hacerlo
mediante el adelanto de las corrientes futuras de AOD sin dejar de utilizar,
al mismo tiempo, los canales actuales de desembolso. En 2005 la comunidad
internacional debería establecer un mecanismo internacional de financiación
para prestar apoyo a un adelanto inmediato de la AOD, cimentada en
compromisos mayores de alcanzar el objetivo del 0,7% para la AOD a más
tardar en 2015. A más largo plazo habría que considerar otras fuentes
innovadoras de financiación para el desarrollo con que complementar el
mecanismo internacional de financiación.
52.
Estas medidas pueden y deben complementarse
con una acción inmediata de apoyo a una serie de “triunfos rápidos”, es
decir, iniciativas relativamente poco costosas de efectos bien visibles con
posibilidad de generar grandes ganancias a corto plazo y de salvar millones
de vidas. Estas medidas van desde la distribución masiva y gratuita de
mosquiteros y medicamentos antipalúdicos, hasta la expansión de los
programas de almuerzos escolares con alimentos producidos localmente y la
eliminación de las tarifas pagadas por el usuario por los servicios de salud
y de enseñanza primaria. Estas medidas rápidas prestarían un apoyo crítico a
las estrategias nacionales de los objetivos de desarrollo del Milenio y
generarían rápidamente impulso y éxitos en las etapas iniciales, lo cual
ampliaría el compromiso con los objetivos de desarrollo del Milenio aunque
sin pretender reemplazar con ello las inversiones sostenidas a más largo
plazo.
53.
Al mismo tiempo, hacen falta medidas urgentes
para aumentar la calidad, la
transparencia y la
responsabilidad de la AOD. La asistencia debería estar vinculada a las
necesidades locales señaladas en las estrategias nacionales de los países
así como a la consecución de los objetivos de desarrollo del Milenio, no a
los intereses de los proveedores de los países donantes. Es evidente que
esto beneficiará a los países en desarrollo, pero los
propios países desarrollados tienen interés en poder demostrar a sus
contribuyentes que la asistencia es eficaz. A manera de seguimiento del
Foro de alto
nivel sobre la eficacia de la ayuda de marzo de 2005 de París, los países
donantes deberían fijar, para septiembre de 2005, plazos y metas
susceptibles de seguimiento para armonizar sus mecanismos de prestación de
asistencia con las
estrategias nacionales basadas
en los objetivos de desarrollo del Milenio.
Esto incluye los compromisos de apoyo a los planes de inversión basados en
los objetivos de desarrollo del Milenio, el establecimiento del año 2015
como horizonte cronológico, la
financiación multianual
previsible, procedimientos notablemente simplificados y apoyo presupuestario
directo a los países que hayan establecido los mecanismos apropiados.
Deuda
54.
Estrechamente relacionada con la AOD está la
cuestión de la deuda externa.
Con arreglo a la Iniciativa en favor de los países pobres muy endeudados,
se ha prometido hasta ahora aportar 54.000 millones de dólares para el
alivio de la deuda de
27 países que han llegado al punto de decisión o de culminación. Pero si
bien existen indicios convincentes de que con ello se
liberarán recursos de importancia crítica para la consecución de los
objetivos de desarrollo del Milenio, esos recursos siguen siendo
insuficientes. Para poder avanzar deberíamos redefinir la sostenibilidad
de la deuda como el nivel de la deuda que permite a un país lograr los
objetivos de desarrollo del Milenio y llegar a 2015 sin que aumente la
relación de endeudamiento.
En el caso de la mayoría de los países comprendidos en la Iniciativa en
favor de los países pobres muy endeudados esto exigirá una financiación
basada exclusivamente en donaciones y en la cancelación del 100% de la
deuda, en tanto que en el caso de muchos países no incluidos en la
Iniciativa pero fuertemente endeudados y algunos países de ingresos
medianos, hará falta una reducción considerablemente mayor de la deuda de lo
que se ha ofrecido hasta ahora. Debería ser posible obtener cancelaciones
adicionales de la deuda sin reducir los recursos disponibles para otros
países en desarrollo y sin comprometer la viabilidad financiera a largo
plazo de las instituciones financieras internacionales.
Comercio
55.
Si bien el comercio no elimina la necesidad de
fuertes inversiones para el desarrollo con base en la AOD, un sistema
comercial abierto y equitativo puede ser un potente motor de crecimiento
económico y de reducción de la pobreza, especialmente cuando se combina con
ayuda suficiente. Por esta razón, el desarrollo ocupa justificadamente el
centro de la Ronda de Doha de negociaciones comerciales multilaterales de la
Organización Mundial del Comercio (OMC). Actualmente se suele negar a los
países en desarrollo la igualdad de condiciones para competir en el comercio
mundial, porque los países ricos se sirven de toda una serie de aranceles
aduaneros, contingentes y subvenciones para restringir el acceso a sus
propios mercados y proteger a sus propios productores. La reunión
ministerial de la OMC de diciembre de 2005 ofrece una oportunidad, que no
debe desaprovecharse, de elaborar un acuerdo para corregir estas anomalías.
Una prioridad urgente es el establecimiento de un calendario para que los
países desarrollados levanten las barreras de acceso a sus mercados y
empiecen a eliminar gradualmente las subvenciones internas, especialmente en
la agricultura. A fin de resolver este problema, la Ronda de Doha
de negociaciones comerciales multilaterales debería cumplir su promesa de
desarrollo y terminar en 2006 a más tardar. Como primer paso, los Estados
Miembros deberían proporcionar acceso a los mercados libre de derechos y de
contingentes a todas las exportaciones de los países menos adelantados.
56.
El Consenso de Monterrey hizo hincapié en el
hecho de que muchos países en desarrollo, sobre todo los más pobres, que
dependen de unos pocos productos básicos, tropiezan con un problema de
oferta, que se manifiesta en la falta de capacidad para diversificar las
exportaciones, vulnerabilidad a las fluctuaciones de los precios y una
declinación sostenida de la relación de intercambio. Para poder competir en
los mercados comerciales, las estrategias nacionales de consecución de los
objetivos de desarrollo del Milenio deben poner de relieve las inversiones
en la productividad agropecuaria, la infraestructura relacionada con el
comercio y las industrias de exportación competitivas, sobre todo en el caso
de los países menos adelantados, los países en desarrollo sin litoral y los
pequeños Estados insulares en desarrollo. Si bien existen varias iniciativas
para abordar estos problemas, alentar la diversificación y reducir la
vulnerabilidad a las fluctuaciones de los precios de los productos básicos,
el apoyo que han recibido está muy lejos de ser suficiente.
D. Garantía de sostenibilidad ambiental
57.
Para poder existir
y desarrollarnos necesitamos los sistemas y recursos naturales. Nuestros
esfuerzos por vencer la pobreza y lograr el desarrollo sostenible serán en
vano si no se pone coto a la degradación del medio
ambiente y al agotamiento de los recursos naturales. A nivel de los países,
las estrategias nacionales deben incluir inversiones en mejores sistemas de
ordenación ambiental e introducir los cambios estructurales necesarios para
la sostenibilidad ambiental. En el caso de muchos sectores ambientales
prioritarios como las vías de navegación compartidas, los bosques, las
pesquerías marinas y la biodiversidad, es preciso intensificar los esfuerzos
regionales y mundiales. Ya disponemos de un ejemplo alentador que demuestra
la posibilidad de encontrar soluciones mundiales. Gracias al Protocolo de
Montreal relativo a las sustancias que agotan la capa de ozono6,
el riesgo de quedar expuestos a radiaciones perjudiciales parece estar
disminuyendo, lo cual constituye una clara demostración de cómo pueden
remediarse los problemas ambientales mundiales cuando todos los países
realizan esfuerzos determinados para poner en práctica marcos acordados
internacionalmente. Hoy día hay tres grandes problemas que exigen la acción
urgente de la comunidad internacional según se explica a continuación.
Desertificación
58.
La degradación de más de 1.000 millones de
hectáreas de tierra ha tenido un efecto devastador en el desarrollo de
muchas partes del mundo. Millones de personas se han visto obligadas a irse
de sus tierras puesto que la actividad agrícola y la vida nómada se han
vuelto insostenibles. Otros cientos de millones corren el riesgo de
convertirse en refugiados ambientales. Para combatir la desertificación, la
comunidad internacional debe apoyar y poner en práctica la Convención de las
Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación en los países afectados
por sequía grave o desertificación, en particular en África7.
Biodiversidad
59.
Otro grave problema es la pérdida de
biodiversidad, que ocurre a un ritmo sin precedentes y en todos los países.
Inquietante de suyo, esta tendencia socava profundamente la salud, los
medios de vida, la producción de alimentos y la disponibilidad de agua
potable, al tiempo que hace que aumente la vulnerabilidad de las poblaciones
a los desastres naturales y al cambio del clima. Si se quiere dar marcha
atrás a estas tendencias, todos los gobiernos deberían tomar medidas, a
título individual y colectivo, para dar cumplimiento al Convenio sobre la
Diversidad Biológica8
y al compromiso de Johannesburgo de alcanzar una reducción apreciable de la
tasa de pérdida de diversidad biológica para 20109.
Cambio climático
60.
Uno de los mayores
problemas para el medio ambiente y el desarrollo en el siglo
XXI será el de controlar y hacer frente al cambio climático. Una abrumadora
mayoría de científicos están ahora de acuerdo en que la actividad humana
tiene una repercusión considerable sobre el clima. Desde la revolución
industrial de mediados del siglo XVIII, las concentraciones de gases de
efecto invernadero en la atmósfera han aumentado de manera significativa, la
Tierra se ha calentado considerablemente y el nivel del mar se ha elevado
apreciablemente. Los años noventa fueron el decenio más cálido de que se
tiene constancia, produciéndose una disminución de los glaciares y de la
capa de hielo del Ártico. Está previsto que la concentración de gases de
efecto invernadero aumente aún más durante el próximo siglo, por lo que es
probable que el correspondiente aumento de la temperatura media de la
superficie terrestre provoque una mayor variabilidad climática y una mayor
incidencia e intensidad de fenómenos meteorológicos extremos como los
huracanes y las sequías. Los países más vulnerables a esos cambios: pequeños
Estados insulares en desarrollo, naciones ribereñas con una numerosa
población en las tierras bajas, y países de los trópicos y subtrópicos
áridos y semiáridos, son los menos capaces de protegerse a sí mismos.
También son los que menos contribuyen a las emisiones mundiales de gases de
efecto invernadero. Si no se toman medidas, pagarán un duro precio por las
actividades de los demás.
61.
La entrada en vigor en febrero de 2005 del
Protocolo de Kyoto10 de 1997 a la Convención Marco de las
Naciones Unidas sobre el Cambio Climático11 es un paso importante
para hacer frente al calentamiento de la Tierra, pero sólo es válido hasta
el año 2012. La comunidad internacional ha de acordar objetivos de
estabilización de las concentraciones de gases de efecto invernadero que
vayan más allá de esa fecha. Los adelantos científicos y las innovaciones
tecnológicas tienen un importante papel que desempeñar para paliar el cambio
climático y facilitar la adaptación a las nuevas condiciones. Hay que
movilizarlos ahora si queremos preparar a tiempo los instrumentos
necesarios. En particular, es preciso aumentar sustancialmente la
financiación de la investigación y el desarrollo de fuentes de energía
renovables, la gestión del carbono y la eficiencia energética. Deben
ampliarse mecanismos tales como los mercados de comercio de carbono. Como se
acordó en Johannesburgo, la responsabilidad primordial de paliar el cambio
climático y otras modalidades insostenibles de producción y consumo incumbe
a los países que más contribuyen a agravar los problemas. Debemos
desarrollar un marco internacional más integrador que vaya más allá del año
2012, con una mayor participación de todos los principales emisores y de los
países desarrollados y en desarrollo, para definir medidas concertadas a
nivel mundial, inclusive mediante la innovación tecnológica, que permitan
paliar el cambio climático, teniendo en cuenta el principio de las
responsabilidades comunes pero diferenciadas.
E. Otras actividades prioritarias a nivel
mundial
62.
Para abordar las necesidades más generales del
desarrollo también es preciso adoptar medidas en algunos otros ámbitos que
se indican a continuación.
Vigilancia y control de las
enfermedades infecciosas
63.
La reacción internacional a las nuevas
pandemias ha sido escandalosamente lenta y los recursos disponibles son
vergonzosamente insuficientes. La malaria sigue haciendo estragos en todas
las regiones tropicales, pese a la disponibilidad de medidas muy eficaces de
prevención y tratamiento. Muchas enfermedades infecciosas que azotan a los
países en desarrollo, en particular el VIH/SIDA y la tuberculosis,
constituyen hoy un grave peligro para el mundo entero, sobre todo por la
aparición de cepas resistentes a la medicación. Tanto las enfermedades
infecciosas conocidas como las nuevas requieren una respuesta internacional
concertada. El brote del síndrome respiratorio agudo y grave (SARS) en 2003
llamó la atención sobre el hecho de que incluso los vuelos de largo
recorrido son más breves que los períodos de incubación de muchas
enfermedades infecciosas, de manera que cualquiera de los 700 millones de
pasajeros que viajan cada año en vuelos internacionales puede ser portador
de la enfermedad sin saberlo.
64.
La rápida respuesta al SARS también demostró
que la propagación de las enfermedades infecciosas puede contenerse cuando
instituciones mundiales eficaces como la Organización Mundial de la Salud
(OMS) trabajan en estrecha colaboración con organismos sanitarios nacionales
adecuados e instituciones técnicas experimentadas. Ningún Estado podría
haber realizado esa labor de contención por sí solo. A fin de reforzar
los mecanismos existentes para una cooperación internacional rápida y
eficaz, pido a los Estados Miembros que acuerden revisar el Reglamento
Sanitario Internacional en la Asamblea Mundial de la Salud que va a
celebrarse en mayo del presente año. A fin de prevenir nuevos brotes,
deberían proporcionarse también más recursos a la Red Mundial de Alerta y
Respuesta ante Brotes Epidémicos de la OMS, de manera que pueda coordinar la
reacción de una amplia alianza internacional de apoyo a los sistemas
nacionales de vigilancia y respuesta sanitaria.
Desastres naturales
65.
Los efectos devastadores del maremoto del
Océano Índico nos ha recordado a todos cuán vulnerable es la vida humana a
las catástrofes naturales y también las consecuencias desproporcionadas que
éstas tienen para las poblaciones pobres. Si no se emprenden iniciativas
enérgicas para hacer frente a la pérdida de vidas humanas, medios de
subsistencia e infraestructuras, los desastres naturales serán un obstáculo
cada vez más grave para el logro de los objetivos de desarrollo del Milenio.
En la Conferencia Mundial sobre la Reducción de los Desastres Naturales,
celebrada a principios de 2005, se aprobó el Marco de Acción de Hyogo para
2005-2015, en el que se indican objetivos estratégicos y prioridades para
reducir el riesgo de desastres naturales en los 10 próximos años. Debemos
proceder ahora a su aplicación.
66.
Los países de la región del Océano Índico, con
la ayuda de las Naciones Unidas y otras entidades, están adoptando medidas
para establecer un sistema regional de alerta en caso de maremotos. No
olvidemos, sin embargo, los demás peligros a que están expuestas las
poblaciones de todas las regiones del mundo: tormentas, inundaciones,
sequías, desprendimientos de tierras, olas de calor y erupciones volcánicas.
Para complementar las iniciativas generales de preparación en caso de
desastre y mitigación de sus efectos, recomiendo el establecimiento de un
sistema mundial de alerta temprana para todas las catástrofes naturales,
basado en la capacidad nacional y regional existente. Para contribuir a
esta tarea, solicitaré a la secretaría de la Estrategia Internacional para
la Reducción de los Desastres que
coordine un estudio de las
capacidades y lagunas existentes, en cooperación con todas las entidades
interesadas del sistema de las Naciones Unidas, y espero con interés
sus conclusiones y recomendaciones. Cuando se produce un desastre
necesitamos también
mejores sistemas para dar una respuesta rápida y proporcionar socorro humanitario
inmediato, como se examina en la sección V infra.
Ciencia y tecnología para el
desarrollo
67.
Para impulsar el crecimiento económico y
permitir a los países en desarrollo encontrar soluciones a sus propios
problemas, se requiere una considerable intensificación de los esfuerzos
mundiales en apoyo de la investigación y el desarrollo con objeto de atender
a las necesidades especiales de las poblaciones pobres en los sectores de la
salud, la agricultura, la ordenación de los recursos naturales y el medio
ambiente, la energía y el clima. Debería haber
dos prioridades especiales: organizar una importante iniciativa mundial de
investigación de las enfermedades tropicales y prestar mayor apoyo al Grupo
Consultivo sobre Investigaciones Agrícolas Internacionales (GCIAI), para que
realice investigaciones sobre la agricultura tropical.
68.
Las tecnologías de la información y las
comunicaciones pueden contribuir de manera significativa al logro de los
objetivos de desarrollo del Milenio. Para aprovechar plenamente el potencial
de esas tecnologías tenemos que cerrar la brecha digital, por ejemplo
mediante mecanismos voluntarios de financiación, como el reciente Fondo de
Solidaridad Digital.
Infraestructura e instituciones
regionales
69.
La infraestructura regional y la cooperación
para la formulación de políticas son fundamentales para apoyar el desarrollo
económico, en particular cuando se trata de ayudar a países en desarrollo
sin litoral o pequeños Estados insulares, que necesitan una asistencia
especial. Pero también necesitan asistencia otros países que simplemente
están poco poblados, o dependen de sus vecinos para el transporte, la
alimentación, el abastecimiento de agua o la energía. Los donantes
internacionales deben apoyar la cooperación regional para abordar estos
problemas y los países en desarrollo deben convertir esa cooperación en
parte integrante de sus estrategias nacionales. Esto no sólo debería abarcar
la cooperación económica sino también incluir mecanismos para dialogar y
llegar a un consenso sobre las políticas regionales, como por ejemplo el
Mecanismo de Examen entre los Propios Países Africanos y la Nueva Alianza
para el Desarrollo de África (NEPAD).
Instituciones mundiales
70.
Las instituciones financieras internacionales
son fundamentales para fomentar el desarrollo en todo el mundo y lograr los
objetivos de desarrollo del Milenio. Las aliento a que procuren que los
programas nacionales sean suficientemente ambiciosos para alcanzar dichos
objetivos. Además, estas instituciones y quienes las integran deberían
estudiar qué cambios podrían introducir para reflejar mejor las
transformaciones que se han producido en la economía política mundial desde
1945. Eso debería hacerse en el contexto del Consenso de Monterrey para
ampliar y reforzar la participación de los países en desarrollo y los países
en transición en la adopción de decisiones y normas económicas
internacionales. Las instituciones de Bretton Woods han tomado ya algunas
medidas para dar mayor voz y participación a los países en desarrollo. Pero
se necesitan iniciativas más ambiciosas para superar el punto de vista muy
extendido entre los países en desarrollo de que están menos representados de
lo que debieran en ambos órganos, lo que a su vez tiende a poner en duda su
legitimidad.
Migraciones
71.
Hoy en día el número de personas que viven
fuera de sus países de origen es mayor que en ningún otro momento de la
historia y se prevé que en el futuro ese número irá en aumento. Las
migraciones ofrecen muchas oportunidades: para los propios migrantes, para
los países que reciben una mano de obra más joven y también —sobre todo
gracias a las remesas de fondos, que han registrado un aumento espectacular
en los últimos años— para sus países de origen. Pero también plantea muchos
y complejos problemas. Puede contribuir al mismo tiempo a que haya desempleo
en una determinada región o sector y escasez de mano de obra y “fuga de
cerebros” en otra. Si no se regula con cuidado, puede provocar también
fuertes tensiones sociales y políticas. Todavía no se comprenden bien las
repercusiones de esas tendencias, pero creo que el informe de la Comisión
Mundial sobre las Migraciones
Internacionales, que espero
recibir este mismo año 2005, nos dará alguna orientación
útil. El diálogo de alto nivel que va a celebrar sobre este tema la Asamblea
General en 2006 ofrecerá una importante oportunidad para abordar las
difíciles cuestiones planteadas.
F. El desafío de la ejecución
72.
En 2005 la tarea urgente es cumplir plenamente
los compromisos ya contraídos y hacer funcionar debidamente la estructura ya
establecida. Los principios de responsabilidad mutua y rendición mutua de
cuentas en que se basaba el Consenso de Monterrey son válidos y deben
traducirse en hechos. La cumbre de septiembre debe producir un pacto para la
acción, suscrito por todas las naciones y por el que todas puedan ser
juzgadas. Los objetivos de desarrollo del Milenio deben dejar de ser blancos
móviles a los que se hace referencia ocasionalmente para medir los progresos
realizados. Antes bien, deben configurar cada día tanto las estrategias
nacionales como la asistencia internacional. Si no logramos un avance
decisivo y audaz en 2005 que siente las bases de una rápida profesión en los
próximos años, no alcanzaremos los objetivos fijados. No debemos llamarnos a
engaño acerca del costo de dejar pasar esta oportunidad: se perderán
millones de vidas humanas que podrían haberse salvado, se negarán muchas
libertades que podrían haberse conseguido, y viviremos en un mundo más
peligroso e inestable.
73.
De igual modo, el desarrollo se verá en el
mejor de los casos obstaculizado y en el peor anulado en un mundo desgarrado
por los conflictos violentos o paralizado por el temor al terrorismo y a las
armas de destrucción en masa, o en el que los derechos humanos serán
pisoteados, el imperio de la ley menospreciado y las opiniones y necesidades
de los ciudadanos ignoradas por gobiernos insensibles y nada
representativos. Por consiguiente, es fundamental realizar progresos en las
cuestiones tratadas en las secciones III y IV que figuran a continuación, a
fin de lograr los objetivos que acabamos de exponer, de la misma manera que
el desarrollo es en sí mismo un soporte indispensable para la seguridad a
largo plazo, los derechos humanos y el imperio de la ley.
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Recuadro 4
Las necesidades especiales de África |
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Los problemas examinados en este informe
tienen una dimensión mundial y las soluciones también deben adoptarse a
nivel mundial. Sin embargo todos ellos afectan a África de una manera
desproporcionada. Si queremos lograr soluciones realmente globales,
debemos reconocer las necesidades especiales de África, como hicieron
los dirigentes mundiales en la Declaración del Milenio. Desde las
medidas para
alcanzar los objetivos de desarrollo del Milenio hasta el fomento de la
capacidad colectiva para consolidar la paz y reforzar a los Estados, las
necesidades especiales de África ocupan un lugar central en cada una de
las partes del presente informe. |
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Se han registrado algunos acontecimientos
positivos en África durante los cinco últimos años. Actualmente, son más
los Estados africanos con gobiernos democráticamente elegidos que en
ningún otro momento de la historia y el número de golpes militares en el
continente ha disminuido de manera significativa. Se han resuelto
algunos conflictos de larga data, como los de Angola y Sierra Leona.
Desde Uganda hasta Mozambique, muchos países experimentan una
recuperación económica y social rápida y sostenida. Y en todo el
continente la gente normal y corriente se organiza y deja oír su voz. |
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Y sin embargo gran parte de África, sobre
todo al sur del Sáhara, sigue sufriendo los trágicos efectos de los
conflictos violentos y persistentes, la extrema pobreza y la enfermedad.
Unos 2,8 millones de refugiados, y la mitad de los 24,6 millones de
personas internamente desplazadas que hay en el mundo, son víctimas de
los conflictos y los trastornos de África. África sigue yendo a la zaga
del resto de los países en desarrollo en el logro de los objetivos de
desarrollo del Milenio. Unas tres cuartas partes de las muertes por SIDA
que se producen cada año en el mundo tienen lugar en África, donde las
mujeres son las más afectadas. La elevada prevalencia del VIH/SIDA en
muchos países africanos no sólo es una tragedia humana sino también un
importante obstáculo para el desarrollo. Del millón o más de personas
que la malaria mata cada año en todo el mundo, alrededor del 90% mueren
en el África subsahariana, en su mayor parte niños menores de 5 años.
Gran parte del África subsahariana sigue haciendo frente a una
combinación de elevados gastos de transporte y mercados pequeños, una
escasa productividad agrícola, el enorme peso de las enfermedades y la
lenta difusión de la tecnología procedente del extranjero. Por todo ello
está especialmente expuesta a la pobreza persistente. |
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Hoy en día los Estados africanos abordan
estos problemas con renovada energía y determinación. Están adoptando
estrategias de desarrollo más sólidas para alcanzar los objetivos de
desarrollo del Milenio para el año 2015. África está construyendo una
nueva estructura institucional, de la que forman parte la Unión Africana
y la Nueva Alianza para el Desarrollo de África, que sirva para
prevenir, contener y resolver los conflictos violentos, promover el buen
gobierno y la democracia, y crear las condiciones adecuadas para que la
economía crezca y prospere de manera sostenible. |
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Como la Comisión para África establecida por
el Reino Unido informó en marzo de 2005, los dirigentes y los pueblos
africanos necesitarán el apoyo especial del resto del mundo para que
esas iniciativas pioneras tengan éxito. La comunidad
internacional debe
responder a esta necesidad. Debe prestar apoyo tangible y sostenido a
los países africanos y a sus organizaciones regionales y subregionales,
en un espíritu de colaboración y solidaridad. Esto significa cumplir los
compromisos existentes y necesarios de alivio de la deuda, apertura de
mercados, e incremento notable de la asistencia oficial para el
desarrollo. También significa aportar tropas para las operaciones de
mantenimiento de la paz y reforzar la capacidad de los Estados africanos
para garantizar la seguridad de sus ciudadanos y satisfacer sus
necesidades. |
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III. Libertad para vivir sin
temor
74.
Si bien, en la esfera del desarrollo, tenemos
dificultades de ejecución, en lo que respecta a la seguridad, a pesar de la
amenaza que muchos sienten que se cierne sobre nosotros, carecemos del
consenso más elemental y cuando se actúa, esta actuación es muy a menudo
objeto de controversia.
75.
Salvo que podamos llegar a una evaluación
común de esas amenazas y a coincidir en la manera de entender nuestras
obligaciones para afrontarlas, las Naciones Unidas tardarán en dar seguridad
a todos sus miembros y a la población mundial. En el mejor de los casos tan
sólo tendremos una capacidad parcial para ayudar a quienes anhelan la
libertad para vivir sin temor.
A. Una manera de enfocar la seguridad
colectiva
76.
En noviembre de 2003, alarmado ante la falta
de acuerdo entre los Estados Miembros acerca del papel que debían desempeñar
las Naciones Unidas en materia de seguridad colectiva, o incluso acerca del
carácter de las amenazas más inminentes que debemos afrontar, establecí un
Grupo de alto nivel sobre las amenazas, los desafíos y el cambio. Dicho
grupo presentó su informe: “Un mundo más seguro: la responsabilidad que
compartimos” (A/59/565), en diciembre de 2004.
77.
Hago mía plenamente la visión general expuesta
por el informe y sus argumentos en favor de un concepto más amplio de la
seguridad colectiva: que afronte las nuevas y las viejas amenazas y que
tenga en cuenta los intereses de todos los Estados en materia de seguridad.
Creo que este concepto puede superar las discrepancias entre ideas
divergentes de la seguridad y darnos la orientación necesaria para afrontar
los dilemas de hoy en día.
78.
Entre las amenazas a la paz y la seguridad en
el siglo XXI figuran no sólo la guerra y los conflictos internacionales,
sino los disturbios civiles, la delincuencia organizada, el terrorismo y las
armas de destrucción en masa. También se incluyen la pobreza, las
enfermedades infecciosas mortales y la degradación del medio ambiente, ya
que también éstas pueden tener consecuencias catastróficas. Todas estas
amenazas pueden ser mortales o reducir gravemente las posibilidades de vida.
Todas ellas pueden socavar a los Estados como unidades básicas del sistema
internacional.
79.
Según la riqueza, la geografía y el poder,
consideramos que diferentes amenazas son las más acuciantes. Pero la verdad
es que no podemos permitirnos el lujo de elegir. Hoy en día la seguridad
colectiva depende de que se acepte que las amenazas que cada región del
mundo considera más urgentes tienen de hecho la misma urgencia para todos.
80.
En nuestro mundo globalizado, las amenazas que
debemos afrontar están interconectadas. Los ricos son vulnerables a las
mismas amenazas que afectan a los pobres, y los fuertes son vulnerables a
los débiles, y viceversa. Un ataque terrorista nuclear contra los Estados
Unidos o Europa tendría efectos devastadores para todo el mundo. Lo mismo
puede decirse de la aparición de una nueva pandemia virulenta en un país
pobre sin un sistema de atención de salud eficaz.
81.
En vista de esta interconexión de las amenazas
debemos alcanzar un nuevo consenso en materia de seguridad, cuyo primer
artículo ha de ser que todos tenemos derecho a vivir libres de temor y que
todo lo que amenaza a uno amenaza a todos. Una vez comprendido esto, no
tenemos otra opción que afrontar toda la serie de amenazas existentes.
Debemos responder al VIH/SIDA con la misma decisión que al terrorismo, y a
la pobreza con la misma eficacia que a la proliferación de armamentos.
Debemos esforzarnos por igual para eliminar la amenaza de las armas pequeñas
y ligeras que para eliminar el peligro que representan las armas de
destrucción en masa. Además, debemos hacer frente a todos esos peligros de
manera preventiva, actuando con suficiente antelación con toda la panoplia
de instrumentos a nuestra disposición.
82.
Tenemos que conseguir que los Estados cumplan
los tratados de seguridad que han firmado, de manera que todos puedan seguir
recibiendo sus beneficios. Una vigilancia más sistemática, una ejecución más
efectiva y, en caso necesario, una aplicación más enérgica son fundamentales
para que los Estados confíen en los mecanismos multilaterales y los utilicen
para evitar los conflictos.
83.
Estas no son cuestiones teóricas, sino de
vital urgencia. Si no llegamos a un consenso este año, y empezamos a actuar
en consecuencia, quizás no tengamos otra oportunidad. Este año o nunca
debemos transformar las Naciones Unidas en un instrumento eficaz de
prevención de conflictos, que es la función para la que fueron concebidas,
adoptando medidas acerca de varias prioridades políticas e institucionales
fundamentales.
84.
Debemos actuar para impedir que el terrorismo
catastrófico llegue a ser realidad. Para ello se requerirá una nueva
estrategia mundial, cuyo punto de partida es que los Estados Miembros
acuerden una definición de terrorismo y la incluyan en una convención
general. También será preciso que todos los Estados firmen, ratifiquen,
apliquen y cumplan las convenciones generales contra la delincuencia
organizada y la corrupción. Y se requerirá de ellos el compromiso de adoptar
medidas urgentes para impedir que las armas nucleares, químicas y biológicas
caigan en manos de grupos terroristas.
85.
Debemos revitalizar nuestros marcos
multilaterales para afrontar las amenazas de las armas nucleares, biológicas
y químicas. La amenaza de estas armas no se limita a su utilización por
terroristas. La existencia de instrumentos multilaterales para promover el
desarme e impedir la proliferación entre los Estados ha sido central para el
mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales desde que se
acordaron esos instrumentos. Pero ahora corren peligro de erosión. Hay que
revitalizarlos para garantizar un progreso constante en el desarme y hacer
frente al creciente peligro de una espiral de proliferación, especialmente
en el terreno nuclear.
86.
Hemos de seguir reduciendo la prevalencia y el
riesgo de guerras. Para ello hay que hacer hincapié en los procedimientos
esbozados en la sección II de este informe y en el fortalecimiento de los
instrumentos para prestar el apoyo militar y civil necesario para prevenir y
poner fin a las guerras y construir una paz sostenible. Las inversiones en
prevención, establecimiento, mantenimiento y consolidación de la paz pueden
salvar millones de vidas. Si a principio de los años noventa se hubieran
aplicado con éxito dos acuerdos de paz: el de Bicesse en Angola y el de
Arusha en Rwanda, podríamos haber evitado la muerte de casi 3 millones de
personas.
B. Prevención del terrorismo catastrófico
Terrorismo transnacional
87.
El terrorismo es una amenaza para todo lo que
las Naciones Unidas representan: el respeto de los derechos humanos; el
imperio de la ley; la protección de los civiles; la tolerancia entre los
pueblos y las naciones; y la solución pacífica de los conflictos. Es una
amenaza que se ha hecho cada vez más acuciante durante los cinco últimos
años. Redes transnacionales de grupos terroristas pueden actuar a escala
mundial y hacer causa común para constituir una amenaza universal. Esos
grupos desean adquirir armas nucleares, biológicas y químicas y causar un
gran número de víctimas. Uno solo de esos ataques, y la concatenación de
acontecimientos que pondría en marcha, podría cambiar nuestro mundo para
siempre.
88.
Nuestra estrategia contra el terrorismo ha de
ser global y basarse en cinco puntos fundamentales: hay que intentar
convencer a la gente de que no recurra al terrorismo ni lo apoye; se debe
negar a los terroristas el acceso a fondos y materiales; hay que convencer a
los Estados para no patrocinen el terrorismo; debe desarrollarse la
capacidad de los Estados para derrotar al terrorismo; y hay que defender los
derechos humanos. Insto a los Estados Miembros y a las organizaciones de
la sociedad civil de todo el mundo a que se sumen a esa estrategia.
89.
Es preciso
adoptar urgentemente varias medidas que se describen a continuación.
90.
Debemos convencer a todos aquellos que puedan
sentirse tentados a apoyar el terrorismo de que no es un medio aceptable ni
eficaz para hacer avanzar su causa. Pero la autoridad moral de las Naciones
Unidas y su fuerza para condenar el terrorismo se han visto afectadas por la
incapacidad de los Estados Miembros de acordar un convenio general que
incluya una definición de este fenómeno.
91.
Ya es hora de dejar de lado los debates sobre
el denominado “terrorismo de Estado”. El uso de la fuerza por los Estados
está ya totalmente reglamentado por el derecho internacional. Y el derecho a
resistir a la ocupación debe entenderse en su
auténtico significado. No puede
incluir el derecho a asesinar o mutilar deliberadamente a civiles. Hago
plenamente mío el llamamiento del Grupo de alto nivel para que se adopte una
definición de terrorismo que deje claro que, además de las acciones ya
prohibidas por las convenciones existentes, constituye terrorismo toda
acción encaminada a causar la muerte o un grave daño corporal a civiles o no
combatientes con el fin de intimidar a la población u obligar a un Gobierno
o una organización internacional a hacer o dejar de hacer alguna cosa.
Creo que esta propuesta tiene
una fuerza moral clara e insto
encarecidamente a los dirigentes mundiales
a unirse para sostenerla y concertar un convenio general sobre el terrorismo
antes del final del sexagésimo período de sesiones de la Asamblea General.
92.
Es vital negar a los terroristas el acceso a
materiales nucleares. Eso quiere decir que hay que concentrar, poner a buen
recaudo y, en lo posible, eliminar los materiales peligrosos, y aplicar
controles efectivos a las exportaciones. Si bien el Grupo de los Ocho Países
más Industrializados y el Consejo de Seguridad han adoptado importantes
medidas en este sentido, tenemos que asegurarnos de que esas medidas se
apliquen íntegramente y se refuercen mutuamente. Insto a los Estados
Miembros a que ultimen, sin demora, un convenio internacional para la
represión de los actos de terrorismo nuclear.
93.
La amenaza del terrorismo biológico es
distinta de la del terrorismo nuclear. Pronto habrá miles de laboratorios en
todo el mundo capaces de producir microorganismos de diseño con un poder
letal pavoroso. Nuestra mejor defensa ante este peligro radica en reforzar
la salud pública, y las recomendaciones formuladas en este sentido en la
sección II del presente informe tienen una doble función: contribuirían a
hacer frente al azote de las enfermedades infecciosas naturales y
reforzarían nuestra seguridad en caso de brotes causados por el hombre. Al
comprometernos a reforzar los sistemas locales de salud, tarea que nos
ocupará durante una generación, debemos asegurarnos también de que nuestra
respuesta global actual sea apropiada. La Red Mundial de Alerta y Respuesta
ante Brotes Epidémicos de la Organización Mundial de la Salud ha realizado
un impresionante trabajo vigilando y respondiendo a brotes de enfermedades
infecciosas mortales, de origen natural o sospechoso. Pero lo ha hecho con
muy pocos medios. Insto a los Estados Miembros a proporcionarle los
recursos que necesita para hacer este trabajo a fondo, en el interés de
todos nosotros.
94.
Los terroristas no responden ante nadie. Por
otra parte, nosotros no debemos perder de vista que hemos de rendir cuentas
a los ciudadanos de todo el mundo. En nuestra lucha contra el terrorismo, no
hemos de poner nunca en peligro los derechos humanos. Si lo hacemos,
facilitamos el logro de uno de los objetivos de los terroristas. Si
abdicamos de nuestros principios morales, provocamos tensiones, odios y
desconfianza en los gobiernos precisamente entre esas partes de la población
en que los terroristas esperan reclutar a sus colaboradores. Insto a los
Estados Miembros a nombrar a un relator especial que informe a la Comisión
de Derechos Humanos sobre la compatibilidad de las medidas contra el
terrorismo con las normas internacionales de derechos humanos.
Delincuencia organizada
95.
La amenaza del terrorismo está estrechamente
relacionada con la de la delincuencia organizada, que va en aumento y afecta
a la seguridad de todos los Estados. La delincuencia organizada contribuye a
debilitar a los Estados, obstaculiza el crecimiento económico, alimenta
muchas guerras civiles, socava regularmente las iniciativas de consolidación
de la paz de las Naciones Unidas y proporciona mecanismos de financiación a
los grupos terroristas. Los grupos de delincuentes organizados tienen
también un gran papel en el contrabando ilegal de migrantes y en el tráfico
de armas de fuego.
96.
En los últimos años, las Naciones Unidas han
realizado importantes progresos en la construcción de una estructura de
normas y criterios internacionales para la lucha contra la delincuencia
organizada y la corrupción, con la aprobación o la entrada en vigor de
varias e importantes convenciones y protocolos. Sin embargo, muchos de los
Estados partes en esos tratados no los han aplicado debidamente, a veces
porque carecían realmente de la capacidad para ello. Todos los Estados
deberían ratificar y aplicar estas convenciones, ayudándose mutuamente a
reforzar sus sistemas internos de justicia penal e imperio de la ley. Y los
Estados Miembros deberían facilitar recursos suficientes a la Oficina de las
Naciones Unidas contra la Droga y el Delito por el papel crucial que
desempeña al supervisar la aplicación de las convenciones.
C. Armas nucleares, biológicas y químicas
97.
Las iniciativas multilaterales para controlar
los peligros de la tecnología nuclear y aprovechar al mismo tiempo sus
ventajas son casi tan antiguas como las propias Naciones Unidas. El Tratado
sobre la no proliferación de las armas nucleares12, que cumple 35
años este mes, ha resultado ser indispensable: no sólo ha reducido el
peligro nuclear, sino que ha demostrado el valor de los acuerdos
multilaterales para salvaguardar la paz y la seguridad internacionales. Pero
hoy en día se ha producido la primera retirada de una de las partes en el
Tratado, que debe hacer frente a una crisis de confianza y aplicación
derivada de las crecientes dificultades para su verificación y ejecución. La
Conferencia de Desarme, por su parte, se encuentra sumida en una crisis en
que debe demostrar su utilidad, debido en parte a los procedimientos
disfuncionales de adopción de decisiones y a la consiguiente parálisis que
provocan.
98.
Es esencial lograr progresos tanto en el
desarme como en la no proliferación y ninguna de esas iniciativas debería
ser rehén de la otra. Deberían conocerse las recientes medidas adoptadas en
favor del desarme por los Estados poseedores de armas nucleares. Algunos
acuerdos bilaterales, como el Tratado sobre las reducciones de las armas
estratégicas ofensivas de 2002 firmado por los Estados Unidos de América y
la Federación de Rusia, han conducido al desmantelamiento de miles de armas
nucleares y a nuevos compromisos de seguir reduciendo drásticamente los
arsenales. Sin embargo, la condición especial de los Estados poseedores
de armas nucleares entraña también una responsabilidad única, y éstos
tienen que hacer más, limitándose no sólo a nuevas reducciones de sus
arsenales de armas nucleares no estratégicas, sino intentando concertar
acuerdos de control de armamentos que entrañen no sólo medidas de
desmantelamiento sino la irreversibilidad de esas medidas. Deberían
reafirmar también su compromiso de respetar las garantías negativas de
seguridad. Es esencial la rápida negociación de un tratado que prohíba la
producción de material fisionable. Asimismo debe mantenerse la moratoria de
los ensayos nucleares hasta que podamos lograr que entre en vigor el Tratado
de prohibición completa de los ensayos nucleares. Aliento encarecidamente a
los Estados partes en el Tratado sobre la no proliferación de las armas
nucleares a que ratifiquen estas medidas en la Conferencia de Examen de 2005.
99.
La difusión de la tecnología nuclear ha
exacerbado una antigua tensión dentro del régimen de no proliferación
nuclear, derivada del simple hecho de que la tecnología necesaria para
obtener combustible nuclear para usos civiles puede utilizarse también para
fabricar armas nucleares. Las medidas para paliar esta tensión deben hacer
frente a los peligros de la proliferación nuclear, pero también tener en
cuenta las importantes aplicaciones de la tecnología nuclear para el medio
ambiente, la energía, la economía y la investigación. En primer lugar,
debe reforzarse la facultad de verificación del Organismo Internacional de
Energía Atómica (OIEA) mediante la adopción universal del Modelo de
Protocolo Adicional. En segundo lugar, si bien no debe restringirse
el acceso de los Estados no poseedores de armas nucleares a los beneficios
de la tecnología nuclear, debemos concentrarnos en crear incentivos
para que los Estados renuncien voluntariamente al desarrollo de su capacidad
interna de enriquecimiento del uranio y separación del plutonio,
garantizando al mismo tiempo el suministro del combustible necesario para
usos pacíficos. Una posible opción consistiría en que el OIEA actuara de
garante para el suministro de material fisionable a precios de mercado a los
usuarios de energía nuclear con fines civiles.
100.
Si bien el Tratado sobre la no proliferación
de las armas nucleares sigue siendo el fundamento del régimen de no
proliferación, deberíamos acoger favorablemente las recientes iniciativas
para suplementarlo. Entre ellas figura la resolución 1540 (2004) del Consejo
de Seguridad, concebida para impedir que agentes no estatales tengan acceso
a armas, tecnología y materiales nucleares, químicos y biológicos y sus
vectores; y la Iniciativa de lucha contra la proliferación, de carácter
voluntario, según la cual son cada vez más los Estados que cooperan para
impedir el tráfico ilícito de armas nucleares, biológicas y químicas.
101.
La disponibilidad de misiles balísticos de
mayor alcance y precisión preocupa cada vez más a muchos Estados, al igual
que la difusión de misiles portátiles que podrían ser utilizados por
terroristas. Los Estados Miembros deberían adoptar controles eficaces de
las exportaciones nacionales de misiles y otros vectores de armas nucleares,
biológicas y químicas, cohetes, y misiles portátiles, así como la
prohibición de transferir todos estos materiales a agentes no estatales.
El Consejo de Seguridad debería considerar también la posibilidad de aprobar
una resolución encaminada a dificultar la adquisición o el uso de misiles
portátiles por parte de terroristas.
102.
Deberían consolidarse los progresos
realizados. En la Convención sobre la prohibición del desarrollo, la
producción, el almacenamiento y el empleo de armas químicas y sobre su
destrucción13 de 1997 se pide la completa eliminación y
destrucción de las armas químicas por todos los Estados partes, ofreciéndose
de este modo una oportunidad histórica para completar una tarea iniciada
hace más de un siglo. Los Estados partes en la Convención sobre las armas
químicas deberían renovar su compromiso de lograr la destrucción prevista de
los arsenales declarados de armas químicas. Pido a todos los Estados que se
adhieran inmediatamente a la Convención.
103.
La Convención sobre la prohibición del
desarrollo, la producción y el almacenamiento de armas bacteriológicas
(biológicas) y toxínicas y sobre su destrucción14 de 1975 ha
gozado de un notable grado de apoyo y adhesión y se ha visto reforzada en
las recientes reuniones anuales. Los Estados partes deberían consolidar
los resultados de esas reuniones en la Conferencia de Examen de 2006 y
comprometerse a adoptar nuevas medidas para reforzar la Convención sobre las
armas biológicas y toxínicas. Pido también a todos los Estados que se
adhieran inmediatamente a dicha Convención y que aumenten la transparencia
de sus programas de defensa biológica.
104.
Se necesitan nuevas iniciativas para reforzar
el régimen de seguridad biológica. Debería reforzarse la capacidad del
Secretario General de investigar el uso sospechoso de agentes biológicos,
según lo autorizado por la Asamblea General en su resolución 42/37, a fin de
incorporar las tecnologías y conocimientos más recientes; y el Consejo de
Seguridad debería hacer uso de esa capacidad, en consonancia con su
resolución 620 (1988).
105.
Ciertamente, el Consejo de Seguridad debería
estar mejor informado sobre todas las cuestiones relacionadas con las
amenazas nucleares, químicas y biológicas. Aliento al Consejo a que invite
regularmente al Director General del OIEA y al Director General de la
Organización para la Prohibición de las Armas Químicas a que le informen
sobre la situación de las salvaguardias y los procesos de verificación. Yo
mismo estoy dispuesto, en consulta con el Director General de la
Organización Mundial de la Salud, a hacer uso de la facultad que me confiere
el Artículo 99 de la Carta de las Naciones Unidas para señalar a la atención
del Consejo de Seguridad cualquier grave brote de enfermedades infecciosas
que ponga en peligro la paz y la seguridad internacionales.
D. Reducción del riesgo y la prevalencia de
la guerra
106.
No hay tarea más fundamental para las Naciones
Unidas que la prevención y resolución de los conflictos armados. La
prevención, en particular, debe ocupar un lugar central en todos nuestros
esfuerzos: desde la lucha contra la pobreza y el fomento del desarrollo
sostenible; pasando por el fortalecimiento de la capacidad de los países
para gestionar los conflictos, la promoción de la democracia y el imperio de
la ley, y la reducción de la difusión de armas pequeñas y ligeras; hasta la
dirección de actividades operacionales de prevención, como el uso de buenos
oficios, las misiones del Consejo de Seguridad y los despliegues preventivos
de contingentes.
107.
Los Estados Miembros deben procurar que las
Naciones Unidas tengan la estructura apropiada y recursos suficientes para
realizar estas tareas vitales.
Mediación
108.
Aunque es difícil de demostrar, casi con toda
seguridad las Naciones Unidas han evitado muchas guerras utilizando los
“buenos oficios” del Secretario General para ayudar a resolver conflictos de
manera pacífica. Durante los 15 últimos años, más guerras civiles han
terminado gracias a la mediación que en los dos siglos anteriores, en gran
parte porque las Naciones Unidas han proporcionado liderazgo, oportunidades
de negociación, coordinación estratégica y recursos para aplicar los
acuerdos de paz. Pero sin duda podríamos salvar muchas más vidas si
tuviéramos la capacidad y el personal necesarios. Insto a los Estados
Miembros a que asignen más recursos al Secretario General para que pueda
hacer valer sus buenos oficios.
Sanciones
109.
Las sanciones son un instrumento vital de que
dispone el Consejo de Seguridad para hacer frente preventivamente a las
amenazas a la paz y la seguridad internacionales. Ocupan un espacio
intermedio y necesario entre la guerra y las palabras. En algunos casos las
sanciones pueden ayudar a lograr acuerdos. En otros, pueden combinarse con
la presión militar para debilitar y aislar a grupos rebeldes o a Estados que
violan de manera flagrante las resoluciones del Consejo de Seguridad.
110.
La utilización de sanciones económicas y
diplomáticas y de restricción de armamentos, vuelos, viajes y productos
básicos contra determinadas partes beligerantes, en particular las personas
más directamente responsables de aplicar políticas censurables, seguirán
siendo un instrumento vital en el arsenal de las Naciones Unidas. Todas
las sanciones del Consejo de Seguridad deberían aplicarse y
ejecutarse de manera efectiva reforzando la capacidad de los Estados de
aplicar sanciones, estableciendo mecanismos de vigilancia bien dotados de
recursos y paliando las consecuencias humanitarias. En vista de las
difíciles circunstancias en que a menudo se aplican las sanciones, y de la
experiencia adquirida en los últimos años, los futuros regímenes de
sanciones deben estructurarse con sumo cuidado a fin de reducir al mínimo el
sufrimiento que se causa a terceros inocentes —incluida la población civil
de los Estados objeto de las sanciones— y proteger la integridad de los
programas e instituciones interesados.
Mantenimiento de la paz
111.
A lo largo de los decenios, las Naciones
Unidas han hecho mucho para estabilizar las zonas de conflicto, y
aproximadamente en los 15 últimos años también para ayudar a los países a
salir de los conflictos, mediante el despliegue de fuerzas de mantenimiento
de la paz. Desde la publicación del informe del Grupo sobre las Operaciones
de Paz de las Naciones Unidas (A/55/305-S/2000/809, anexo), que dio lugar a
importantes reformas de la gestión de nuestras operaciones de mantenimiento
de la paz, la renovada confianza de los Estados Miembros en las actividades
de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas ha provocado un enorme
aumento de la demanda, con el resultado de que en la actualidad las Naciones
Unidas tienen el mayor número de misiones sobre el terreno de toda su
historia. La mayoría de ellas están en África, donde —lamento decir— los
países desarrollados son cada vez más reacios a aportar contingentes. Por
este motivo, estamos trabajando al límite de nuestras posibilidades.
112.
Hago un llamamiento a los Estados Miembros
a fin de que hagan lo posible para que las Naciones Unidas dispongan de una
capacidad efectiva de mantenimiento de la paz acorde con lo que se les exige.
En particular, les insto a que mejoren nuestras opciones de despliegue
creando reservas estratégicas que puedan utilizarse rápidamente, en el marco
de las disposiciones de las Naciones Unidas. Las Naciones Unidas no deben
desarrollar su capacidad compitiendo con los admirables esfuerzos que están
llevando a cabo muchas organizaciones regionales, sino en cooperación con
ellas. Por ejemplo, la decisión de la Unión Europea de crear batallones en
estado de alerta, y la de la Unión Africana de crear su propia capacidad de
reserva, son un complemento muy útil de nuestras iniciativas. Creo
ciertamente que ha llegado el momento de dar un paso adelante decisivo: el
establecimiento de un sistema interrelacionado de medios de mantenimiento de
la paz que permita a las Naciones Unidas colaborar con las organizaciones
regionales pertinentes mediante alianzas previsibles y fiables.
113.
Como el imperio de la ley es uno de los
elementos esenciales de una paz duradera, los miembros del personal de
mantenimiento y consolidación de la paz de las Naciones Unidas tienen la
solemne responsabilidad de respetar ellos mismos la ley, y en especial los
derechos de las personas a las que es su misión ayudar. En vista de las
recientes acusaciones de mala conducta por parte de administradores y
personal de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas, el sistema de
las Naciones Unidas debería reafirmar su determinación de respetar, cumplir
y aplicar el derecho internacional, los derechos humanos fundamentales y las
normas procesales básicas. Trabajaré para reforzar la capacidad interna de
las Naciones Unidas de supervisar las operaciones de mantenimiento de la paz
y recuerdo a los Estados Miembros su obligación de enjuiciar a cualesquiera
miembros de sus contingentes nacionales que cometan delitos o infracciones
en los Estados donde han sido destacados. Me preocupan especialmente los
casos en que se ha acusado a miembros del personal de mantenimiento de la
paz de las Naciones Unidas de haber explotado sexualmente a menores y otras
personas vulnerables y he aplicado la política de no tolerar en absoluto
tales delitos, que es válida para todo el personal que interviene en
operaciones de las Naciones Unidas. Exhorto decididamente a los Estados
Miembros a que hagan lo mismo con respecto a sus contingentes nacionales.
Consolidación de la paz
114.
Nuestro historial de éxitos en tareas de
mediación y aplicación de acuerdos de
paz se ve tristemente empañado
por algunos fracasos estrepitosos. De hecho, algunos de los episodios más
violentos y trágicos de los años noventa ocurrieron tras la negociación de
acuerdos de paz: por ejemplo en Angola en 1993 y en Rwanda
en 1994. Aproximadamente la mitad de los países que salen de una guerra
vuelven a caer en la violencia en un plazo de menos de cinco años. Estos dos
hechos vienen a confirmar el mensaje principal: si queremos prevenir los
conflictos, debemos asegurarnos de que los acuerdos de paz se aplican de
manera sostenida y sostenible. Pero es precisamente en este punto donde
existe la mayor laguna en el mecanismo institucional de las Naciones Unidas:
ninguna parte del sistema de las Naciones Unidas se ocupa eficazmente de
ayudar a los países en la fase de transición de la guerra a una paz
duradera. Por consiguiente, propongo a los Estados Miembros que
establezcan una Comisión de Consolidación de la Paz, de carácter
intergubernamental, así como una oficina de apoyo a la consolidación de la
paz, dentro de la Secretaría de las Naciones Unidas, para alcanzar este
objetivo.
115.
Esta Comisión de Consolidación de la Paz
podría desempeñar las funciones siguientes: inmediatamente después de
acabada una guerra, mejorar la planificación de las Naciones Unidas para
lograr una recuperación sostenida, centrándose al principio en establecer
las instituciones necesarias; ayudar a conseguir una financiación previsible
de las primeras actividades de recuperación, en parte presentando diversas
posibilidades de mecanismos de financiación basados en cuotas, voluntarios y
permanentes; mejorar la coordinación de las múltiples actividades que
desarrollan los fondos, programas y mecanismos de las Naciones Unidas
después de los conflictos; proporcionar un foro en el que las Naciones
Unidas, los principales donantes bilaterales, los países que aportan
contingentes, los agentes y organizaciones regionales pertinentes, las
instituciones financieras internacionales y el gobierno nacional o de
transición del país interesado puedan compartir información acerca de sus
respectivas estrategias de recuperación a fin de lograr una mayor
coherencia; examinar periódicamente los progresos realizados en el logro de
los objetivos de la recuperación a plazo medio; y mantener la atención
política en la fase de recuperación después de los conflictos. No creo que
ese órgano deba tener una función de alerta o de vigilancia, pero sería útil
que los Estados Miembros pudieran disponer en cualquier momento del
asesoramiento de la Comisión de Consolidación de la Paz y solicitar la
asistencia de un fondo permanente para la consolidación de la paz a fin de
crear sus propias instituciones internas para reducir los conflictos,
reforzando también las instituciones que promueven el imperio de la ley.
116.
Creo que este órgano ofrecería una combinación
óptima de eficacia y legitimidad si presentara informes al Consejo de
Seguridad y al Consejo Económico y Social sucesivamente, según la fase del
conflicto. Debería evitarse la presentación de informes simultáneos, porque
producirían repeticiones y confusión.
117.
La Comisión de Consolidación de la Paz sería
más eficaz si estuviera integrada básicamente por un subconjunto de miembros
del Consejo de Seguridad, un número similar de miembros del Consejo
Económico y Social, los principales países que aportan contingentes, y los
principales donantes a un fondo permanente para la consolidación de la paz.
En sus operaciones en los distintos países, la Comisión de Consolidación de
la Paz debería contar con la participación de las autoridades nacionales o
de transición, los agentes y organizaciones regionales pertinentes, los
países que aportasen contingentes, en caso de haberlos, y los principales
donantes al país en cuestión.
118.
Es vital la participación de las instituciones
financieras internacionales. He iniciado conversaciones con ellas para
determinar de qué manera podrían intervenir mejor, manteniendo el debido
respeto de sus mandatos y sistemas de gestión.
119.
Una vez terminadas estas conversaciones, antes
de septiembre de 2005, presentaré a los Estados Miembros una propuesta más
detallada para que la examinen.
Armas pequeñas y ligeras y minas
terrestres
120.
La acumulación y proliferación de armas
pequeñas y ligeras sigue siendo una grave amenaza para la paz, la
estabilidad y el desarrollo sostenible. Desde la aprobación en 2001 del
Programa de Acción para prevenir, combatir y eliminar el tráfico ilícito de
armas pequeñas y ligeras en todos sus aspectos15, se ha tomado
mayor conciencia del problema y ha habido diversas iniciativas para
abordarlo. Hemos de empezar a conseguir auténticos resultados, garantizando
una mejor aplicación de los embargos de armamentos, reforzando los programas
de desarme de excombatientes y negociando un instrumento internacional
jurídicamente vinculante para regular el marcado y la localización de armas
pequeñas y ligeras y otro para prevenir, combatir y erradicar la
intermediación ilícita. Insto a los Estados Miembros para que acuerden un
instrumento que regule el marcado y la localización a más tardar en
la Conferencia encargada del examen del Programa de Acción del año próximo,
y aceleren las negociaciones sobre un instrumento relativo a la
intermediación ilícita.
121.
Debemos seguir trabajando para eliminar el
flagelo de las minas terrestres, que, junto con otros explosivos remanentes
de las guerras, todavía matan y mutilan a personas inocentes en cerca de la
mitad de los países del mundo, e impiden a comunidades enteras salir de la
pobreza mediante su trabajo. La Convención sobre la prohibición del empleo,
almacenamiento, producción y transferencia de minas antipersonal y sobre su
destrucción16, suplementado por el Protocolo Enmendado II17
de la Convención sobre prohibiciones o restricciones del empleo de ciertas
armas convencionales que pueden considerarse excesivamente nocivas o de
efectos indiscriminados18, tiene ahora 144 Estados partes y ha
hecho notar sus efectos sobre el terreno. Las transferencias de minas
prácticamente han cesado, se han desminado extensas zonas y se han destruido
más de 31 millones de minas almacenadas. Sin embargo, no todos los Estados
partes en la Convención la han aplicado plenamente y existen enormes
cantidades de minas en los arsenales de los Estados que están fuera de la
Convención. Por consiguiente, insto a los Estados partes a que cumplan
íntegramente sus obligaciones y pido a los Estados que todavía no lo han
hecho que se adhieran tanto a la Convención como al Protocolo lo antes
posible.
E. Uso de la fuerza
122.
Por último, una parte esencial del consenso
que buscamos ha de ser un acuerdo sobre cuándo y cómo puede hacerse uso de
la fuerza para defender la paz y la seguridad internacionales. En los
últimos años esta cuestión ha dividido profundamente a los Estados Miembros.
Han discrepado acerca de si los Estados tienen derecho a utilizar la fuerza
militar de manera anticipatoria, para defenderse de amenazas inminentes; si
tienen derecho a utilizarla de manera preventiva, para defenderse de
amenazas latentes o no inminentes; y si tienen el derecho —o quizás la
obligación— de utilizarla como protección, para salvar a los ciudadanos de
otros Estados de un genocidio o de crímenes comparables.
123.
Ha de llegarse a un acuerdo sobre estas
cuestiones si las Naciones Unidas deben ser, como estaba previsto, un foro
para resolver diferencias y no un mero escenario para representarlas. Y sin
embargo, creo que la Carta de nuestra Organización, en su forma actual,
ofrece una buena base para llegar al acuerdo que necesitamos.
124.
Las amenazas inminentes están plenamente
previstas en el Artículo 51, que salvaguarda el derecho inherente de los
Estados soberanos a defenderse de un ataque armado. Los juristas han
reconocido hace tiempo que esto abarca tanto un ataque inminente como un
ataque ya ocurrido.
125.
Cuando las amenazas no son inminentes sino
latentes, la Carta concede autoridad plena al Consejo de Seguridad para
hacer uso de la fuerza militar, inclusive de manera preventiva, para
preservar la paz y la seguridad internacionales. En cuanto al genocidio, la
depuración étnica y otros crímenes similares de lesa humanidad, ¿no son
también amenazas a la paz y la seguridad internacionales, contra las cuales
la humanidad debería poder buscar la protección del Consejo de Seguridad?
126.
La tarea no consiste en encontrar alternativas
al Consejo de Seguridad como fuente de autoridad, sino en lograr que
funcione mejor. Cuando estudie si ha de autorizar o ratificar el uso de la
fuerza militar, el Consejo debe tener una opinión común de cómo sopesar la
gravedad de la amenaza; cuál es el objetivo adecuado de la acción militar
propuesta; si otros medios menos graves que el uso de la fuerza podrían
conseguir probablemente detener la amenaza; si la opción militar es
proporcional a la amenaza en cuestión; y si hay una posibilidad razonable de
éxito. Intentando justificar de este modo la acción militar, el Consejo
daría una mayor transparencia a sus deliberaciones y conseguiría con toda
probabilidad que sus decisiones fuesen más respetadas, tanto por los
gobiernos como por la opinión pública mundial. Por lo tanto, recomiendo
que el Consejo de Seguridad apruebe una resolución en que exponga estos
principios y exprese su intención de regirse por ellos al decidir una
autorización o un mandato para hacer uso de la fuerza.
IV. Libertad para vivir en
dignidad
127.
En la Declaración del Milenio, los Estados
Miembros afirmaron que no escatimarían esfuerzo alguno por promover la
democracia y fortalecer el imperio del derecho y el respeto de todos los
derechos humanos y las libertades fundamentales internacionalmente
reconocidos. Reconocían así que, si bien la libertad para vivir sin miseria
y la libertad para vivir sin temor son fundamentales, no resultan
suficientes. Todos los seres humanos tienen derecho a ser tratados con
dignidad y respeto.
128.
La protección y la promoción de los valores
universales del Estado de derecho, los derechos humanos y la democracia
constituyen fines por sí mismas. También son imprescindibles para lograr un
mundo de justicia, oportunidad y estabilidad. No habrá plan de seguridad ni
campaña en pro del desarrollo que consiga sus objetivos si no reposa en el
sólido fundamento del respeto por la dignidad humana.
129.
En lo que se refiere a las leyes promulgadas,
ninguna generación ha heredado el tesoro de que disponemos nosotros. Tenemos
la fortuna de contar con lo que constituye una carta internacional de
derechos humanos, que comprende normas admirables para proteger a los más
débiles de entre nosotros, en particular las víctimas de los conflictos y
las persecuciones. También disfrutamos de un conjunto de normas
internacionales sobre todos los temas, del comercio al derecho del mar, del
terrorismo al medio ambiente y de las armas pequeñas a las armas de
destrucción en masa. A través de una dura experiencia, la humanidad ha
ganado conciencia de la necesidad de incorporar a los acuerdos de paz
disposiciones sobre los derechos humanos y el imperio del derecho y
asegurarse de su cumplimiento. Una experiencia todavía más dura nos ha
llevado a afrontar el hecho de que nunca debe permitirse que ningún
principio jurídico —ni siquiera la soberanía— sirva de pretexto para el
genocidio, los crímenes de lesa humanidad ni el sufrimiento humano
generalizado.
130.
Sin embargo, si no se cumple lo acordado,
nuestras declaraciones parecen vacías. Si no pasamos a la acción, nuestras
promesas carecen de sentido. Los vecinos de las aldeas que se apiñan
temerosos al oír el fragor de los bombardeos aéreos del gobierno o al ver
aparecer en el horizonte a milicias asesinas no hallan consuelo en las
palabras incumplidas de los Convenios de Ginebra, por no mencionar las
solemnes promesas de “nunca más” que hizo la comunidad internacional cuando
reflexionaba sobre los horrores de Rwanda hace un decenio. Los tratados por
los que se prohíbe la tortura no sirven para consolar a los prisioneros que
sufren abusos de sus captores, especialmente si los mecanismos
internacionales de derechos humanos permiten que los responsables se
escondan detrás de sus amigos de las altas esferas. Una población harta de
guerra a la que la firma de un acuerdo de paz infunde nuevas esperanzas
regresará pronto a la desesperación cuando, en lugar de percibir un progreso
tangible hacia un gobierno respetuoso del Estado de derecho, vea cómo
caudillos militares y cabecillas de bandas delictivas toman el poder y
ocupan el lugar de las leyes. Las solemnes promesas de fortalecer la
democracia en su país que formularon todos los Estados en la Declaración del
Milenio siguen siendo palabras huecas para quienes nunca han votado a sus
dirigentes ni ven señal alguna de que estén cambiando las cosas.
131.
Para impulsar una visión en que impere un
concepto más amplio de la libertad, las Naciones Unidas y sus Estados
Miembros deben fortalecer el marco normativo que ha sido promovido de modo
tan admirable en los seis últimos decenios. Más importante aún es que
adoptemos medidas concretas para reducir la tendencia a la aplicación
selectiva de ese marco, el control arbitrario de su cumplimiento y su
quebrantamiento sin consecuencias. Con esas medidas se daría nueva vida a
los compromisos adquiridos en la Declaración del Milenio.
132.
Por consiguiente, creo que deben adoptarse
decisiones en 2005 para contribuir a fortalecer el Estado de derecho en los
planos internacional y nacional, potenciar la relevancia y la estructura de
los mecanismos de derechos humanos en las Naciones Unidas y apoyar más
directamente los esfuerzos por instituir y profundizar la democracia en las
naciones de todo el mundo. También debemos avanzar hacia la meta de asumir
la “responsabilidad de proteger” a las víctimas posibles o reales de las
atrocidades masivas y actuar en consecuencia. Ha llegado la hora de que los
gobiernos deban rendir cuentas, ante sus ciudadanos y ante los demás
gobiernos, sobre el respeto a la dignidad de la persona, que con demasiada
frecuencia se limitan a proclamar. Debemos pasar de una era de legislación a
una era de cumplimiento. Nuestros principios declarados y nuestros intereses
comunes no nos exigen menos.
A. Estado de derecho
133.
Estoy firmemente convencido de que toda nación
que proclame el Estado de derecho en su territorio debe respetarlo más allá
de sus fronteras y toda nación que insista en el Estado de derecho en el
extranjero debe respetarlo en su territorio. En efecto, en la Declaración
del Milenio se reafirmó el compromiso de todas las naciones con los
principios del Estado de derecho como marco primordial para favorecer la
seguridad y la prosperidad de la humanidad. Sin embargo, en muchos lugares
hay gobiernos y particulares que siguen quebrantando el Estado de derecho,
muchas veces sin consecuencias para ellos, pero con consecuencias nefastas
para los débiles y los vulnerables. En otros casos, algunos que no alardean
de acatar el Estado de derecho —como los grupos armados y los terroristas—
logran vulnerarlo a causa de la debilidad de nuestras instituciones de
mantenimiento de la paz y nuestros mecanismos de aplicación. El Estado de
derecho como mero concepto no es suficiente. Deben promulgarse nuevas leyes,
deben ponerse en práctica las leyes que ya existen y las instituciones deben
estar mejor equipadas para consolidar el Estado de derecho.
134.
En ninguna esfera la distancia entre la
retórica y la realidad —entre las declaraciones y los hechos— es tan marcada
y tan perniciosa como en la esfera del derecho internacional humanitario. No
puede aceptarse que, cuando la comunidad internacional se encuentre frente
al genocidio o los abusos en masa contra los derechos humanos, las Naciones
Unidas se mantengan al margen y dejen que los acontecimientos sigan su curso
hasta el final, con consecuencias desastrosas para muchos millares de
personas inocentes. A lo largo de muchos años he llamado la atención de los
Estados Miembros sobre esta cuestión. Con ocasión del décimo aniversario del
genocidio de Rwanda, presenté un plan de acción de cinco puntos para
prevenir el genocidio. En el plan se hacía hincapié en la necesidad de
actuar para prevenir los conflictos armados, adoptar medidas eficaces para
proteger a los civiles, introducir disposiciones judiciales para acabar con
la impunidad, establecer mecanismos de alerta temprana por conducto de un
Asesor Especial sobre la Prevención del Genocidio e intervenir de forma
rápida y decisiva cuando ocurra o esté a punto de ocurrir un genocidio. Sin
embargo, es necesario hacer mucho más por prevenir las atrocidades y lograr
que la comunidad internacional actúe con prontitud cuando se halle frente a
vulneraciones masivas.
135.
La Comisión Internacional sobre Intervención y
Soberanía de los Estados y, más recientemente, el Grupo de alto nivel sobre
las amenazas, los desafíos y el cambio, cuyos 16 miembros proceden de todas
las partes del mundo, aprobaron lo que denominaron “la norma que se está
imponiendo en el sentido de que existe una responsabilidad internacional
colectiva de proteger” (véase A/59/565, párr. 203). Aunque soy bien
consciente de lo delicado de la cuestión, concuerdo totalmente con ese punto
de vista. Creo que debemos asumir la responsabilidad de proteger y,
cuando sea necesario, debemos actuar en consecuencia. Esa
responsabilidad recae, primera y primordialmente, en cada uno de los
Estados, cuya principal razón de ser y obligación es proteger a su
población. En caso de que las autoridades nacionales no estén dispuestas a
proteger a sus ciudadanos o no puedan hacerlo, se traslada a la comunidad
internacional la responsabilidad de utilizar medios diplomáticos,
humanitarios y de otro tipo para contribuir a proteger los derechos humanos
y el bienestar de la población civil. Cuando esos métodos se revelen
insuficientes, el Consejo de Seguridad, movido por la necesidad, puede
decidir adoptar medidas al amparo de la Carta de las Naciones Unidas,
incluso, de ser procedente, medidas para garantizar el respeto de la
legalidad. En ese caso, como en otros, debe acatar los principios enunciados
en sección III supra.
136.
El apoyo al Estado de derecho debe verse
reforzado por la participación universal en los convenios multilaterales. En
la actualidad, muchos Estados se mantienen fuera del marco constituido por
los instrumentos multilaterales, lo que en algunos casos impide que entren
en vigor convenios importantes. Cinco años atrás, ofrecí facilidades
especiales a los Estados para que firmaran o ratificaran los tratados de los
que soy depositario. La iniciativa dio muy buen resultado, por lo que desde
entonces se han celebrado todos los años actos de promoción de los tratados.
El acto de este año estará centrado en 31 tratados multilaterales que nos
servirán para responder mejor a los desafíos mundiales, especialmente en
materia de derechos humanos, refugiados, terrorismo, delincuencia organizada
y derecho del mar. Insto a los dirigentes mundiales a que ratifiquen y
apliquen especialmente todos los tratados relativos a la protección de la
población civil.
137.
Para que todas nuestras iniciativas
encaminadas a ayudar a las sociedades a superar un pasado violento obtengan
los resultados deseados es fundamental contar con instituciones jurídicas y
judiciales eficaces en el plano nacional. Sin embargo, las Naciones Unidas,
las demás organizaciones internacionales y los gobiernos miembros siguen sin
estar en las debidas condiciones para prestar apoyo a esas instituciones.
Como indiqué en mi informe sobre el Estado de derecho y la justicia de
transición en las sociedades que sufren o han sufrido conflictos
(S/2004/616), carecemos de la necesaria capacidad de evaluación y
planificación, tanto sobre el terreno como en la Sede. Por consiguiente, la
asistencia que se presta es muchas veces improvisada, lenta e inadecuada
para los objetivos finales. Para facilitar que las Naciones Unidas alcancen
su potencial a ese respecto, tengo la intención de crear en la Oficina de
Apoyo a la Consolidación de la Paz (véase la sección V infra) una
Dependencia de Asistencia sobre el Estado de derecho, integrada en gran
parte por personal existente del sistema de las Naciones Unidas, destinada a
prestar asistencia a las iniciativas nacionales para restablecer el Estado
de derecho en sociedades que atraviesen o hayan atravesado por un conflicto.
138.
La justicia es un componente primordial del
Estado de derecho. Se ha progresado extraordinariamente con el
establecimiento de la Corte Penal Internacional, la labor continuada de los
dos tribunales especiales para la ex Yugoslavia y Rwanda y la creación de un
tribunal mixto en Sierra Leona y es de esperar que próximamente también en
Camboya. Entre otras iniciativas importantes cabe mencionar las comisiones
de expertos y de investigación tales como las establecidas para Darfur,
Timor-Leste y Côte d’Ivoire. Sin embargo, los logros conseguidos en el
derecho internacional humanitario siguen viéndose ensombrecidos por la
impunidad, cuyas trágicas consecuencias en forma de atentados flagrantes y
generalizados contra los derechos humanos han continuado hasta la
actualidad. Para aumentar las posibilidades de indemnización para las
víctimas de atrocidades y evitar nuevos horrores, exhorto a los Estados
Miembros a que cooperen plenamente con la Corte Penal Internacional y los
demás tribunales internacionales o mixtos sobre crímenes de guerra, y que
les entreguen a las personas acusadas cuando se les solicite.
139.
La Corte Internacional de Justicia ocupa un
lugar central en el sistema internacional dedicado a arbitrar las
controversias entre Estados. En los últimos años, la Corte ha visto aumentar
considerablemente su lista de causas y ha resuelto varias controversias,
pero los recursos de que dispone siguen siendo escasos. Es necesario
estudiar el modo de fortalecer la labor de la Corte. Insto a los Estados
que todavía no lo hayan hecho a que consideren la posibilidad de reconocer
la jurisdicción obligatoria de la Corte, como norma general de ser posible
o, de lo contrario, al menos en situaciones concretas. También insto a todas
las partes a que tengan presentes las facultades consultivas de la Corte y
hagan un mayor uso de ellas. También deberían adoptarse medidas, con la
cooperación de los Estados en litigio, para mejorar los métodos de trabajo
de la Corte y reducir la duración de sus procedimientos.
B. Derechos humanos
140.
Los derechos humanos son igualmente
fundamentales para los pobres que para los ricos, y su protección es tan
importante para la seguridad y prosperidad del mundo desarrollado como para
la del mundo en desarrollo. Sería un error tratar los derechos humanos como
si estuvieran contrapuestos a otros objetivos, como la seguridad y el
desarrollo. En la lucha contra los horrores de la pobreza extrema o el
terrorismo sólo damos nuestro brazo a torcer si, en nuestro esfuerzo por
acabar con esos males, negamos los mismos derechos humanos de los que esos
flagelos privan a la ciudadanía. Las estrategias basadas en la protección de
los derechos humanos son fundamentales tanto para nuestra posición moral
como para la eficacia práctica de nuestras acciones.
141.
Desde su establecimiento, las Naciones Unidas
se han comprometido a hacer lo posible por lograr un mundo de paz y justicia
fundamentado en el respeto universal por los derechos humanos, misión que se
reafirmó hace cinco años en la Declaración del Milenio. Sin embargo, el
sistema de protección de los derechos humanos en el plano internacional
todavía se encuentra sometido a considerable presión. Las Naciones Unidas
necesitan cambiar para poder mantener una dedicación de largo plazo y de
alto nivel a las cuestiones de derechos humanos en todas las vertientes de
la labor de la Organización.
142.
Algunos cambios importantes ya están en
marcha. Desde la Declaración del Milenio, los mecanismos de las Naciones
Unidas en materia de derechos humanos han ampliado su labor de protección,
asistencia técnica y apoyo para las instituciones nacionales de derechos
humanos, con el resultado de que las normas internacionales sobre derechos
humanos se cumplen actualmente con mayor rigor en muchos países. El año
pasado, puse en marcha la “Medida 2”, un programa mundial destinado a
preparar a los equipos interinstitucionales de las Naciones Unidas en los
países para colaborar con los Estados Miembros, a solicitud de éstos, para
revitalizar sus sistemas nacionales de promoción y protección de los
derechos humanos. El programa necesita urgentemente más recursos y
personal, incluida una mayor capacidad para impartir capacitación a los
equipos en los países dentro de la Oficina del Alto Comisionado de las
Naciones Unidas para los Derechos Humanos.
143.
La asistencia técnica y la consolidación de
las instituciones a largo plazo sirven de poco o de nada cuando se está
infringiendo activamente el principio básico de la protección. Una mayor
presencia de los derechos humanos sobre el terreno en épocas de crisis
facilitaría que los organismos de las Naciones Unidas contaran con
información puntual y, de ser necesario, serviría para llamar la atención
con urgencia respecto de situaciones que exigieran adoptar medidas.
144.
La frecuencia cada vez mayor con que el
Consejo de Seguridad invita a la Alta Comisionada a informarlo sobre
situaciones concretas demuestra que actualmente existe una mayor conciencia
de la necesidad de tener presentes los derechos humanos en las resoluciones
sobre la paz y la seguridad. La Alta Comisionada debe desempeñar un papel
más activo en las deliberaciones del Consejo de Seguridad y en los de la
Comisión de Consolidación de la Paz cuya creación se ha propuesto, prestando
especial atención a la aplicación de las disposiciones pertinentes de las
resoluciones del Consejo de Seguridad. En realidad, los derechos humanos
deben incorporarse a la adopción y el examen de decisiones relativas a toda
la labor de la Organización. El concepto de “incorporación” de los derechos
humanos ha sido objeto de mayor atención en los últimos años, pero todavía
no se ha plasmado debidamente en decisiones importantes sobre las políticas
y los recursos.
145.
Todas estas observaciones apuntan a la
necesidad de fortalecer la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos
Humanos. Aunque el ámbito de competencia de la Alta Comisionada se haya
ampliado en las esferas de la respuesta ante las crisis, el fomento de la
capacidad nacional en materia de derechos humanos, el apoyo a los objetivos
de desarrollo del Milenio y la prevención de conflictos, su Oficina sigue
estando lamentablemente mal equipada para responder a la gran diversidad de
problemas de derechos humanos que tiene planteados la comunidad
internacional. El compromiso proclamado por los Estados Miembros respecto
de los derechos humanos debe verse reflejado en la dotación de los
correspondientes recursos que permitan fortalecer la capacidad de la Oficina
para ejercer su fundamental mandato. He pedido a la Alta Comisionada que
presente un plan de acción en los próximos 60 días.
146.
La Alta Comisionada y su Oficina deben
participar en toda la gama de actividades de las Naciones Unidas. Sin
embargo, ese objetivo sólo podrá lograrse si nuestros mecanismos de derechos
humanos cuentan con unos sólidos fundamentos intergubernamentales. Por
consiguiente, en la sección V infra formularé una propuesta para
transformar el órgano que debe ser el eje central del sistema de derechos
humanos de las Naciones Unidas: la Comisión de Derechos Humanos.
147.
Por su parte, los órganos creados en virtud de
tratados de derechos humanos también deben ser mucho más eficaces y
responder mejor a las infracciones de los derechos que tienen el mandato de
defender. El sistema de los órganos creados en virtud de tratados sigue
siendo poco conocido; su labor se ve dificultada por el hecho de que muchos
Estados presentan sus informes fuera de plazo o no los presentan, así como
por la duplicación de las exigencias de presentar informes; y es debilitado
todavía más por la deficiente aplicación de las recomendaciones. Deben
ultimarse y aplicarse directrices armonizadas sobre la presentación de
informes a todos los órganos creados en virtud de tratados a fin de que esos
órganos puedan funcionar como un sistema unificado.
C. Democracia
148.
En la Declaración Universal de Derechos
Humanos19, aprobada por la Asamblea General en 1948, se
enunciaban los rasgos esenciales de la democracia. Desde el momento de su
aprobación, la Declaración ha inspirado los trabajos de redacción de
constituciones en todos los rincones del planeta y ha contribuido
enormemente a que en el ámbito mundial terminara por aceptarse la democracia
como valor universal. El derecho a elegir cómo son gobernadas y quién debe
gobernarlas debe ser un derecho innato de todas las personas, y el
cumplimiento universal de ese derecho debe ser uno de los objetivos
principales de una Organización dedicada a la defensa de un concepto más
amplio de la libertad.
149.
En la Declaración del Milenio, todos los
Estados Miembros prometieron que aumentarían su capacidad de aplicar los
principios y las prácticas de la democracia. Ese mismo año, la Asamblea
General aprobó una resolución sobre la promoción y la consolidación de la
democracia20. Actualmente, más de un centenar de países han
firmado la Declaración de Varsovia sobre la Comunidad de Democracias (véase
A/55/328, anexo I), y en 2002 esa Comunidad aprobó el Plan de Acción de Seúl
(véase A/57/618, anexo I), en que se enunciaban los elementos fundamentales
de la democracia representativa y se establecía una serie de medidas para
promoverla. Organizaciones regionales de muchas partes del mundo han hecho
de la promoción de la democracia un componente básico de su labor, y el
surgimiento de una potente comunidad de organizaciones de la sociedad civil
de ámbito mundial y regional que promueven la gobernanza democrática también
es un hecho alentador. Todas esas iniciativas corroboran el principio de que
la democracia no pertenece a ningún país ni a ninguna región, sino que es un
derecho universal.
150.
Sin embargo, los compromisos deben ir
acompañados de una actuación consecuente: la protección de la democracia
exige una labor de vigilancia. Las amenazas a la democracia de ningún modo
han dejado de existir. Como ha podido verse una y otra vez, la transición a
la democracia es delicada y difícil y puede experimentar graves retrocesos.
Las Naciones Unidas prestan asistencia a los Estados Miembros apoyando las
democracias incipientes mediante ayuda y asesoramiento de carácter jurídico,
técnico y financiero. Por ejemplo, las Naciones Unidas han prestado apoyo
concreto para la celebración de elecciones en un número cada vez mayor de
países, con frecuencia
en momentos decisivos de su historia: sólo en el último año sumaron más de
una veintena, entre ellos el Afganistán, Palestina, el Iraq y Burundi. Del
mismo modo, la labor de la Organización para mejorar la gobernanza en todo
el mundo en desarrollo y reconstruir el Estado de derecho y las
instituciones estatales en países devastados por la guerra es fundamental
para asegurar que arraigue y persista la democracia.
151.
Aunque las Naciones Unidas hacen más que
cualquier otra organización por promover y fortalecer las instituciones y
las prácticas democráticas en todo el mundo ese hecho resulta poco conocido.
Los efectos de nuestra labor se ven disminuidos por el modo en que la
dispersamos entre las distintas partes de nuestra burocracia. Ha llegado la
hora de hacer encajar todas las piezas. Además, nuestra capacidad respecto
de varias esferas fundamentales adolece de importantes lagunas. La
Organización en su conjunto debe lograr una mejor coordinación y movilizar
recursos con más eficacia. Las Naciones Unidas no deben limitar su papel al
establecimiento de normas, sino que deben ampliar la ayuda que prestan a sus
miembros para seguir ampliando y profundizando las tendencias democráticas
en todo el mundo. Para ese fin, apoyo la creación de un fondo para la
democracia en las Naciones Unidas con objeto de prestar asistencia a los
países que intentan establecer o fortalecer su
democracia. Además, me propongo garantizar que nuestras actividades en esa
esfera estén más estrechamente coordinadas estableciendo una relación más
explícita entre la labor relativa a la gobernanza democrática que realiza el
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y la que realiza la
División de Asistencia Electoral del Departamento de Asuntos Políticos.
152.
En las secciones II a IV he expuesto los
desafíos interconectados que plantea la tarea de promover un concepto más
amplio de la libertad en este nuevo siglo. También he indicado los que
considero que son los elementos fundamentales de nuestra respuesta
colectiva, y concretamente varias esferas en que creo que las Naciones
Unidas deberían estar mejor equipadas para hacer la contribución que les
corresponde. En la sección V abordaré con más detalle las reformas concretas
que juzgo necesarias para que nuestra Organización pueda desempeñar el papel
que le incumbe en la formulación y aplicación de esa respuesta colectiva
respecto de todas la cuestiones de interés mundial.
V. Fortalecimiento de las
Naciones Unidas
153.
En el presente
informe he sostenido que los principios y propósitos de las Naciones Unidas
enunciados en la Carta siguen siendo tan válidos y pertinentes hoy como lo
eran en 1945 y que el presente momento brinda una valiosa oportunidad de
ponerlos en práctica. Sin embargo, aunque los propósitos deben ser firmes y
los principios constantes, la práctica y la organización deben progresar al
ritmo de los tiempos. Para poder representar un instrumento útil que sirva a
sus Estados Miembros y a los pueblos del mundo para responder a los desafíos
descritos en las secciones II a IV supra, las Naciones Unidas deben
adaptarse plenamente a las necesidades y las circunstancias del siglo XXI.
Deben estar abiertas no sólo a los Estados sino también a la sociedad civil,
que desempeña, en los planos nacional e internacional, un papel cada vez más
importante en los asuntos mundiales. Deben obtener su fortaleza de la
amplitud de las asociaciones que establezcan y de su capacidad de hacer
participar a sus asociados en coaliciones eficaces para impulsar el cambio
en toda la gama de cuestiones en que es necesario actuar para promover un
concepto más amplio de la libertad.
154.
Es evidente que nuestra Organización, como tal
organización, fue concebida para una época distinta. También es evidente que
no todas nuestras prácticas actuales están adaptadas a las necesidades de
hoy. Es por ello que los Jefes de Estado y de Gobierno reconocieron en la
Declaración del Milenio la necesidad de fortalecer las Naciones Unidas para
convertirlas en un instrumento más eficaz en el logro de sus prioridades.
155.
De hecho, desde que asumí el cargo de
Secretario General en 1997, una de mis principales prioridades ha sido
reformar las estructuras internas y la cultura de las Naciones Unidas para
que la Organización sea más útil a sus Estados Miembros y a los pueblos del
mundo. Es mucho lo que se ha conseguido ya. Hoy en día, la Organización
cuenta con unas estructuras más racionales, unos métodos de trabajo más
eficaces y una mejor coordinación de sus distintos programas, y ha
establecido asociaciones de colaboración con la sociedad civil y el sector
privado en muchas esferas. En las esferas económica y social, los objetivos
de desarrollo del Milenio sirven actualmente de marco normativo común para
todo el sistema de las Naciones Unidas y, en realidad, para toda la
comunidad internacional que se ocupa de labores de desarrollo. Actualmente,
las misiones de mantenimiento de la paz están mucho mejor concebidas que
antes y cuentan con una comprensión más integrada de las múltiples labores
distintas que deben llevarse a cabo para prevenir la repetición de los
enfrentamientos y sentar las bases de una paz duradera. Además, hemos
establecido asociaciones estratégicas con una amplia gama de entidades no
estatales que pueden hacer una importante contribución a la seguridad, la
prosperidad y la libertad en el mundo.
156.
Sin embargo, todavía es necesario hacer muchos
más cambios. En el presente estado de cosas, la combinación de factores como
las diferencias entre las estructuras de gestión de las numerosas partes del
sistema, la superposición de mandatos y los mandatos que responden a
prioridades anteriores redunda en perjuicio de nuestra eficacia. Es
fundamental conferir autoridad real a los directores para que puedan adaptar
plenamente las actividades del sistema a los objetivos aprobados por los
Estados Miembros, que espero que sean los expuestos en el presente informe.
También debemos esforzarnos más por profesionalizar la Secretaría y hacer
que su personal y sus directores rindan cuentas con mayor rigor sobre el
desempeño de sus funciones. Debemos lograr asimismo una mayor coherencia,
tanto entre los distintos representantes y las diferentes actividades de las
Naciones Unidas en cada país como en el sistema de las Naciones Unidas en su
conjunto, especialmente en lo que respecta a las esferas económica y social.
157.
Sin embargo,
para que sea eficaz, la reforma no puede quedar confinada a la parte
ejecutiva. Es hora de infundir nueva vida también a los órganos
intergubernamentales de las Naciones Unidas.
A. Asamblea General
158.
Como se reafirmó en la Declaración del
Milenio, recae en la Asamblea General un papel central en su calidad de
principal órgano de deliberación, adopción de políticas y representación de
las Naciones Unidas. En particular, tiene la autoridad para examinar y
aprobar el presupuesto y elige a los miembros de los demás órganos
deliberativos, incluido el Consejo de Seguridad. Por consiguiente, los
Estados Miembros tienen motivos para estar preocupados por el declive del
prestigio de la Asamblea y la mengua de su contribución a las actividades de
la Organización. Ese declive debe ser corregido, pero eso sólo podrá
lograrse si la Asamblea aumenta su eficacia.
159.
En los últimos años, el número de resoluciones
de la Asamblea General aprobadas por consenso ha ido aumentando
constantemente. Ese aumento sería una buena señal si respondiera a una
auténtica unidad de propósito entre los Estados Miembros para responder a
los desafíos mundiales. Desgraciadamente, el consenso (interpretado muchas
veces como una exigencia de unanimidad) se ha convertido
en un fin en sí mismo. Se
intenta conseguir primero dentro de cada grupo regional y luego a nivel de
pleno. Ese sistema no ha demostrado ser una forma eficaz de conciliar los
intereses de los Estados Miembros. Más bien tiene el efecto de hacer que la
Asamblea se limite a tratar generalidades, abandonando toda intención
decidida de pasar a la acción. Los debates que realmente se mantienen
tienden a centrarse en el proceso más que en la sustancia, y muchas de las
llamadas decisiones responden tan sólo al mínimo común denominador de una
amplia diversidad de opiniones.
160.
Los Estados
Miembros concuerdan, como lo han hecho durante años, en que la Asamblea debe
racionalizar sus procedimientos y estructuras para mejorar el proceso de
deliberación y hacerlo más eficaz. Se han dado muchos pequeños pasos
adelante. Ahora, una amplia serie de Estados Miembros ha introducido nuevas
propuestas para “revitalizar” la Asamblea. La Asamblea General debe
adoptar ahora medidas decididas para racionalizar su labor y agilizar el
proceso de deliberación, especialmente
simplificando su programa, su estructura de comisiones y sus procedimientos
de celebración de debates plenarios y presentación de informes, y
fortaleciendo el papel y las competencias de su Presidente.
161.
Actualmente, la Asamblea General aborda un
amplio programa relativo a una variada gama de cuestiones que muchas veces
se superponen. La Asamblea debería lograr que su programa sustantivo
estuviera más centrado procurando dirigir su atención a las principales
cuestiones sustantivas del momento, como la migración internacional y el
convenio general sobre el terrorismo que tanto tiempo lleva debatiéndose.
162.
También debería comprometerse de forma mucho
más activa con la sociedad civil, en consonancia con el hecho de que, tras
un decenio de interacción en rápido aumento, actualmente la sociedad civil
participa en la mayoría de las actividades de las Naciones Unidas. En
realidad, los objetivos de las Naciones Unidas sólo podrán alcanzarse si
cuentan con la plena participación de la sociedad civil y los gobiernos. El
Grupo de personas eminentes encargado de examinar la relación entre las
Naciones Unidas y la sociedad civil, que designé en 2003, formuló muchas
recomendaciones útiles para mejorar nuestra colaboración con la sociedad
civil, por lo que he remitido su informe (véase A/58/817 y Corr.1) a la
Asamblea General junto con mis opiniones. La Asamblea General debería
adoptar medidas en relación con esas recomendaciones y establecer mecanismos
que le permitan interactuar de forma plena y sistemática con la sociedad
civil.
163.
La Asamblea también debe revisar su estructura
de comisiones, la forma en que funcionan las comisiones, la supervisión que
hace de sus trabajos y los resultados de los mismos. La Asamblea General
necesita un mecanismo para examinar las decisiones de sus comisiones a fin
de evitar sobrecargar a la Organización con mandatos que carecen de fondos
suficientes y perpetuar el problema actual de la microgestión del
presupuesto y la asignación de puestos dentro de la Secretaría. Si la
Asamblea General no logra resolver esos problemas, no tendrá la claridad de
objetivos y la flexibilidad que necesita para prestar servicio a sus
miembros con eficacia.
164.
Debe quedar claro que nada de eso se cumplirá
a no ser que los Estados Miembros pongan un interés auténtico en la Asamblea
al más alto nivel e insistan en que sus representantes participen en sus
debates a fin de alcanzar resultados reales y positivos. Si no lo hacen así,
seguirán encontrando decepcionante el funcionamiento de la Asamblea, lo cual
no deberá sorprenderlos.
B. Los Consejos
165.
Los fundadores de las Naciones Unidas las
dotaron de tres Consejos, cada uno de los cuales tenía importantes
competencias en su propia esfera: el Consejo de Seguridad, el Consejo
Económico y Social y el Consejo de Administración Fiduciaria. Con el tiempo,
el reparto de competencias entre ellos ha ido resultando cada vez menos
equilibrado: el Consejo de Seguridad ha ido afirmando progresivamente su
autoridad y, especialmente desde el final de la guerra fría, ha disfrutado
de una mayor unidad de propósito entre sus miembros permanentes, pero ha
visto cómo esa autoridad era puesta en tela de juicio por ser anacrónica o
insuficientemente representativa; el Consejo Económico y Social ha sido
relegado demasiadas veces a los márgenes de la gobernanza mundial en las
esferas económica y social; y el Consejo de Administración Fiduciaria,
habiendo llevado a término satisfactoriamente sus funciones, se encuentra
reducido actualmente a una existencia puramente formal.
166.
Considero que
debemos restablecer el equilibrio, de modo que haya tres Consejos que se
ocupen, respectivamente, de: a) la paz y la seguridad internacionales,
b) las cuestiones
económicas y sociales, y c) los derechos humanos, cuya promoción, que ha
sido uno de los objetivos de la Organización desde sus inicios, actualmente
exige sin duda unas estructuras operacionales más eficaces. Esos Consejos
deben encargarse juntos de llevar adelante los planes que emanen
de las cumbres
y otras conferencias de los Estados Miembros, y deben ejercer de foros
mundiales en que puedan abordarse debidamente las cuestiones relativas a la
seguridad, el desarrollo y la justicia. Los dos primeros Consejos ya
existen, como es evidente, pero deben ser fortalecidos. El tercero exige una
remodelación de gran alcance y una potenciación de nuestros mecanismos
actuales en relación con los derechos humanos.
Consejo de Seguridad
167.
En virtud de su adhesión a la Carta de las
Naciones Unidas, todos los Estados Miembros reconocen que el Consejo de
Seguridad tiene la responsabilidad primordial del mantenimiento de la paz y
la seguridad internacionales y aceptan como vinculantes sus decisiones. Por
consiguiente, es de vital importancia, no sólo para la Organización sino
para el mundo, que el Consejo esté equipado para desempeñar esa
responsabilidad y que sus decisiones gocen del respeto mundial.
168.
En la Declaración del Milenio, todos los
Estados decidieron redoblar sus esfuerzos “por reformar ampliamente el
Consejo de Seguridad en todos sus aspectos” (véase la resolución 55/2 de la
Asamblea General, párr. 30). Esa decisión respondía al punto de vista,
mantenido desde hacía tiempo por la mayoría, de que era necesario modificar
la composición del Consejo para que fuera más ampliamente representativo de
la comunidad internacional en su conjunto, así como de las realidades
geopolíticas de hoy, y por consiguiente más legítimo a los ojos de la
población mundial. Sus métodos de trabajo también deben ganar eficacia y
transparencia. El Consejo no sólo debe ser más representativo, sino que
también debe tener más capacidad y disposición para adoptar medidas cuando
sea necesario. La conciliación de esos dos imperativos es la difícil prueba
que debe superar toda propuesta de reforma.
169.
Hace dos años, declaré que en mi opinión
ninguna reforma de las Naciones Unidas estaría completa sin una reforma del
Consejo de Seguridad. Sigo siendo de la misma opinión. El Consejo de
Seguridad debe ser ampliamente representativo de las realidades del poder en
el mundo actual. Por consiguiente, apoyo la postura enunciada en el informe
del Grupo de alto nivel sobre las amenazas, los desafíos y el cambio
(A/59/565) en relación con las reformas del Consejo de Seguridad, a saber:
a) En cumplimiento del
Artículo 23 de la Carta deberían dar mayor participación en el proceso de
adopción de decisiones a quienes más contribuyen a las Naciones Unidas desde
el punto de vista financiero, militar o diplomático, especialmente en cuanto
a las cuotas para el presupuesto prorrateado de las Naciones Unidas, la
participación en operaciones de paz, las aportaciones a actividades
voluntarias de las Naciones Unidas en materia de seguridad y desarrollo y
las actividades diplomáticas en apoyo de los objetivos y mandatos de las
Naciones Unidas. El
hecho de alcanzar la meta internacionalmente convenida de asignar el 0,7%
del producto nacional bruto a la asistencia oficial para el desarrollo o de
avanzar considerablemente hacia esa meta debe considerarse un criterio
importante en cuanto a la aportación;
b) El Consejo debería
incorporar en el proceso de adopción de decisiones a países que sean más
representativos de la composición general de la Organización, especialmente
del mundo en desarrollo;
c) Las reformas no deberían redundar en desmedro de la
eficacia del Consejo de Seguridad;
d) Las reformas deberían hacer del Consejo un órgano más
democrático y que rindiera mayor cuenta de su actuación.
170.
Insto a los Estados Miembros a que estudien
las dos posibilidades, modelos A y B, que se presentaron en ese informe
(véase el recuadro 5), o todas las demás propuestas viables en lo que
respecta al número de miembros y el equilibrio que se hayan formulado sobre
la base de uno u otro modelo. Los Estados Miembros deberían acordar la
adopción de una decisión sobre esta importante cuestión antes de la
celebración de la cumbre de septiembre de 2005. Sería altamente preferible
para los Estados Miembros adoptar esa vital decisión por consenso, pero de
no ser posible, ello no debería servir de excusa para postergar la adopción
de medidas.

Consejo Económico y Social
171.
La Carta de las Naciones Unidas confiere al
Consejo Económico y Social una serie de importantes funciones que comprenden
la coordinación, el examen de políticas y el diálogo sobre cuestiones
normativas. La mayor parte de esas funciones parecen más fundamentales que
nunca en esta época de globalización, en que las Naciones Unidas tienen
amplios planes de desarrollo emanados de las cumbres y conferencias
celebradas en el decenio de 1990. Más que nunca, las Naciones Unidas
necesitan la capacidad de formular y aplicar políticas en esa esfera de
forma coherente. Por lo general se considera que las funciones del Consejo
son extraordinariamente pertinentes para esas cuestiones, pero que todavía
no se les ha hecho justicia.
172.
En 1945, los encargados de elaborar la Carta
no confirieron competencias al Consejo Económico y Social para asegurar la
ejecución. Habiendo acordado en Bretton Woods el año anterior crear
poderosas instituciones financieras internacionales, y esperando que éstas
estarían complementadas por una organización mundial del comercio además de
los distintos organismos especializados, tenían la evidente intención de que
la adopción de decisiones económicas en el plano internacional estuviera
descentralizada. En virtud de esa misma intención, las posibles funciones
del Consejo como coordinador, iniciador de conferencias, foro de diálogo
sobre políticas y forjador de consensos se revelan aún más importantes. Es
el único órgano de las Naciones Unidas al que la Carta atribuye el mandato
explícito de coordinar las actividades de los organismos especializados y
mantener consultas con las organizaciones no gubernamentales. Además, tiene
una red de comisiones orgánicas y regionales que funcionan bajo su égida y
que se centran cada vez más en el cumplimiento de objetivos de desarrollo.
173.
El Consejo Económico y Social ha hecho un buen
uso de esos activos en los
últimos años, tendiendo puentes
mediante la celebración anual de una reunión especial de alto nivel con las
instituciones de las esferas comercial y financiera, por ejemplo, y tomando
la iniciativa de establecer un Grupo de Tareas sobre la tecnología de la
información y las comunicaciones. También ha contribuido a vincular
las cuestiones de seguridad y las de desarrollo estableciendo grupos
especiales por países.
174.
Esas iniciativas han contribuido a promover un
mayor grado de coherencia y coordinación entre diferentes entidades, pero
todavía subsisten visibles carencias que solventar.
175.
En primer lugar, existe una necesidad cada vez
mayor de integrar y coordinar los planes de desarrollo de las Naciones
Unidas emanados de las conferencias y cumbres mundiales y de examinar su
aplicación. Para ese fin, el Consejo Económico y Social debería celebrar
evaluaciones anuales de nivel ministerial sobre la marcha de la labor para
alcanzar los objetivos de desarrollo acordados, en particular los objetivos
de desarrollo del Milenio. Esas evaluaciones podrían basarse en exámenes
de los informes preparados por los Estados Miembros que realizarían otros
Estados Miembros con el apoyo de los organismos de las Naciones Unidas y las
comisiones regionales.
176.
En segundo lugar, existe la necesidad de
examinar las tendencias de la cooperación internacional para el desarrollo,
promover una mayor coherencia entre las actividades de desarrollo de las
diferentes entidades y fortalecer los vínculos entre la labor normativa y la
labor operacional del sistema de las Naciones Unidas. Para
paliar esa carencia, el Consejo
Económico y Social debería servir de foro de alto
nivel sobre la
cooperación para el desarrollo. El foro podría celebrarse con carácter
bienal transformando la serie de sesiones de alto nivel del Consejo.
177.
En tercer lugar, existe la necesidad de
abordar los desafíos, las amenazas y las crisis en las esferas económica y
social a medida que se presenten y en el momento en que ocurran. Para
ello, el Consejo debería celebrar reuniones oportunamente, siempre que
resulte necesario, para evaluar las amenazas al desarrollo, como las
hambrunas, las epidemias y los desastres naturales importantes, y promover
respuestas coordinadas para afrontarlas.
178.
En cuarto lugar, existe la necesidad de
vigilar y abordar sistemáticamente las dimensiones económicas y sociales de
los conflictos. El Consejo Económico y Social ha intentado atender esa
necesidad estableciendo grupos especiales de asesoramiento sobre países
determinados. Sin embargo, habida cuenta de la magnitud y la dificultad de
las labores de recuperación, reconstrucción y reconciliación a largo plazo,
los dispositivos especiales no resultan suficientes. El Consejo Económico
y Social debería institucionalizar su labor de gestión de las situaciones
posteriores a los conflictos colaborando con la propuesta Comisión de
Consolidación de la Paz. También debería reforzar sus vínculos con el
Consejo de Seguridad para promover la prevención estructural.
179.
Por último, aunque las funciones normativas y
de establecimiento de estrategias del Consejo Económico y Social son
claramente distintas de las funciones directivas y de formulación de
políticas que desempeñan los órganos rectores de las diferentes
instituciones internacionales, espero que, a medida que el Consejo empiece a
consolidar su liderazgo en la promoción de los planes de desarrollo
mundiales, adquiera la capacidad de proporcionar orientación para las
actividades de los distintos órganos intergubernamentales que intervienen en
esa esfera en todo el sistema de las Naciones Unidas.
180.
El cumplimiento de todas esas recomendaciones
exigiría que el Consejo Económico y Social funcionara con una estructura
nueva y más flexible, no necesariamente restringida por el actual calendario
anual de “series de sesiones” y “período de sesiones sustantivo”. Además, el
Consejo necesita un mecanismo intergubernamental eficaz, eficiente y
representativo para fomentar la participación de sus contrapartes en las
instituciones que se ocupan de las finanzas y el comercio. Ese objetivo
podría lograrse ampliando su Mesa o estableciendo un comité ejecutivo con
una composición regionalmente equilibrada.
Consejo de Derechos Humanos
propuesto
181.
La Comisión de Derechos Humanos ha
proporcionado a la comunidad internacional un marco universal en relación
con los derechos humanos que comprende la Declaración Universal de Derechos
Humanos, los dos Pactos Universales21 y otros tratados
fundamentales en la materia. En su período de sesiones anual, la Comisión
señala a la atención pública cuestiones y debates en relación con los
derechos humanos, sirve de foro para la elaboración de las políticas de las
Naciones Unidas en relación con los derechos humanos y establece un sistema
único de procedimientos especiales independientes y de expertos para
observar y analizar el cumplimiento de los derechos humanos por temas y por
países. La estrecha relación de la Comisión con centenares de organizaciones
de la sociedad civil brinda una oportunidad de colaboración con la sociedad
civil que no existe en otras instancias.
182.
Sin embargo, la capacidad de la Comisión para
desempeñar sus funciones se ha visto menoscabada paulatinamente por la
disminución de su credibilidad y su profesionalidad. En particular, ha
habido Estados que se han hecho partes en la Comisión no para afianzar los
derechos humanos sino para protegerse contra las críticas o para criticar a
otros. Esas tendencias han tenido como resultado la acumulación de un
déficit de credibilidad que ensombrece la reputación del sistema de las
Naciones Unidas en su conjunto.
183.
Para que las Naciones Unidas cumplan las
expectativas de los hombres y las mujeres de todo el mundo y, de hecho, para
que la Organización asuma la causa de los derechos humanos con el mismo
rigor que las causas de la seguridad y el desarrollo, los Estados Miembros
deben acordar sustituir la Comisión de Derechos Humanos por un Consejo de
Derechos Humanos permanente con una composición más reducida.
Los Estados Miembros deberían decidir si quieren que el Consejo de Derechos
Humanos sea un órgano principal de las Naciones Unidas o un organismo
subsidiario de la Asamblea General, pero en ambos casos sus miembros serían
elegidos directamente por la Asamblea General por el voto de una mayoría de
dos tercios de los miembros presentes y votantes. La creación del Consejo
situaría a los derechos humanos en una posición de mayor autoridad, acorde
con la primacía que se atribuye a los derechos humanos en la Carta de las
Naciones Unidas. Los Estados Miembros deberán determinar la composición del
Consejo y la duración del mandato de sus miembros. Las personas elegidas
para ser miembros del Consejo deberán comprometerse a acatar las normas más
rigurosas respecto de los derechos humanos.
C. La Secretaría
184.
Una Secretaría competente y eficaz es
indispensable para la labor de las Naciones Unidas. Si las necesidades de la
Organización han cambiado, también debe cambiar la Secretaría. Es por ese
motivo que en 1997 puse en marcha un conjunto de reformas estructurales para
la Secretaría que fueron seguidas en 2002 por una serie de mejoras
administrativas y técnicas, encaminadas a dotar a la Organización de un
programa de trabajo más centrado y un sistema más sencillo de planificación
y presupuestación y permitir a la Secretaría ofrecer un mejor servicio.
185.
Celebro que la Asamblea General haya prestado
un amplio apoyo a esos cambios, que considero que han mejorado nuestra
capacidad de realizar la labor que el mundo espera de nosotros. Gracias a
las modificaciones en materia de presupuestación, adquisiciones, gestión de
los recursos humanos y apoyo a las misiones de mantenimiento de la paz,
ahora trabajamos de una forma nueva y distinta. Sin embargo, esas reformas
no llegan lo suficientemente lejos. Para que las Naciones Unidas sean
verdaderamente eficaces, la Secretaría debería ser objeto de una completa
transformación.
186.
Quienes tienen la facultad de adoptar
decisiones —fundamentalmente la Asamblea General y el Consejo de Seguridad—
deben procurar que, cuando asignen mandatos a la Secretaría, también
proporcionen los recursos necesarios para las tareas encomendadas. A cambio,
debe aumentarse la responsabilidad de la dirección respecto de la rendición
de cuentas y debe reforzarse la capacidad de los órganos
intergubernamentales de supervisar su cumplimiento. Deben conferirse al
Secretario General y a su personal directivo las facultades, los medios, la
autoridad y la asistencia de expertos que necesiten para gestionar una
organización de la que se espera que atienda necesidades operacionales
rápidamente cambiantes en muchas partes diferentes del mundo. Paralelamente,
los Estados Miembros deben disponer de los instrumentos de supervisión que
necesiten para garantizar que el Secretario General rinda cuentas
verdaderamente de su estrategia y su labor directiva.
187.
Los Estados Miembros también tienen que
desempeñar la labor fundamental de asegurar que los mandatos de la
Organización se mantengan actualizados. Por consiguiente, pido a la
Asamblea General que examine todos los mandatos de más de cinco años de
antigüedad para comprobar si las actividades previstas todavía son
auténticamente necesarias y si los recursos asignados para su realización
pueden ser reasignados para responder a desafíos de nueva o incipiente
aparición.
188.
El personal de las Naciones Unidas de hoy
debe: a) estar a la altura de los nuevos desafíos sustantivos del siglo XXI;
b) disponer de facultades para gestionar operaciones complejas en el plano
mundial; y c) estar obligado a rendir cuentas.
189.
En primer lugar,
me propongo adoptar medidas para adecuar la estructura de la Secretaría a
las prioridades expuestas en el presente informe. Ello supondrá crear una
oficina de apoyo a la consolidación de la paz y fortalecer el apoyo prestado
tanto en favor de la mediación (mi función de “buenos oficios”) como en
favor de la democracia y el Estado de derecho. Además, tengo la intención de
designar a un Asesor Científico del Secretario General, que prestará
asesoramiento científico de carácter estratégico y con visión de futuro
sobre asuntos normativos movilizando conocimientos de expertos en
disciplinas científicas y tecnológicas dentro del
sistema de las Naciones Unidas y en la comunidad científica y académica
general.
190.
Para avanzar realmente en nuevos ámbitos
debemos contar con un personal que posea los conocimientos y la experiencia
necesarios para abordar nuevos desafíos. También necesitamos un esfuerzo
renovado por alcanzar “el más alto grado de eficiencia, competencia e
integridad”, como exige el Artículo 101.3 de la Carta de las Naciones
Unidas, y al mismo tiempo “contratar el personal en forma de que haya la más
amplia representación geográfica posible”, a lo que hoy debemos agregar la
exigencia de garantizar un equilibrio justo entre hombres y mujeres. Aunque
el personal existente debe disponer de oportunidades razonables de
desarrollar su carrera dentro de la Organización, no podemos seguir
recurriendo al mismo grupo de personas para atender todas nuestras nuevas
necesidades. Por consiguiente, pido a la Asamblea General que me confiera
la autoridad y los recursos necesarios para llevar a cabo una mínima serie
de retiros voluntarios, a fin de renovar el personal y adaptarlo a las
necesidades actuales.
191.
En segundo lugar, debe dotarse a la Secretaría
de facultades para realizar su labor. El Grupo de alto nivel propuso que
designara a un Vicesecretario General para mejorar el proceso de adopción de
decisiones en materia de paz y seguridad. En lugar de ese cargo, he decidido
crear un mecanismo decisorio en forma de gabinete (con mayor poder ejecutivo
que el actual Grupo Superior de Gestión) para mejorar las políticas y la
gestión. Contará con el apoyo de una pequeña secretaría de gabinete
que se ocupará de la preparación y el seguimiento de la adopción de decisiones.
De ese modo, preveo que podré garantizar un proceso de adopción de
decisiones más centrado,
ordenado y responsable. Esas medidas serán de utilidad, pero no bastarán por
sí mismas para lograr una gestión eficaz de las operaciones mundiales
de una Organización tan compleja. El Secretario General, como el más alto
funcionario administrativo de la Organización, debe disponer de un mayor
grado de autoridad y flexibilidad directivas. Debe tener la capacidad de
ajustar la plantilla cuando sea necesario y sin estar sometido a
restricciones injustificadas. Además, nuestro sistema administrativo debe
ser completamente modernizado. Por consiguiente, pido a los Estados
Miembros que colaboren conmigo para realizar un examen completo de las
normas relativas al presupuesto y a los recursos humanos que rigen nuestras
actividades.
192.
En tercer lugar, debemos seguir aumentando la
transparencia y la responsabilidad de la Secretaría. La Asamblea General ha
dado un importante paso hacia el logro de una mayor transparencia al poner
las auditorías internas a disposición de los Estados Miembros que lo
soliciten. Estoy en proceso de determinar otras categorías de información
que podrían ponerse a disposición de los interesados de forma habitual. Me
propongo establecer una Junta sobre el Desempeño de las Funciones Directivas
para asegurar que los funcionarios superiores rindan cuentas de sus actos y
de los resultados que logren sus dependencias. Hay varias mejoras internas
más que están en curso de realización. Su objeto es adaptar nuestros
sistemas de gestión y nuestras políticas de recursos humanos a las mejores
prácticas de otras organizaciones públicas y comerciales de ámbito mundial.
A fin de seguir mejorando la responsabilidad y la labor de supervisión,
he propuesto que la Asamblea General encargue la realización de un examen
exhaustivo de la Oficina de Servicios de Supervisión Interna, con miras a
fortalecer su independencia y su autoridad, así como sus conocimientos y su
capacidad. Espero que la Asamblea adopte medidas con prontitud en
relación con esta propuesta.
D. Coherencia del sistema
193.
Aparte de la Secretaría, el sistema de fondos,
programas y organismos especializados de las Naciones Unidas reúne un
extraordinario acervo de conocimientos y recursos que abarcan todo el
espectro de las cuestiones de interés mundial. Si eso es cierto para las
Naciones Unidas propiamente dichas, lo mismo puede afirmarse de las demás
partes del sistema. Todas esas entidades deben tener la clara obligación de
rendir cuentas tanto a sus órganos rectores como a las personas a las que
prestan servicio.
194.
En los últimos decenios, en respuesta a una
demanda en constante aumento, el sistema ha experimentado una positiva
expansión de su número de miembros y de la escala y el alcance de sus
actividades. Un efecto secundario indeseado de esa expansión ha sido la
considerable duplicación de mandatos y actividades entre los diferentes
órganos del sistema que ocurre con frecuencia en la actualidad. Otro efecto
han sido las graves dificultades para obtener la financiación necesaria.
195.
Para intentar paliar algunos de esos
problemas, he puesto en marcha dos conjuntos de grandes reformas durante mi
mandato como Secretario General. En primer lugar, en mi informe de 1997
titulado “Renovación de las Naciones Unidas: un programa
de reforma” (A/51/950), introduje varias medidas, entre las que cabe
mencionar la creación de comités ejecutivos destinados a fortalecer la
capacidad de liderazgo de la Secretaría y facilitar una mejor coordinación
de las labores humanitarias y de desarrollo. Posteriormente, en 2002, en un
segundo informe titulado “Fortalecimiento de las Naciones Unidas: un
programa para profundizar el cambio” (A/57/387 y
Corr.1), expuse nuevas medidas, encaminadas más directamente a mejorar
nuestra labor en el nivel de los países, especialmente fortaleciendo el
sistema de coordinadores residentes. También he conferido mayores
competencias a mis representantes especiales y he instituido un sistema de
operaciones integradas de paz.
196.
Esas iniciativas han producido importantes
beneficios, ya que han permitido a los distintos organismos colaborar más
estrechamente entre ellos y con otros asociados, como el Banco Mundial, en
el plano nacional. No obstante, el sistema de las Naciones Unidas en su
conjunto todavía no presta servicios de la forma coherente y eficaz que
necesita y merece la ciudadanía mundial.
197.
Parte del problema tiene que ver claramente
con las limitaciones estructurales que padecemos. A mediano y largo plazo
debemos considerar la posibilidad de realizar reformas mucho más radicales
para solventar esas limitaciones. Las reformas podrían entrañar el
agrupamiento de los distintos organismos, fondos y programas en entidades
rigurosamente gestionadas, que se ocuparían respectivamente del desarrollo,
el medio ambiente y las actividades humanitarias. Esa reagrupación podría
suponer la eliminación o la fusión de los fondos, programas u organismos que
tuvieran mandatos y conocimientos complementarios o parcialmente
coincidentes.
198.
Entretanto, hay medidas más inmediatas que
podemos y debemos adoptar desde ahora. En particular, me propongo introducir
nuevas mejoras en la coordinación de la presencia y el desempeño del sistema
de las Naciones Unidas en el plano nacional, sobre la base de un sencillo
principio: en cada etapa de las actividades de las Naciones Unidas, el alto
funcionario de las Naciones Unidas presente en el país de que se trate
—Representante Especial, Coordinador Residente o Coordinador de asuntos
humanitarios— debe tener las competencias y los recursos necesarios para
gestionar una misión integrada de las Naciones Unidas o una “presencia”
integrada de las Naciones Unidas en el país, de modo que las Naciones Unidas
puedan funcionar verdaderamente como una única entidad integrada.
Las Naciones Unidas en el plano
nacional
199.
En todos los países donde las Naciones Unidas
realicen actividades de desarrollo, sus organismos, fondos y programas
deberían organizar sus iniciativas técnicas para ayudar al país a formular y
aplicar las estrategias nacionales de reducción de la pobreza basadas en los
objetivos de desarrollo del Milenio que se detallan en la sección II. Aunque
la administración del sistema de coordinadores residentes debe seguir siendo
responsabilidad del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
(PNUD), que es nuestra principal institución en este ámbito, el Grupo de las
Naciones Unidas para el Desarrollo (GNUD) debería orientar a los equipos
nacionales de las Naciones Unidas, liderados por unos coordinadores
residentes que han de contar con recursos y competencias suficientes. El
Marco de Asistencia de las Naciones Unidas para el Desarrollo debería
establecer claros objetivos estratégicos y definir la asistencia específica
que cada entidad de las Naciones Unidas ha de prestar para ayudar a nuestros
asociados nacionales a conseguir los objetivos del Milenio y satisfacer sus
necesidades más generales en materia de desarrollo. Tanto los gobiernos como
la propia Organización pueden aprovechar posteriormente esta “matriz de
resultados” para supervisar y evaluar la actuación del sistema de las
Naciones Unidas a nivel nacional y pedir cuentas a sus representantes.
Fortalecimiento del sistema de
coordinadores residentes
200.
Para impulsar este proceso, seguiré
fortaleciendo la función de los coordinadores residentes, otorgándoles más
autoridad para que puedan mejorar su labor de coordinación. Pero los órganos
rectores de los distintos organismos también tienen que impartir orientación
para apoyar este proceso. Pido a los Estados Miembros que coordinen a sus
representantes en estos órganos rectores, para asegurarse de que sigan una
política coherente al asignar mandatos y recursos en todo el sistema.
También insto a los Estados Miembros a que aumenten la financiación básica y
reduzcan la proporción de fondos destinados a fines específicos para ayudar
a mejorar la coherencia del sistema. Tal como se ha dicho anteriormente,
espero que, tras su revitalización, el Consejo Económico y Social pueda
encauzar en general esta nueva coherencia.
201.
En los últimos años he observado con
satisfacción los beneficios que el sistema de las Naciones Unidas ha
obtenido al colaborar estrechamente con científicos independientes,
responsables normativos y dirigentes políticos de todo el mundo. Así ocurre
sobre todo en el ámbito del desarrollo, donde constantemente es necesario
integrar los últimos avances de la ciencia y la tecnología en la práctica de
nuestros programas y organizaciones. En 2005 pretendo crear un consejo de
asesores en materia de desarrollo a fin de consolidar los vínculos entre la
labor de desarrollo de las Naciones Unidas y los principales expertos
mundiales en los ámbitos pertinentes. Este consejo, que trabajará en
estrecha cooperación con el Asesor Científico del Secretario General ya
mencionado, estará integrado por unas 20 personas, que deben representar a
los principales científicos, responsables normativos y líderes políticos del
mundo. El Consejo nos asesorará tanto a mí como al GNUD sobre la mejor
manera de respaldar el logro de los objetivos de desarrollo del Milenio,
publicará periódicamente informes y comentarios y servirá de enlace con la
comunidad científica, la sociedad civil y otros órganos que cuenten con la
experiencia pertinente. El Consejo Económico y Social también podrá pedirle
asesoramiento.
Sistema de respuesta humanitaria
202.
Durante los últimos meses se ha puesto
claramente de manifiesto la creciente magnitud y variedad de las exigencias
que el mundo plantea al sistema internacional de respuesta humanitaria, tal
como demostraron el tsunami del Océano Índico o las crisis de Darfur y el
este de la República Democrática del Congo. Gracias al liderazgo y a la
coordinación de las Naciones Unidas, el sistema integrado por la comunidad
humanitaria de organismos y organizaciones no gubernamentales está
desempeñando bastante bien su labor, dadas las circunstancias. En cuestión
de días se despliegan expertos trabajadores humanitarios en cualquier sitio
del mundo y se distribuyen entre las víctimas de la guerra y los desastres
naturales grandes cantidades de alimentos y otros artículos de socorro. Se
han reducido las superposiciones entre la labor de los distintos organismos
y ha aumentado la eficacia de la coordinación entre los agentes no
gubernamentales e intergubernamentales sobre el terreno.
203.
El sistema logró ofrecer asistencia de socorro
en masa a todas las comunidades afectadas por el tsunami en el Océano
Índico, pese a las circunstancias adversas, en el transcurso de unas
semanas. Pero, al mismo tiempo, la asistencia prestada a los desplazados de
Darfur dista mucho del nivel prometido y, lamentablemente, sigue sin haber
fondos suficientes para responder a graves crisis como la de la República
Democrática del Congo, donde más de 3,8 millones de personas han resultado
muertas y 2,3 millones desplazadas desde 1997. La respuesta humanitaria
tiene que ser más predecible en todas las situaciones de emergencia y para
lograrlo es preciso avanzar rápidamente en tres frentes.
204.
En primer lugar, el sistema humanitario debe
contar con una capacidad de respuesta más predecible en ciertos ámbitos que
actualmente adolecen de demasiadas deficiencias, desde el suministro de agua
y el saneamiento hasta el alojamiento y la administración de los
campamentos. Cuando ya se ha iniciado una crisis, hay que actuar con
prontitud y flexibilidad. Esto es más evidente en el caso de las situaciones
de emergencia complejas, donde las necesidades humanitarias guardan relación
con la dinámica del conflicto y las circunstancias pueden cambiar
rápidamente. En general, los equipos de las Naciones Unidas en los países,
bajo la dirección del coordinador de asuntos humanitarios, son los que están
en mejores condiciones de detectar las oportunidades y dificultades
existentes. Sin embargo, es claramente
necesario reforzar las
estructuras de coordinación sobre el terreno, en especial preparando y
dotando mejor a los equipos de las Naciones Unidas en los países,
fortaleciendo el liderazgo del coordinador de asuntos humanitarios y
asegurándose de que existan recursos suficientes y flexibles para apoyar de
inmediato a estas estructuras sobre el terreno.
205.
En segundo lugar, hay que contar con
financiación predecible para satisfacer las necesidades de las comunidades
vulnerables. Es preciso que el generoso apoyo mundial prestado durante la
crisis del tsunami sea la regla y no la excepción. Para
ello hay que aprovechar la
colaboración de la comunidad humanitaria con los donantes y lograr una
participación más sistemática de nuevos gobiernos donantes y del sector
privado. Para asegurar una respuesta coherente y oportuna a las crisis es
necesario que las promesas se traduzcan pronto en recursos tangibles y
también que se destinen fondos más predecibles y flexibles a las operaciones
humanitarias, particularmente en las etapas iniciales de emergencia.
206.
En tercer lugar, es necesario que el derecho
de acceso de nuestros trabajadores humanitarios y operaciones sobre el
terreno sea predecible y que su seguridad esté garantizada. Con demasiada
frecuencia se impide al personal humanitario prestar asistencia debido a que
las fuerzas del gobierno o los grupos armados obstaculizan su labor. En
otros casos, los terroristas atacan a nuestros trabajadores inermes y
paralizan sus operaciones de ayuda, infringiendo los principios básicos del
derecho internacional.
207.
Estoy trabajando con el Coordinador del
Socorro de Emergencia a fin de resolver estos problemas y formular
recomendaciones concretas para adoptar medidas más enérgicas. En estos
momentos se está realizando un examen exhaustivo de la respuesta
humanitaria, cuyas conclusiones se darán a conocer en junio de 2005.
Espero que dichas conclusiones incluyan una serie de propuestas para
establecer
nuevos acuerdos de personal y equipo de reserva a fin de garantizar la
capacidad de responder inmediatamente a grandes desastres y otras
situaciones de emergencia, si es preciso en varias zonas a la vez.
Estoy decidido a colaborar con los Estados Miembros y los organismos
pertinentes para que estas propuestas, una vez finalizadas, se apliquen sin
dilación.
208.
Para poder responder de inmediato a los
desastres repentinos o a las acuciantes
necesidades que quedan
insatisfechas cuando no se presta suficiente atención a una situación de
emergencia, tenemos que considerar si los instrumentos financieros de que
disponemos son adecuados. Habría que determinar si debe actualizarse el
Fondo Renovable Central para Emergencias o si es necesario establecer un
nuevo mecanismo de financiación. En este último caso convendría estudiar
seriamente la propuesta hecha por los donantes de crear un fondo de
contribuciones voluntarias por valor de 1.000 millones de dólares.
209.
Hay que prestar especial atención al creciente
problema de los desplazados. Al contrario de lo que ocurre con los
refugiados, que han atravesado una frontera internacional, las personas
desplazadas dentro de su propio país por la violencia y la guerra no cuentan
con la protección de unas normas mínimas establecidas.
210.
Sin embargo, este grupo sumamente vulnerable
está integrado en la actualidad por uno 25 millones de personas, más del
doble que el número estimado de refugiados. Insto a los Estados Miembros
a que aprueben los Principios rectores aplicables a los desplazamientos
dentro del país (E/CN.4/1998/53/Add.2), preparados por mi Representante
Especial, como norma básica internacional para proteger a esas personas, y a
que se comprometan a promover la aplicación de estos principios mediante la
legislación nacional. A diferencia de los refugiados, de quienes se
ocupa la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los
Refugiados, las personas desplazadas ven con frecuencia cómo sus necesidades
quedan insatisfechas por no corresponderse exactamente con el mandato de
ningún organismo humanitario. Recientemente se han tomado medidas para
asegurar que los organismos colaboren para prestar asistencia a estos grupos
dentro de sus respectivos ámbitos de competencia. Pero, como hemos
comprobado no hace mucho
en Darfur, es necesario
continuar la labor a este respecto. Tengo intención de seguir
fortaleciendo la respuesta interinstitucional frente a las necesidades de
los desplazados internos, bajo el liderazgo mundial del Coordinador del
Socorro de Emergencia y a nivel nacional mediante el sistema de
coordinadores de asuntos humanitarios. Espero contar con el apoyo de los
Estados Miembros en esta iniciativa.
211.
Por último, tengo la intención de pedir de
forma más sistemática a los Estados Miembros en general y al Consejo de
Seguridad en particular que se ocupen del problema que plantean los
inaceptables bloqueos del acceso humanitario con que nos encontramos
demasiado a menudo. Para evitar sufrimientos innecesarios, es
esencial proteger el espacio humanitario y asegurar el
acceso seguro y sin trabas de los agentes de asistencia humanitaria a las
poblaciones vulnerables. También tomaré medidas,
mediante el recién creado Departamento de Seguridad y Vigilancia de la
Secretaría, para que nuestro sistema de gestión de riesgos sea más robusto,
a fin de que los trabajadores humanitarios puedan llevar a cabo sus
operaciones vitales en zonas muy peligrosas sin arriesgar innecesariamente
su vida.
Gobernanza del medio ambiente
212.
El sector del medio ambiente plantea
especiales dificultades en cuanto a la coherencia, debido al número y la
complejidad de los acuerdos y organismos internacionales que se ocupan de
él. Actualmente están en vigor más de 400 tratados multilaterales sobre el
medio ambiente de alcance regional y universal, que abarcan una amplia gama
de cuestiones, como la biodiversidad, el cambio climático y la
desertificación. El carácter sectorial de estos instrumentos jurídicos, así
como la fragmentación de los mecanismos utilizados para supervisar su
aplicación, dificultan aún más la organización de respuestas eficaces en
todos los casos. Es claramente necesario racionalizar y unificar nuestros
esfuerzos por aplicar estos tratados. Ya en 2002, durante la Cumbre Mundial
sobre el Desarrollo Sostenible celebrada en Johannesburgo se subrayó la
necesidad de contar con un marco institucional más coherente relativo a la
gobernanza internacional del medio ambiente, con una mejor coordinación y
supervisión. Ha llegado el momento de considerar la posibilidad de crear
una estructura más integrada para establecer normas ambientales, entablar
debates científicos y supervisar el cumplimiento de los tratados. Para ello
deberían utilizarse las instituciones existentes, como el Programa de las
Naciones Unidas para el Medio Ambiente, así como los órganos creados en
virtud de tratados y los organismos especializados. Entretanto, las
actividades ambientales realizadas a nivel nacional saldrían beneficiadas si
se intensificaran las sinergias, tanto en los aspectos normativos como
operacionales, entre los organismos de las Naciones Unidas, aprovechando al
máximo sus ventajas comparativas a fin de lograr un enfoque integrado del
desarrollo sostenible que conceda la debida importancia a los dos aspectos
que integran este concepto.
E. Organizaciones regionales
213.
Un número considerable de organizaciones
regionales y subregionales realizan actividades de este tipo en todo el
mundo, haciendo importantes aportaciones a la estabilidad y prosperidad de
sus miembros y del sistema internacional en su conjunto. Las Naciones Unidas
y las organizaciones regionales deberían complementarse para hacer frente a
los problemas que ponen en peligro la paz y la seguridad internacionales.
En este sentido, los países donantes deberían prestar especial atención a la
necesidad de establecer un plan decenal para el fomento de la capacidad
junto con la Unión Africana. Para mejorar la coordinación entre las
Naciones Unidas y las organizaciones regionales, dentro del marco de la
Carta, tengo intención de establecer memorandos de entendimiento entre las
Naciones Unidas y cada una de esas organizaciones a fin de regular el
intercambio de información, conocimientos especializados y recursos, según
los casos. En cuanto a las organizaciones regionales que realizan
actividades de prevención de conflictos o mantenimiento de la paz, estos
memorandos de entendimiento podrían servir para integrar dichas actividades
en el marco del sistema de acuerdos de fuerzas de reserva de las Naciones
Unidas.
214.
También tengo intención de invitar a las
organizaciones regionales a participar en las reuniones de los órganos de
coordinación del sistema de las Naciones Unidas cuando se debatan cuestiones
en las que estén particularmente interesadas.
215.
Deberían
enmendarse las normas aplicables a los presupuestos de las operaciones de
mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas para que la Organización
pueda optar, en circunstancias muy excepcionales, por utilizar las cuotas
para financiar las operaciones regionales autorizadas por el Consejo de
Seguridad o la participación de las organizaciones regionales en operaciones
de paz multilaterales llevadas a cabo bajo la dirección general de las
Naciones Unidas.
F. Actualización de la Carta de las
Naciones Unidas
216.
Tal como señalé al comienzo de la sección V,
los principios de la Carta de las Naciones Unidas siguen teniendo plena
validez y la propia Carta continúa, en esencia, ofreciendo un sólido
fundamento para toda nuestra labor. Básicamente se trata del mismo documento
que se redactó en la Conferencia de San Francisco hace 60 años. Se ha
avanzado mucho efectuando modificaciones en la práctica sin necesidad de
enmendar el documento. De hecho, la Carta sólo ha sido enmendada dos veces
durante la historia de la Organización, cuando se decidió ampliar el número
de miembros del Consejo de Seguridad y del Consejo Económico y Social.
217.
Sin embargo, las Naciones Unidas operan hoy en
un mundo que es completamente distinto del que existía en 1945, y la Carta
debería reflejar las realidades de nuestros días. En concreto, ha llegado
el momento de suprimir las referencias anacrónicas a los Estados “enemigos”
contenidas en los Artículos 53 y 107.
218.
El Consejo de Administración Fiduciaria
desempeñó una función vital para mejorar la administración de los
territorios en fideicomiso y promover el proceso de descolonización en su
conjunto. No obstante, hace mucho tiempo que concluyó su labor, por lo que
debería suprimirse el Capítulo XIII de la Carta, titulado “Consejo de
Administración Fiduciaria”.
219.
Por idénticas razones, convendría eliminar
el Artículo 47, relativo al Comité de Estado Mayor, así como todas las
referencias a este Comité contenidas en los Artículos 26, 45 y 46.
VI. Conclusión: una oportunidad
y un desafío
220.
Nunca en la historia de la humanidad ha estado
el destino de cada uno de los hombres, mujeres y niños de todo el mundo tan
ligado al de sus semejantes. Los seres humanos estamos unidos tanto por
imperativos morales como por intereses objetivos. Podemos construir un mundo
basado en un concepto más amplio de la libertad, pero para ello debemos
encontrar puntos comunes y mantener nuestra acción colectiva. Esta tarea
puede llegar a parecer insuperable, y resulta fácil caer en generalizaciones
o entrar en cuestiones donde los desacuerdos y las diferencias son tan
profundos que acaban por acentuar las disensiones y hacen imposible
superarlas.
221.
No obstante, nosotros mismos debemos decidir
si este momento de incertidumbre es presagio de conflictos más
generalizados, desigualdades más profundas y una erosión del Estado de
derecho, o si, por el contrario, puede aprovecharse para renovar nuestras
instituciones comunes en pro de la paz, la prosperidad y los derechos
humanos. Ha llegado el momento de pasar a la acción. Ya no basta con
palabras y buenas intenciones: en este informe me he limitado en gran medida
a proponer ciertas decisiones que considero necesario y factible adoptar en
2005. En el anexo enumero algunos temas específicos que deberían examinar
los Jefes de Estado y de Gobierno.
222.
Para tomar una buena decisión, los dirigentes
mundiales necesitarán, como dijo el Presidente de los Estados Unidos de
América Franklin D. Roosevelt, cuyas ideas fueron tan esenciales para la
fundación de las Naciones Unidas, “atreverse a cumplir con sus
responsabilidades en un mundo que sabemos imperfecto”22. También
necesitarán la sabiduría suficiente para salvar sus diferencias. Estoy
convencido de que podrán hacerlo con un liderazgo firme y lúcido, tanto
dentro de los Estados como entre ellos. También estoy convencido de que así
deben hacerlo. Lo que pido en este informe es factible y está a nuestro
alcance. De unos inicios pragmáticos podría surgir un cambio de rumbo para
nuestro mundo con visión de futuro. Tenemos aquí una oportunidad y un
desafío.
Notas
1
Resolución 55/2 de la Asamblea General.
2
Investing in Development: A Practical Plan to Achieve the Millennium
Development Goals (publicación de las Naciones Unidas, número de venta:
05.III.B.4); véase también http://www.unmillenniumproject.org.
3 Por
una globalización justa: crear oportunidades para todos (Ginebra,
Organización Internacional del Trabajo, 2004).
4 El
impulso del empresariado: el potencial de las empresas al servicio de los
pobres (publicación de las Naciones Unidas, número de venta:
04.III.B.4).
5 Véase
Informe de la Conferencia Internacional sobre la Financiación para el
Desarrollo, Monterrey (México), 18 a 22 de marzo de 2002 (publicación de
las Naciones Unidas, número de venta: S.02.II.A.7), cap. I, resolución 1,
anexo.
6 Naciones
Unidas, Treaty Series, vol. 1522, No. 26369.
7 Naciones
Unidas, Treaty Series, vol. 1954, No. 33480.
8 Véase
Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, Convenio sobre la
Diversidad Biológica (Centro de Actividades del Programa de Derecho e
Instituciones Relacionados con el Medio Ambiente), junio de 1992.
9 Véase
Informe de la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible, Johannesburgo
(Sudáfrica), 26 de agosto a 4 de septiembre de 2002 (publicación de las
Naciones Unidas, número de venta: S.03.II.A.1), cap. I, resolución 2, anexo,
párr. 44.
10
FCCC/CP/1997/7/Add.1, decisión 1/CP.3, anexo.
11 A/AC.237/18 (Part
II)/Add.1 y Corr.1, anexo I.
12 Naciones
Unidas, Treaty Series, vol. 729, No. 10485.
13 Véase
Documentos Oficiales de la Asamblea General, cuadragésimo séptimo período de
sesiones, Suplemento No. 27 (A/47/27), apéndice I.
14 Resolución
2826 (XXVI) de la Asamblea General, anexo.
15 Véase
Informe de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Tráfico Ilícito de
Armas Pequeñas y Ligeras en Todos sus Aspectos, Nueva York, 9 a 20 de julio
de 2001 (A/CONF.192/15), cap. IV.
16 CD/1478.
17 CCW/CONF.I/16 (Part I), anexo B.
18 Véase
Anuario de las Naciones Unidas sobre Desarme, vol. 5: 1980 (publicación
de las Naciones Unidas, número de venta: S.81.IX.4), apéndice VII.
19 Resolución
217 A (III) de la Asamblea General.
20 Resolución
55/96 de la Asamblea General.
21 Resolución
2200 A (XXI) de la Asamblea General.
22 Véase el
mensaje del Presidente de los Estados Unidos de América dirigido al Congreso
el 6 de enero de 1945.
Anexo
Decisiones propuestas a los Jefes de Estado
y de Gobierno
1.
La Cumbre ofrecerá una oportunidad única para
que los dirigentes mundiales examinen una amplia gama de cuestiones y
adopten decisiones que servirán para mejorar significativamente la vida de
muchas personas en todo el planeta. Es esta una empresa de gran envergadura,
digna de ser llevada a cabo por los dirigentes del mundo reunidos en
asamblea.
2.
En el siglo XXI, todos los Estados y sus
instituciones colectivas deben promover un concepto más amplio de la
libertad, asegurando que las personas tengan libertad para vivir sin
miseria, sin temor y con dignidad. En un mundo cada vez más interconectado,
los avances en el ámbito del desarrollo, la seguridad y los derechos humanos
han de correr parejos. No puede haber desarrollo sin seguridad, ni seguridad
sin desarrollo, y ambos dependen a su vez de que se respeten de los derechos
humanos y el Estado de derecho.
3.
Ningún Estado puede ser completamente autónomo
en el mundo actual. Todos compartimos la responsabilidad del desarrollo y la
seguridad mutuos. Por ello son indispensables las estrategias colectivas,
las instituciones colectivas y la acción colectiva.
4.
Así pues, los Jefes de Estado y de Gobierno
deben ponerse de acuerdo sobre la índole de las amenazas y las oportunidades
que se nos presentan y tomar medidas decisivas al respecto.
I. Libertad para vivir sin miseria
5.
A fin de reducir la pobreza y promover la
prosperidad mundial para todos, insto a los Jefes de Estado y de Gobierno a
que:
a) Reafirmen su
compromiso de aplicar el consenso sobre el desarrollo basado en la
responsabilidad mutua y la rendición de cuentas que se alcanzó en 2002
durante la Conferencia Internacional sobre la Financiación para el
Desarrollo celebrada en Monterrey (México) y la Cumbre sobre el Desarrollo
Sostenible celebrada en Johannesburgo (Sudáfrica). De conformidad con ese
pacto histórico, centrado en los objetivos de desarrollo del Milenio:
i) Los países en desarrollo deben
comprometerse de nuevo a asumir la responsabilidad primordial de su propio
desarrollo fortaleciendo la gobernanza, luchando contra la corrupción e
instaurando políticas e inversiones que permitan un crecimiento impulsado
por el sector privado y aumenten al máximo la disponibilidad de recursos
internos para financiar las estrategias nacionales de desarrollo;
ii) Los países desarrollados han de apoyar
estas iniciativas aumentado la asistencia para el desarrollo, creando un
sistema comercial más orientado al desarrollo y aportando un alivio de la
deuda más amplio e intenso;
b)
Reconozcan las
necesidades especiales de África y reafirmen los solemnes compromisos
contraídos para satisfacer esas necesidades con carácter urgente;
c)
Decidan que, en
2006, cada país en desarrollo que padezca pobreza extrema deberá haber
aprobado y empezado a aplicar una estrategia nacional de desarrollo lo
bastante atrevida para alcanzar los objetivos de desarrollo del Milenio
fijados para 2015;
d) Traten de asegurar
que los países desarrollados que aún no lo hayan hecho establezcan plazos
para lograr el objetivo de destinar el 0,7% de su ingreso nacional bruto a
la asistencia oficial para el desarrollo no más tarde de 2015, empezando a
hacer aumentos apreciables a más tardar en 2006 y con la cifra del 0,5% como
meta para 2009;
e) Decidan que se
redefina la sostenibilidad de la deuda como el nivel de la deuda que permite
a un país lograr los objetivos de desarrollo del Milenio y llegar a 2015 sin
que aumente la relación de endeudamiento; que, en el caso de la mayoría de
los Estados incluidos en la Iniciativa en favor de los países pobres muy
endeudados, ello exigirá una financiación basada exclusivamente en
donaciones y en la cancelación del 100% de la deuda, mientras que en el caso
de numerosos países no incluidos en la Iniciativa pero fuertemente
endeudados y otros países de medianos ingresos, hará falta una reducción de
la deuda mucho mayor de la que se ha ofrecido hasta ahora; y que debería ser
posible obtener cancelaciones adicionales de la deuda sin reducir los
recursos disponibles para otros países en desarrollo y sin comprometer la
viabilidad económica de las instituciones financieras internacionales a
largo plazo;
f)
Completen la Ronda
de Doha de negociaciones comerciales multilaterales de la Organización
Mundial del Comercio a más tardar en 2006, con el pleno compromiso de lograr
que dichas negociaciones se centren en el desarrollo, y, como primer paso,
proporcionen a todas las exportaciones de los países menos adelantados;
acceso a los mercados inmediato y libre de derechos y contingentes;
g) Decidan establecer,
en 2005, un mecanismo internacional de financiación para apoyar un adelanto
inmediato de fondos de asistencia oficial para el desarrollo, basándose en
el compromiso de alcanzar el objetivo del 0,7% a más tardar en 2015, y
considerar otras fuentes de financiación innovadoras para complementar este
mecanismo a largo plazo;
h) Decidan emprender
una serie de iniciativas del tipo denominado “triunfos rápidos” para
conseguir de inmediato progresos importantes en el logro de los objetivos de
desarrollo del Milenio, mediante medidas tales como la distribución gratuita
de mosquiteros y medicamentos eficaces contra la malaria, la expansión de
los programas de almuerzos escolares con alimentos producidos localmente, y
la eliminación de las tarifas pagadas por el usuario en la educación
primaria y los servicios de salud;
i)
Se aseguren de que
la comunidad internacional proporcione urgentemente los recursos necesarios
para una respuesta más amplia y completa frente al VIH/SIDA, según lo
indicado por el ONUSIDA y sus asociados, y de que se financie plenamente el
Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria;
j) Reafirmen la
igualdad de género y la necesidad de superar los persistentes prejuicios
basados en el sexo promoviendo el aumento del número de niñas que terminan
los estudios primarios y ampliando su acceso a la enseñanza secundaria,
garantizando la seguridad en la tenencia de propiedades por parte de las
mujeres, asegurando el acceso a los servicios de salud reproductiva,
fomentando el acceso equitativo al mercado laboral, ofreciendo oportunidades
para incrementar la representación femenina en los órganos decisorios del
Gobierno, y respaldando las intervenciones directas para proteger a las
mujeres de la violencia;
k) Reconozcan la
necesidad de aumentar significativamente el apoyo internacional a la
investigación y el desarrollo científicos para satisfacer las necesidades
especiales de las poblaciones pobres en los sectores de la salud, la
agricultura, la
ordenación de los recursos naturales y el medio ambiente, la energía y el
clima;
l) Aseguren una
acción mundial concertada para mitigar el cambio climático, incluso mediante
la innovación tecnológica, y resuelvan, en consecuencia, desarrollar un
marco internacional más integrador para hacer frente al cambio climático
después de 2012, con una mayor participación de los principales emisores y
de los países desarrollados y en desarrollo, teniendo en cuenta el principio
de las responsabilidades comunes pero diferenciadas;
m) Resuelvan establecer
un sistema mundial de alerta temprana para todas las catástrofes naturales,
basado en la capacidad nacional y regional existente;
n) Decidan que, a
partir de 2005, los países en desarrollo que formulen estrategias nacionales
racionales, transparentes y responsables y que necesiten mayor asistencia
para el desarrollo reciban ayuda en la cantidad, la calidad y con la rapidez
suficientes para que puedan lograr los objetivos de desarrollo del Milenio.
II. Libertad para vivir sin temor
6.
A fin de que en el siglo XXI exista un sistema
eficaz de seguridad colectiva, insto a los Jefes de Estado y de Gobierno a
que se comprometan a actuar de forma concertada contra todos los tipos de
amenazas a la paz y la seguridad internacionales, y en particular a que:
a) Reafirmen su
compromiso de aplicar un nuevo consenso en materia de seguridad basado en el
reconocimiento de que las amenazas están interrelacionadas, de que el
desarrollo, la seguridad y los derechos humanos son interdependientes, de
que ningún Estado puede protegerse actuando únicamente a título individual y
de que todos los Estados necesitan un sistema de seguridad colectiva que sea
eficiente y eficaz; y, en consecuencia, se comprometan a acordar y aplicar
estrategias amplias para conjurar todo tipo de amenazas, desde la guerra
internacional con armas de destrucción en masa, el terrorismo, el colapso de
los Estados y los conflictos civiles, hasta las enfermedades infecciosas
letales, la pobreza extrema y la destrucción del medio ambiente;
b) Prometan cumplir
plenamente todos los artículos del Tratado sobre la no proliferación de las
armas nucleares, la Convención sobre las armas biológicas y toxínicas y la
Convención sobre las Armas Químicas para seguir reforzando el marco
multilateral de no proliferación y desarme, y en particular:
i) Resuelvan concluir lo antes posible las
negociaciones sobre un tratado por el que se prohíba la producción de
material fisionable;
ii) Reafirmen su compromiso de mantener la
moratoria de los ensayos nucleares y lograr el objetivo de que entre en
vigor el Tratado de prohibición completa de los ensayos nucleares;
iii) Resuelvan aprobar el Modelo de
Protocolo Adicional como norma para verificar el cumplimiento del Tratado
sobre la no proliferación de las armas nucleares;
iv)
Se comprometan a acordar cuanto antes
alternativas a la adquisición de instalaciones nacionales para el
enriquecimiento del uranio y la separación de plutonio que se ajusten a los
principios del Tratado sobre la no proliferación de lar armas nucleares
relativos al derecho a la utilización con fines pacíficos y las obligaciones
de no proliferación;
v) Se comprometan a seguir reforzando la
Convención sobre las armas biológicas y toxínicas;
vi)
Insten a todos los Estados poseedores de
armas químicas a que aceleren la destrucción prevista de los arsenales de
dichas armas;
c) Preparen
instrumentos internacionales jurídicamente vinculantes para regular el
marcado y la localización de las armas pequeñas y ligeras y la
intermediación ilícita en el tráfico de dichas armas; y aseguren la
supervisión y el cumplimiento efectivos de los embargos de armas impuestos
por las Naciones Unidas;
d) Afirmen que ningún
motivo o agravio, por legítimo que sea, justifica que se ataque o mate
deliberadamente a civiles y no combatientes; y declaren que toda acción cuyo
objetivo sea causar la muerte o graves daños físicos a civiles o no
combatientes, cuando dicha acción tenga, por su índole o contexto, el
propósito de intimidar a la población u obligar a un Gobierno o a una
organización internacional a hacer o no hacer algo, constituye un acto de
terrorismo;
e) Resuelvan poner en
práctica la estrategia general de lucha contra el terrorismo presentada por
el Secretario General para disuadir a las personas de que recurran al
terrorismo o lo apoyen, negar a los terroristas el acceso a los fondos y
materiales que necesitan, disuadir a los Estados de patrocinar el
terrorismo, desarrollar la capacidad estatal para derrotar al terrorismo, y
defender los derechos humanos;
f) Resuelvan
adherirse a los 12 convenios y convenciones internacionales de lucha contra
el terrorismo, y den instrucciones a sus representantes para que:
i) Finalicen urgentemente un convenio
sobre el terrorismo nuclear;
ii)
Finalicen un convenio general sobre el
terrorismo antes de que concluya el sexagésimo período de sesiones de la
Asamblea General;
g)
Se comprometan a
adherirse, lo antes posible, a todos los convenios y convenciones
internacionales pertinentes sobre la delincuencia organizada y la
corrupción, y adopten todas las medidas necesarias para aplicarlos con
eficacia, incluso incorporando las disposiciones de esos instrumentos en su
legislación nacional y reforzando sus sistemas de justicia penal;
h) Pidan al Consejo de
Seguridad que apruebe una resolución sobre el uso de la fuerza en la que
establezca principios que lo regulen y exprese su intención de regirse por
ellos al decidir una autorización o un mandato para hacer uso de la fuerza;
estos principios deben incluir la reafirmación de las disposiciones de la
Carta de las Naciones Unidas sobre el uso de la fuerza, en particular del
Artículo 51; la reafirmación de la función esencial que el Consejo de
Seguridad desempeña en la esfera de la paz y la seguridad; la reafirmación
del derecho del Consejo de Seguridad a utilizar la fuerza militar, incluso
de forma preventiva, para preservar la paz y la seguridad internacionales,
especialmente en casos de genocidio, depuración étnica y otros crímenes de
lesa humanidad; y la necesidad de considerar, al contemplar la posibilidad
de autorizar o ratificar el uso de la fuerza, la gravedad de la amenaza, el
propósito de la acción militar propuesta, las probabilidades de que otros
medios distintos del uso de la fuerza permitan conjurar la amenaza, el hecho
de si la opción militar es proporcional a la amenaza en cuestión y si hay
una posibilidad razonable de que la intervención tenga éxito;
i) Acuerden
establecer una comisión de consolidación de la paz de acuerdo con las
sugerencias formuladas en el presente informe, y acuerden crear y apoyar un
fondo permanente de contribuciones voluntarias para la consolidación de la
paz;
j) Creen reservas
estratégicas para las operaciones de mantenimiento de la paz de las Naciones
Unidas; apoyen los esfuerzos realizados por la Unión Europea, la Unión
Africana y otras entidades para establecer una capacidad de reserva, como
parte de un sistema interrelacionado de medios de mantenimiento de la paz; y
establezcan una capacidad de reserva de la policía civil;
k)
Se aseguren de que
las sanciones del Consejo de Seguridad se apliquen y hagan cumplir
efectivamente, incluso reforzando la capacidad de los Estados Miembros para
ejecutar las sanciones, estableciendo mecanismos de vigilancia bien dotados
de recursos, y asegurando la existencia de mecanismos eficaces y
transparentes para paliar las consecuencias humanitarias de las sanciones.
III. Libertad para vivir con dignidad
7.
Insto a los Jefes de Estado y de Gobierno a
que vuelvan a comprometerse a respaldar el Estado de derecho, los derechos
humanos y la democracia, principios que ocupan un lugar central en la Carta
de las Naciones Unidas y la Declaración Universal de Derechos Humanos. Para
lograr este objetivo deberían:
a) Reafirmar su
compromiso con la dignidad humana adoptando medidas para reforzar el Estado
de derecho, asegurar el respeto de los derechos humanos y las libertades
fundamentales y promover la democracia, de manera que se apliquen en todos
los países los principios universalmente reconocidos;
b) Adoptar la
“responsabilidad de proteger” como base para la acción colectiva contra el
genocidio, la depuración étnica y los crímenes de lesa humanidad, y convenir
en actuar con arreglo a esa responsabilidad, reconociendo que recae
primordialmente en cada Estado, cuyo deber es proteger a su población, pero
que, en caso de que las autoridades nacionales no estén dispuestas a
proteger a sus ciudadanos o no puedan hacerlo, se traslada a la comunidad
internacional la responsabilidad de utilizar métodos diplomáticos,
humanitarios y de otro tipo para ayudar a proteger a la población civil, y
que, si tales métodos se revelan insuficientes, el Consejo de Seguridad,
movido por la necesidad, puede decidir emprender acciones al amparo de la
Carta de las Naciones Unidas, incluso tomando medidas coercitivas en caso
necesario;
c) Apoyar las jornadas
de firma y depósito de los instrumentos de ratificación o adhesión de 31
tratados multilaterales que tendrán lugar en 2005 y alentar a los gobiernos
que aún no lo hayan hecho a ratificar y aplicar todos los tratados relativos
a la protección de civiles;
d) Comprometerse a
apoyar la democracia en sus propios países y regiones y en todo el mundo, y
resolver que ha de incrementarse la capacidad de las Naciones Unidas para
ayudar a las democracias incipientes, y con ese objetivo, acoger
positivamente la creación de un fondo para la democracia en las Naciones
Unidas, que ofrecerá financiación y asistencia técnica a los países que
estén intentando establecer o reforzar un sistema democrático;
e) Reconocer el
importante papel que desempeña la Corte Internacional de Justicia para
arbitrar las controversias entre Estados y ponerse de acuerdo en estudiar la
forma de fortalecer su labor.
IV. El imperativo de la acción colectiva:
fortalecimiento
de las Naciones Unidas
8.
A fin de lograr que las Naciones Unidas sean
un instrumento más eficaz para forjar una respuesta unificada frente a las
amenazas y las necesidades compartidas, insto a los Jefes de Estado y de
Gobierno a que:
a)Reafirmen la visión
general de los fundadores de las Naciones Unidas, que se refleja en la
Carta, de que es necesario estructurar, equipar y dotar de recursos a la
Organización para que pueda hacer frente a los problemas de toda índole
que afectan a los
pueblos del mundo en los amplios sectores de la seguridad, las cuestiones
económicas y sociales y los derechos humanos, y, con ese espíritu, se
comprometan a reformar, reestructurar y revitalizar los principales órganos
e instituciones de las Naciones Unidas, cuando sea necesario, a fin de que
puedan responder eficazmente a la evolución de las amenazas, necesidades y
circunstancias en el siglo XXI;
Asamblea General
b) Revitalicen la
Asamblea General:
i) Dando
instrucciones a sus representantes para que aprueben, en el sexagésimo
período de sesiones, un amplio conjunto de reformas destinadas a revitalizar
la Asamblea General, entre otras cosas racionalizando su labor y agilizando
el proceso de deliberación, simplificando su programa, su estructura de
comisiones y sus procedimientos de debates plenarios y presentación de
informes, y fortaleciendo el papel y la competencia de su Presidente;
ii) Resolviendo lograr que el programa
sustantivo de la Asamblea General esté más concentrado y dirija su atención
a las principales cuestiones sustantivas de momento, como la migración
internacional y el convenio general sobre el terrorismo que lleva tanto
tiempo debatiéndose;
iii) Estableciendo mecanismos que permitan a
la Asamblea interactuar de forma plena y sistemática con la sociedad civil;
Consejo de Seguridad
c)Reformen el Consejo
de Seguridad para que sea más representativo de la comunidad internacional
en su conjunto, así como de las realidades geopolíticas de nuestros días, y
amplíen su número de miembros para conseguir estos objetivos:
i) Apoyando
los principios de reforma del Consejo y estudiando las dos posibilidades,
modelos A y B, que se proponen en el presente informe, así como cualquier
otra propuesta viable en cuanto al número de miembros y el equilibrio que se
haya hecho basándose en uno u otro modelo;
ii)
Conviniendo en adoptar una decisión sobre esta importante cuestión antes de
la cumbre que se celebrará en septiembre de 2005. Sería altamente preferible
que los Estados Miembros tomaran esta vital decisión por consenso pero, de
no ser posible, ello no deberá servir de excusa para postergar la adopción
de medidas;
Consejo Económico y Social
d)Reformen el Consejo
Económico y Social:
i) Incluyendo en su mandato la realización
de evaluaciones anuales a nivel ministerial sobre los progresos realizados
para alcanzar los objetivos de desarrollo acordados, en particular los
objetivos de desarrollo del Milenio;
ii) Decidiendo que el Consejo sirva de foro
de alto nivel sobre la cooperación para el desarrollo, encargado de examinar
las tendencias de la cooperación internacional para el desarrollo, promover
una mayor coherencia entre las actividades de desarrollo de las diferentes
entidades y fortalecer los vínculos entre la labor normativa y operacional
de las Naciones Unidas;
iii)Alentándolo a celebrar reuniones
oportunamente, siempre que resulte necesario, para evaluar las amenazas al
desarrollo, como las hambrunas, las epidemias y los grandes desastres
naturales, y promover respuestas coordinadas para afrontarlas;
iv) Decidiendo
que el Consejo debe institucionalizar su labor de gestión de las situaciones
posteriores a los conflictos colaborando con la Comisión de Consolidación de
la Paz propuesta;
Consejo de Derechos Humanos
propuesto
e) Acuerden sustituir
la Comisión de Derechos Humanos por un órgano más pequeño de carácter
permanente denominado Consejo de Derechos Humanos, que sería uno de los
órganos principales de las Naciones Unidas o un órgano subsidiario de la
Asamblea General, cuyos miembros serían elegidos directamente por
la Asamblea, por mayoría de dos tercios de los miembros presentes y
votantes;
Secretaría
f) Reformen la
Secretaría:
i) Respaldando la solicitud del Secretario
General de que la Asamblea General revise todos los mandatos de más de cinco
años de antigüedad para comprobar si las actividades previstas siguen siendo
verdaderamente necesarias o si los recursos asignados para su realización
pueden redistribuirse para responder a desafíos nuevos o de incipiente
aparición;
ii)Conviniendo otorgar al Secretario General la autoridad y los recursos
necesarios para llevar a cabo una única serie de retiros voluntarios a fin
de renovar el personal y adaptarlo a las necesidades actuales;
iii) Decidiendo que los Estados Miembros
deben colaborar con el Secretario General para emprender un examen amplio de
las normas relativas al presupuesto y a los recursos humanos por las que se
rige la Organización;
iv)Respaldando el conjunto de reformas de
la gestión que está emprendiendo el Secretario General para mejorar la
rendición de cuentas, la transparencia y la eficacia dentro de la
Secretaría;
v) Encargando
un examen exhaustivo de la Oficina de Servicios de Supervisión Interna para
aumentar su independencia y autoridad, así como sus conocimientos y su
capacidad;
Coherencia en todo el sistema
g) Aseguren una mayor
coherencia en todo el sistema resolviendo coordinar a sus representantes en
los órganos rectores de los distintos organismos humanitarios y de
desarrollo para cerciorarse de que sigan una política coherente al asignar
mandatos y recursos en todo el sistema;
h)Se comprometan a proteger el espacio humanitario y
garantizar que los agentes de asistencia humanitaria tengan acceso seguro y
sin trabas a las poblaciones vulnerables; resuelvan actuar de acuerdo con
las propuestas encaminadas a agilizar la respuesta humanitaria estableciendo
nuevos arreglos de financiación para que los fondos de emergencia puedan
estar disponibles de inmediato; y apoyen los esfuerzos del Secretario
General por fortalecer la respuesta interinstitucional y nacional a las
necesidades de las personas desplazadas dentro de los países;
i)Reconozcan la necesidad de contar con una estructura
más integrada para establecer normas ambientales, entablar debates
científicos y supervisar el cumplimiento de los tratados que se base en las
instituciones existentes, como el PNUMA, así como en los órganos creados en
virtud de tratados y los organismos especializados, y que asigne las
actividades ambientales en el plano operacional a los organismos de
desarrollo para asegurar un enfoque integrado del desarrollo sostenible;
Organizaciones regionales
j) Apoyen una
relación más estrecha entre las Naciones Unidas y las organizaciones
regionales, preparando y aplicando, como primer paso, un plan decenal para
el fomento de la capacidad junto con la Unión Africana, y asegurándose de
que las organizaciones
regionales que realicen actividades de prevención de conflictos o
mantenimiento de la paz consideren la posibilidad de integrar dichas
actividades en el marco del sistema de fuerzas, servicios y equipo de
reserva de las Naciones Unidas;
Carta de las Naciones Unidas
k)Decidan suprimir las referencias a los Estados
“enemigos” que se hacen en los Artículos 53 y 107 de la Carta de las
Naciones Unidas; eliminar el Artículo 47, relativo al Comité de Estado
Mayor, y las referencias al Comité contenidas en los Artículos 26, 45 y 46;
y suprimir el Capítulo XIII, relativo al Consejo de Administración
Fiduciaria.
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